*Laicidad y laicismo

Confusión

Confusion

Son el órgano de un partido político que ha salido vapuleado en las recientes elecciones italianas. A pesar de la alianza con otros grupos radicales, "Refundación Comunista" no ha conseguido nada (tampoco los demás). Está fuera del parlamento, y el shock lo nota también su órgano periodístico, Liberazione. Hay que comprenderlos.

El caso es que con ocasión del viaje del Papa a Estados Unidos y al discurso que pronunciará mañana en la sede de las Naciones Unidas, el diario publica (16 de abril) un artículo titulado: “ONU. La batalla de la Iglesia contra los derechos humanos”. Me esperaba un elenco de acusaciones de cómo la Iglesia (o algún eclesiástico) se ha opuesto al derecho a la vida, a la libertad religiosa, a un trabajo digno, a la educación… o de cómo se ha mostrado a favor de la tortura, etc. Sin embargo, se trata de una descripción de cómo el Vaticano se ha opuesto en la ONU y en las conferencias internacionales a los “derechos de género”.

El diario explica que -"al margen de las bonitas palabras sobre dignidad e igualdad"- el hilo conductor que caracteriza "la actividad del Vaticano en las Naciones Unidas, desde Wojtyla a Ratzinger” es el siguiente:“Limitar los derechos de la mujer, a partir del derecho a la salud, que comprende el derecho a la contracepción, al aborto legal, a la sexualidad libre. Cancelar el concepto de ‘gender’ y dificultar la teoría lésbica porque deconstruyen la naturalidad de los papeles masculino y femenino. Colocar el valor de la feminidad en el ‘corazón de la familia’".  Está claro que el partido, y su diario, defienden todo lo contrario al Vaticano.

Me parece que la situación es propicia para que el “diario comunista” haga autocrítica y piense que tal vez la defensa de tales propuestas hayan influido en su desastre electoral. Si se olvidan de los obreros y se dedican (casi) a presentar como programa electoral la teoría lésbica, no me sorprenden los resultados.

El “Laico del Año” y los cismas laicos

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No me esperaba que existiera un premio titulado “Laico del año”. Está promovido por la “Consulta torinese per la laicità nelle istituzioni” y se entrega en el aula magna de la Universidad de Turín. Aquí la expresión “laico” no se refiere a “aquel que no pertenece al clero”, que es su primera acepción (también en italiano), sino a aquel que se inspira en concepciones independientes de la autoridad eclesiástica y de la fe religiosa, por decirlo con el diccionario "Garzanti". Esto se traduce luego con frecuencia –pero no siempre- con una simple palabra: anticlerical.

Pues me entero que ha ganado el premio laico del año (creo que se trata de la primera edición) el profesor Gian Enrico Rusconi, firma habitual del diario La Stampa, en cuyos artículos demuestra que, en su caso, el sinónimo anticlerical tal vez sea bastante atinado. Me pregunto si ahora colgará el diploma de “Laico del año” en la sala de visitas de su despacho con el fin de que tal reconocimiento inspire confianza y seguridad a la gente que vaya a hablar con él, como sucede en las consultas de los dentistas.

Al margen de esa broma maliciosa, me parece encomiable el esfuerzo de algunos por dar consistencia a la “visión laica” del hombre y de la sociedad. Otra manifestación en esa misma dirección es la “Reseña de cine laico” organizada por los mismos promotores del premio (dejo de lado lo aburrido que suena la propuesta, así a secas…). Con tal activismo quizás se procure reagrupar las filas ante los repetidos “cismas laicos” que se observan en nuestro días: una situación que contrasta con la compacta seguridad que se manifestaba hace tan solo unos años en temas tan sensibles como el aborto, por poner un ejemplo.

Intelectuales distraídos

HipocA veces, las ganas de firmar un manifiesto, y de sentirse así un intelectual comprometido con alguna causa,  son mayores que el sentido crítico o la simple prudencia. Los 67 profesores (de diverso grado) de la Universidad La Sapienza de Roma que firmaron una carta contra la visita del Papa a la Universidad, usaron como argumento central de su invectiva un dato falso: el supuesto apoyo del entonces cardenal Ratzinger a las tesis de Feyerabend (“en la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo”).

