Leo que se han celebrado en España
diversas manifestaciones a favor de la vida y fuertemente críticas
con la nueva ley del aborto promovida por el gobierno de José Luis
Rodríguez y aprobada sin dar espacio a un debate. Como no estaba allí,
no tengo el “feeling” de quien vive las cosas en primera persona.
Lo que sí constato es que las manifestaciones han hecho pupa a
algunos. No tienen desperdicio estas dos piezas de El País: “Afanes
de reconquista”, un "análisis" de Juan González Bedoya, y “El movimiento
antiabortista languidece”, una crónica de María R. Sauquillo.
El primero ve en todo esto un complot del “Papa alemán”. En la segunda se dice que hubo poca gente y que los organizadores estaban divididos. Siguiendo una praxis de manual (¿cuántas veces la hemos visto?), el diario -al menos en su edición on line- ilustra la marcha con la fotografía un par de monjas y algunas personas de cierta edad... Y eso que la misma cronista afirma -en el último párrafo- que fue una marcha “en la que participaron muchos jóvenes”.
Pero a lo que voy es al tono de conquista social-años setenta con que están escritos ambos textos, y a cómo se tacha de retrógrado quien no acepte la nueva ley. Eso se dice explícitamente en el primero e implícitamente en el segundo, donde no se ofrece información sobre las razones de la marcha. En mi opinión, ese axioma, ese punto de partida indemostrable y que no se pone en discusión, está empezando a resquebrajarse. Cada vez son más las personas que ponen en tela de juicio que el aborto sean una conquista o que solucione verdaderamente algo. Y pienso sinceramente que no hace falta ningún complot del "Papa alemán” para llegar a esa conclusión. Está empezando a cambiar un paradigma y algunos prefieren no darse cuenta.

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