Para compensar mis días de silencio, aquí va una foto (discretita) que acabo de tomar del ángelus de hoy en la plaza de San Pedro, donde se reunieron miles y miles de personas –las agencias hablan de 200 mil- para mostrar al Papa su afecto, después del episodio de la Universidad "La Sapienza". Era preponderante la presencia de jóvenes.
Pero antes, un poco de background: como se sabe, el jueves 17 de enero estaba prevista la visita del Papa a la "La Sapienza" de Roma, para participar –invitado por el rector- en el acto de apertura del año académico. "La Sapienza" fue fundada por el Papa Bonifacio VIII hace 705 años. Hoy es una universidad estatal, concretamente la más grande de Europa, con 145 mil estudiantes y 4.500 profesores. La proyectada visita del Papa no gustó a un grupo de profesores (en total, 67, entre los que figuraban unos veinte jubilados y otros tantos “investigadores”, categoría inferior a la de profesor). A esas protestas se sumó un colectivo de unos ciento o ciento cincuenta estudiantes.
La prensa dedicó amplio espacio a esta polémica, si bien fue evidente lo minúsculo de su alcance numérico. El caso es que se anunciaron protestas, y como respuesta medidas de seguridad por parte de la policía, que anticipaban -en el mejor de los casos- una universidad blindada. Ante ese clima tan poco universitario, el Papa decidió suspender la visita, para evitar que su presencia fuera una excusa para incidentes. El discurso del Papa, no obstante, fue leído en el (deslucido) acto en medio de una prolongada ovación. Y, lo que son las cosas, varios periódicos lo publicaron íntegro. En vista de que el Papa no pudo ir a la Universidad, el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, alentó a los jóvenes a ir a San Pedro.
Todo este episodio se ha interpretado como lo que fue: el fruto de la intolerancia del laicismo militante. Y es que, para justificar su rechazo, esos profesores se autoerigieron en representantes de la Ciencia y tergiversaron (burdamente) un discurso que el entonces cardenal Ratzinger pronunció en 1990 sobre el caso Galileo. Todo fue una triste parodia del ’68 llevada a cabo por unos señores con tripita que repiten con entusiasmo los eslóganes de hace cuarenta años, sin darse cuenta de que ya son abuelos.