Con ocasión de la no-visita del Papa a La Sapienza se escribió mucho sobre este tema. Hasta el punto de que las personas no particularmente introducidas en la polémica saben que aquella cita es falsa por incompleta: basta continuar leyendo el discurso para entender el pensamiento del cardenal. Han pasado varias semanas y da la impresión de que se han enterado todos, excepto los 1.479 firmantes de toda Italia que muestran ahora su solidaridad con aquellos 67 profesores, haciendo suyo el argumento pro Galileo...

L’Osservatore Romano (6 de febrero) publica un comentario sobre este tema y ofrece un dato interesante: esa referencia al discurso sobre Galileo está tomada de la voz “Papa Benedetto XVI” de la versión italiana de Wikipedia. Allí, en efecto, se dice que la conferencia fue en Parma, cuando en realidad fue en Roma (en la misma Sapienza... como se indica en el libro “Una svolta per l’Europa”, donde está publicada). Que los firmantes se hayan limitado a cortar y pegar, sin comprobar si la conferencia (publicada) fue o no en Parma, es un defectillo. Lo peor es que el mismo artículo de Wikipedia ofrece los elementos para entender el sentido de la frase de Ratzinger. En este caso, nuestros intelectuales prefirieron ignorarlo, recordando tal vez aquello de “no dejes que la realidad te arruine una buena invectiva”.  Más que intelectuales comprometidos, se han demostrado intelectuales... distraídos.

[Veo que la voz de Wikipedia ha sido corregida hoy mismo: ahora sitúa la conferencia en Roma]

Libertad... ¿sólo para aplaudir?

Aplauso

Por un momento –a juzgar por las reacciones del gobierno español y del diario El País- pensé que se debería tratar de un texto de fuego y azufre que rezumaba anatemas. Pero una vez leída la “Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008” he de confesar mi preocupación. La Nota de los obispos no sólo es correcta en el fondo, sino mesurada en la forma. Está muy lejos de ser ese exabrupto electoralista que algunos han descrito. Y eso lo pueden comprobar todos, pues ocupa apenas dos folios.

El diario El País se sigue presentando en sus editoriales como absoluto posesor de la verdad, hasta el punto de rayar el fanatismo. Visto desde fuera, da la impresión de que en España la Iglesia sólo está autorizada a aplaudir al gobierno, de lo contrario la descalificación es automática. Si la Nota, que no menciona obviamente ninguna sigla, pudiera entenderse como una alabanza al gobierno de J. L. Rodríguez, el diario la pondría como ejemplo de “sana contribución al diálogo democrático”.

Lo han hecho ya tantas veces que parece claro que la estrategia de los actuales dirigentes del Partido Socialista en España es la de presentarse como víctima de las agresiones de una Iglesia vinculada a la derecha franquista. Una Iglesia que quiere imponer a todos su moral y que es culpable de tantos retrasos ibéricos... Mientras tanto, quien de verdad va imponiendo sus ideas y su moral es una minoría radical que tiene un diseño muy preciso de qué tipo de sociedad quiere. Y para ello, naturalmente, la Iglesia le estorba.

Levi Moltancini y el Papa: una frase "deducida"

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La chispa que desencadenó que el Papa renunciara a visitar la Universidad La Sapienza, de Roma, el pasado 17 de enero fue una carta de protesta firmada por sesenta y siete profesores. Varios días después, cuando el incidente todavía estaba vivo, la prensa informaba de que incluso la Premio Nobel, y senadora vitalicia, Rita Levi Moltancini declaraba que también ella habría firmado esa carta en contra.

Esa declaración apareció, con más o menos variantes, en todos los medios de comunicación. El hecho de que Rita Levi Moltancini, que no es católica, sea miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias, daba a esa declaración un mayor mordiente. A la anciana científica, sin embargo, parece que no le gustó lo publicado por la prensa.

