Comprendo
que el verano (en el hemisferio norte) ofrece menos posibilidades de noticias
interesantes. Y de ahí el riesgo de “inflar” algunas. Un buen ejemplo es una
del Daily Telegraph en la que se informa de que un clérigo ofrecerá la comunión
vía Twitter. No hace falta ser un lince para comprender lo absurdo de la frase
(“Church minister to tweet Holy
Communion to the faithful”). O no se sabe lo que es la comunión o lo que es
Twitter.
En efecto, si uno lee el texto descubre que, en realidad, la iniciativa del ministro metodista no tiene nada que ver con la comunión: se trata de decir una oración en voz alta cuando uno recibe el “tweet” y luego teclear “amén”… La cosa no da para más. Pero el autor intenta darle emoción y afirma en el primer párrafo que “en una moderna interpretación de rito más sagrado del cristianismo, los fieles son invitados a partir el pan y beber vino o jugo delante de sus ordenadores, mientras siguen el servicio religioso on line”.
Reconozco que me pone un poco nervioso la reverencia con que algunos hablan de las nuevas
tecnologías y de las nuevas posibilidades, como si el mundo empezara ahora. Me
parece genial usar Twitter y todo lo demás, pero agradecería que se evitara esa
“mística” que, en el fondo, tal vez muestra que no se sabe muy bien de qué se
está hablando.






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