En efecto, L’Osservatore Romano publica hoy una declaración en la que Levi Moltancini niega esas presuntas declaraciones antipapales. Afirma que “después de haberles contactado, varios periodistas que han escrito los artículos han reconocido que esa frase ‘fue deducida’ de las notas de agencia sin que fuera pronunciada por mi”. Además de subrayar su admiración por el Papa, la anciana científica añade que “he estado en desacuerdo desde el principio con los comentarios que se han levantado en torno a este desagradable episodio”.

Tergiversación preventiva

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El cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, y durante casi veinte años presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, participó ayer por primera vez en un talk show en una emisora televisiva italiana, “La 7”, antigua "Telemontecarlo". Los temas fueron numerosos, pero se dedicó mucho espacio a la moratoria sobre el aborto propuesta por el diario Il Foglio, cuyo director, Giuliano Ferrara, es precisamente uno de los conductores del programa.

El cardenal Ruini afirmó que el aborto es “intrínsecamente malo: la muerte de un ser humano inocente”, y que el lenguaje con el que se habla de él debe ser “verdadero”, pero “lo más sereno posible”. En este sentido, añadió que no usa nunca “la palabra homicidio”, y nunca ha adoptado una actitud hostil en relación con quien aborta. Al mismo tempo, dijo, es preciso evitar expresiones que ocultan la realidad, del tipo “interrupción voluntaria del embarazo”. Es decir, el cardenal se mostró partidario de llamar a las cosas por su nombre, pero comprendiendo siempre a las personas, que a veces atraviesan situaciones dramáticas.

Curiosamente, las palabras del cardenal fueron calificadas de agresivas por Katia Zanotti, una parlamentaria de "Sinistra Democratica". Ruini, según Zanotti, “expresa juicios violentos e intimidatorio contra las mujeres que recurren al aborto”, según refiere también el diario Corriere della Sera. He vuelto a ver el programa por si se me pasó algo, y nada. No veo dónde está la agresividad de la que habla Zanotti, al contrario. Conclusión: son preocupantes -y muy abundantes- las personas que tergiversan el discurso del adversario. Las razones serán muy variadas, pero en todo caso es un recurso que esconde falta de argumentos.

Los pocos argumentos de Toscani

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Tal vez Oliviero Toscani, el que fuera fotógrafo de Benetton,  piense que el Papa está “contra” la publicidad y por eso él se siente llamado a defender el oficio que le da de comer. El caso es que Toscani hizo unos descompuestos comentarios a propósito del mensaje del Papa para la jornada de las comunicaciones sociales. Se ve a la legua que no ha leído el texto, ni tan siquiera por encima. Es una de esas personas que comenta sin leer, pues “ya sabe” qué es lo que está escrito.

Lo que me sorprende es la rabia con la que habla. Me pregunto si es que todavía no ha asimilado que sus (repetitivas) “provocaciones” fotográficas acabaran por cansar, y que nadie le considere el “enfant terrible” que tal vez hubiera deseado ser, sino simplemente uno más del “mainstream”... Me parece, sin embargo, que en este caso la razón de su cólera es simplemente ideológica y se entiende mejor si uno recuerda su militancia en el partido radical italiano.

Pienso que se puede discrepar del contenido de un mensaje del Papa sobre temas de comunicación, en el que se hacen observaciones y análisis sociales que tal vez puedan ser matizables. Pero lo que se espera del que discrepa es que argumente su punto de vista. Y eso es lo que falta aquí: Toscani se limita a comentarios que considera divertidos, pero son simplemente toscos (como en el fondo me cae bien, no los enlazo para hacerle un favor).

[Actualización, 6 febrero] El blog italiano Lasterpaia se hace eco de este post, que reproduce en español con el título: "La Iglesia contra Toscani"... La realidad es mucho más modesta: este blog ha criticado a Toscani por lo que considera una llamativa salida de tono. Ahí acaba todo. No sé si "la Iglesia" (así, en general) está contra Toscani. Posiblemente tenga otras prioridades...

La lección de San Pedro

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Para compensar mis días de silencio, aquí va una foto (discretita) que acabo de tomar del ángelus de hoy en la plaza de San Pedro, donde se reunieron miles y miles de personas –las agencias hablan de 200 mil- para mostrar al Papa su afecto, después del episodio de la Universidad "La Sapienza". Era preponderante la presencia de jóvenes.

Pero antes, un poco de background: como se sabe, el jueves 17 de enero estaba prevista la visita del Papa a la "La Sapienza" de Roma, para participar –invitado por el rector- en el acto de apertura del año académico. "La Sapienza" fue fundada por el Papa Bonifacio VIII hace 705 años. Hoy es una universidad estatal, concretamente la más grande de Europa, con 145 mil estudiantes y 4.500 profesores.  La proyectada visita del Papa no gustó a un grupo de profesores (en total, 67, entre los que figuraban unos veinte jubilados y otros tantos “investigadores”, categoría inferior a la de profesor). A esas protestas se sumó un colectivo de unos ciento o ciento cincuenta estudiantes.

La prensa dedicó amplio espacio a esta polémica, si bien fue evidente lo minúsculo de su alcance numérico. El caso es que se anunciaron protestas, y como respuesta medidas de seguridad por parte de la policía, que anticipaban -en el mejor de los casos- una universidad blindada. Ante ese clima tan poco universitario, el Papa decidió suspender la visita, para evitar que su presencia fuera una excusa para incidentes. El discurso del Papa, no obstante, fue leído en el (deslucido) acto en medio de una prolongada ovación. Y, lo que son las cosas, varios periódicos lo publicaron íntegro. En vista de que el Papa no pudo ir a la Universidad, el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, alentó a los jóvenes a ir a San Pedro.

Todo este episodio se ha interpretado como lo que fue: el fruto de la intolerancia del laicismo militante. Y es que, para justificar su rechazo, esos profesores se autoerigieron en representantes de la Ciencia y tergiversaron (burdamente) un discurso que el entonces cardenal Ratzinger pronunció en 1990 sobre el caso Galileo.  Todo fue una triste parodia del ’68 llevada a cabo por unos señores con tripita que repiten con entusiasmo los eslóganes de hace cuarenta años, sin darse cuenta de que ya son abuelos.

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Cebrián ha leído un libro

Logo_grupo_prisa_verticalJuan Luís Cebrián, consejero delegado del grupo "Prisa", empresa editora de El País, ha escrito hoy un largo artículo en el rotativo madrileño en el que nos informa de que ha leído un libro. En ese libro se dice que hay que poner en discusión los contenidos religiosos de todas las religiones. Nada está por encima de la discusión y la crítica.

Cebrián se refiere en el artículo a la Iglesia católica en España. Toma como pie la manifestación en defensa de la familia celebrada en Madrid, que interpreta como una agresión al gobierno socialista. Dice que la Iglesia española ha funcionado como ariete intelectual del Partido Popular, y que todavía hoy “la capacidad de influencia del lobby clerical se ha mantenido como martillo pilón”. Añade que “la presencia de Ratzinger en el solio de Roma ha consolidado las corrientes integristas y retrógradas dentro de la institución”. Cebrián apuesta en definitiva por un “laicismo radical”.

Ninguna sorpresa. El
artículo de Cebrián refleja lo que dice El País a diario. Los periódicos son personas, y El País es en buena parte Cebrián, con sus fibias y fobias. Sin embargo, al final del artículo uno sale con la impresión de que el autor sostiene, en efecto, que nada está por encima de la discusión y la crítica... pero siempre que la crítica la haga él, naturalmente. Si son otros los que critican, para Cebrián se trata de acoso, agresión o fundamentalismo. Es bueno que Cebrián haya leído un libro, pero ya me decía mi abuela que los lectores de un solo libro son peligrosos.

Alergia al debate

PecesbarbaHe seguido por la prensa y por la televisión italianas la manifestación a favor de la familia que, promovida por el arzobispado, se celebró el domingo 30 de diciembre en Madrid. Lo que me ha sorprendido no ha sido el elevado número de participantes ni el tono amable de la masiva concentración, sino  la reacción un tanto desencajada –por emplear una expresión suave- de autorizados responsables del partido socialista español, del mismo gobierno y del diario El País.

Quizás es que esté ya un poco mal acostumbrado: después de unos cuantos años en Italia, donde existe una democracia mucho más madura que la española (a pesar de algunas caricaturas baratas), me suenan muy chuscas, con poca clase humana, algunas reacciones de políticos ibéricos. Son actitudes que muestran que, en el fondo, son alérgicos al debate e incapaces de soportar una crítica, pues lo consideran como una ofensa personal. Se diría que tan sólo admiten el aplauso.

La interpretación más plausible de ese tono histérico (“estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala”) es que quedan cuatro meses para las elecciones generales y parece ser que algunos datos no son muy alentadores (inflación al máximo histórico desde 1995, aumento del número de parados), por lo que han decidido lanzar una fuerte cortina de humo. No entro en el análisis de esos datos, pues no es el tema de este blog.

Lo que sí me parece digno de nota es cómo Gregorio Peces-Barba (foto), rector de la Universidad Carlos III y mentor intelectual del partido socialista, explica el sustrato de la manifestación: “La reciente encíclica Spe Salvi, de Benedicto XVI, descalifica el mundo moderno, la ilustración y los derechos humanos. Ése es el sustrato de la manifestación convocada por los obispos para condenar avances indudables de carácter social abordados en los últimos años. Curiosamente, los obispos utilizan los derechos que ellos mismos condenan, empezando por el de manifestación, para imponer su verdad excluyente”. Peces-Barba es un grande: resulta difícil introducir tantas falacias en tan poco espacio.

Sarkozy y la laicidad madura

LaiciteLa tranquilidad de la Navidad me ha permitido leer el texto completo del discurso que el presidente francés Nicolas Sarkozy pronunció el pasado 20 de diciembre en la catedral de Roma, la basílica de San Juan de Letrán, de la que -como Jefe de Estado francés- es "canónigo de honor".  A pesar de que ya no es noticia, no quiero dejar de anotar aquí­ algo de ese discurso, que supone un giro copernicano en el modo oficial francés de entender la laïcité. (Aquí­ se puede descargar el texto completo en francés; aquí­ hay un buen resumen en español).

Aludiendo a las raíces cristianas de Francia -que se manifiestan, afirma, en su cultura, paisajes, modo de vivir, arquitectura, literatura-, Sarkozy subraya que se trata "de un hecho". Es decir, de algo evidente y comprobable. En este contexto, es difí­cil no pensar en Valéry Giscard d'Estaing y Jacques Chirac, otros dos franceses de su mismo espectro polí­tico, que hicieron todo lo posible (con éxito) para que -en nombre de la laicidad- no se mencionaran esas raí­ces cristianas en el famoso preámbulo de la carta europea. [Como se sabe, el proyecto fue rechazado por referendum precisamente en Francia.].

Si para esos dos polí­ticos franceses, y para muchos otros, laicidad equivale a negar relevancia pública a la religión, especí­ficamente al cristianismo, Sarkozy tiene otra visión. Dice que también la laicidad es un hecho en Francia, pero que no hay que entenderla como negación del pasado. "Debemos mantener juntos los dos extremos de la cadena: aceptar las raí­ces cristianas de Francia, e incluso valorizarlas, y continuar defendiendo una laicidad que ha alcanzado la madurez". Añadió que es preciso desarrollar una laicidad nueva, madura y positiva que vigila para garantizar la libertad de pensamiento, la de creer o no creer, pero que no considera la religión como un peligro, sino como un punto a favor.

Sarkosy constata que
fenómenos como la disminución del número de sacerdotes y la pérdida de religiosidad "no han hecho más felices a los franceses", sino más bien al contrario. Sostiene que en un mundo obsesionado por el bienestar material, pero al mismo tiempo cada vez más en busca de sentido y de identidad, la República francesa necesita de gentes que nutran esperanza, "de católicos convencidos, que no teman afirmar lo que son y en lo que creen".

La nueva encíclica del Papa

FirmaspesalviToda persona necesita una esperanza que les ayude a afrontar el presente. Benedicto XVI aborda en su segunda encíclica un tema clásico del cristianismo, pero no se limita a repetir, por así decir, la doctrina de siempre, sino que se confronta con las respuestas que la filosofía y la  política han dado a la necesidad humana de esperanza. El resultado es un texto culto pero comprensible, que ofrece el mejor remedio para combatir el vacío de sentido que parece caracterizar a una parte del mundo contemporáneo.

He dedicado varias horas a la encíclica “Spe Salvi” (ver aquí un resumen) y he visto que dar cuenta de la riqueza de su contenido es un poco complicado. Supongo que esa dificultad tiene que ver algo con el severo juicio que una crónica de El País dedica al documento. Contrasta dentro de un panorama periodístico abundantemente positivo. Se afirma que la encíclica es integrista porque se opone a que la fe constituya una opción privada; porque “exige” que el cristianismo vuelva a ser militante y se erija en centro de la sociedad, y porque establece que una sociedad estrictamente laica, y en especial si es atea, no es capaz de administrarse a sí misma y conduce a un callejón sin salida.

Esas ideas si
bien muy matizadas y contextualizadas, se pueden encontrar en la encíclica. Pero deducir que eso signifique integrismo me parece ya dar un paso arriesgado. En el núcleo de la encíclica está el análisis que el Papa hace de cómo la esperanza cristiana en la salvación eterna fue reemplazada en la época moderna por la fe en el progreso, concretamente en la ciencia y en la política científicamente fundada. Tras constatar el fracaso de esas utopías humanas, el Papa concluye que el hombre no puede ser redimido por una estructura externa, sino por el amor incondicionado de Dios. Reducir todo esto a integrismo me parece un poquito simplón.

Arrogancia californiana

SepchurchstatePues también los californianos tiene su dosis de arrogancia. Al menos, los editorialistas de Los Angeles Times, que dedican un editorial ("Teaching the pope") a instruir a Benedicto XVI sobre la separación entre Iglesia y Estado. Así prepara el diario californiano el viaje que el Papa realizará a Estados Unidos del 15 al 20 de abril de 2008.

El editorial dice que muchos esperan que ese viaje sea un “tour de escucha”, ocasión para que el Papa pueda aprender algo todavía –a pesar de ser un teólogo erudito- sobre la experiencia de un país pluralista, donde la fe católica ha florecido gracias a la separación entre Iglesia y Estado. Y recuerda cómo el católico John Kennedy dijo que creía en un país donde la separación entre Estado e Iglesia era absoluta, donde ningún prelado diría a un presidente cómo actuar...

En realidad, la separación entre Iglesia y Estado estaba ya inventada antes de la fundación de Estados Unidos. De ello trata un interesante documento publicado en 2003 por la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces precisamente por el cardenal Ratzinger. Si lo hubieran leído, los editorialistas sabrían distinguir entre lo que es la (recomendable y exquisitamente católica) separación entre Iglesia y Estado y lo que es la (poco recomendable) separación entre la propia conciencia y la actuación pública.

Birmania: aplausos a la injerencia religiosa en la vida pública

Birmania

Describe agudamente Ignacio Aréchaga en Aceprensa la paradoja que supone que muchos medios de información, habitualmente alérgico a la presencia de la religión en la vida pública,  estén ahora alabando la acción de los monjes budistas en Birmania (o Myannmar): “Entusiasmo laico por la  revolución de los monjes”. Se hacen eco del artículo, entre otros, Internet Política y Scriptor, añadiendo otras consideraciones en la misma línea.

Desde luego, el episodio contrasta con los comentarios que los mismos medios suelen hacer cuando la “ingerencia”  "injerencia" (sorry) tiene lugar en un país occidental. Por ejemplo, cuando un obispo habla sobre temas que también tienen que ver con los derechos humanos y la visión de la persona, que es lo que está en juego en Birmania.  La reacción típica en esos casos es la misma que ha tenido el régimen militar birmano: acusarles de inmiscuirse en la política, de provocar conflictos, de ir contra la ley del Estado e incluso de intentar imponer a todos su propia visión del mundo.

En el fondo, es lo de siempre. Las supuestas injerencias se critican cuando no gustan, cuando no coinciden con la visión del mundo de quien escribe. Es así de simple. Esa instrumentalización explica otro fenómeno curioso: la visibilidad pública que determinados regímenes y medios suelen conceder a aquellas personas –cléricos o teólogos- que sí están a favor de los propios planteamientos. Es decir, si la conferencia episcopal afirma X, busquemos a alguien, aunque sea un oscuro párroco, que diga Z, que es lo que a nosotros nos interesa.

Religión y violencia. Cuando el título niega al texto

Hitler

El título produce cierto impacto: “Las religiones, madres de todas las violencias”. Se trata de la reseña del libro “In nome di Dio”, del historiador Michael Burleigh, publicada por el Corriere della Sera.  Uno se imagina una acusación a la religión como generadora de violencias y conflictos. Sin embargo, el autor de la reseña afirma en el texto que “Burleigh no considera políticamente peligrosas las religiones en sí, sino sólo sus versiones secularizadas, traducidas en ideología”.

Burleigh lo ejemplifica –entre otras referencias del siglo XX- con  “las atrocidades consumadas en Rusia, España y México por parte de quien intentaba crear las condiciones para el nacimiento de un ‘hombre nuevo’ y la realización del paraíso en la tierra”, y usaba para ello una terminología religiosa vaciada del contenido original. Más adelante se adentra en debates de actualidad que pueden ser más o menos opinables, pero el sentido de lo que escribe (y de la reseña) es que “las madres de todas las violencias” son las ideologías, las “religiones seculares”.  [Ver la foto que acompaña el post: Hitler "iluminado" desde lo alto...].

Entonces, ¿qué sentido tiene ese titular, que no sólo es impreciso sino falso, pues niega lo que dice el artículo? Y que es lo único que ve buena parte de cuantos leen el periódico.  La religión como origen de la violencia es un estereotipo que desde hace años repiten hasta la saciedad diversos imitadores (menos brillantes) de Voltaire (la última new entry, Christopher Hitchens y su “Dios no es grande”). Gente sin duda inteligente pero a los que les cuesta distinguir entre religión y fanatismo (político, deportivo, religioso, étnico...).

El sentido común de Uto Ughi

Utoughi

La manifestación a favor de los cristianos perseguidos en Oriente Medio –de la que hablaba hace unos días- se celebró ayer en Roma. Contrariamente a lo que temía cuando fue convocada, asistieron varios miles de personas, aunque no se puede decir que fuera multitudinaria.  Lo importante es que se celebró, tuvo eco y además fue promovida por un musulmán. La idea era combatir la indiferencia. Por fortuna, no habló ningún político (hubo varios, más del centro derecha que del centro izquierda: ¿por qué?). Asistieron  personas de varias religiones: musulmanes, judíos y cristianos. Todos unidos en la defensa de la libertad religiosa.

Pero para defender la libertad religiosa no hace falta mirar solo al islam fundamentalista. Me refería un poco más abajo a los “transgresores de salón”, aquellos que pretenden “epatar” con sus obras de arte (generalmente mediocres) financiadas con ayudas públicas. No puse nombres porque no hacía falta. Leo hoy unas declaraciones de Uto Ughi, considerado uno de los mayores violinistas de nuestro tiempo, a propósito del último caso italiano, un espectáculo presentado en la Bienal de Venecia, basado en una lectura sado-masoquista de la vida de Cristo. 

Ughi, que sí es un artista, describe en una carta al Corriere della Sera (4 de julio; no disponible on line) su amargura por tal espectáculo “como cristiano, como artista y como veneciano de adopción”. Lamenta que el director de la Bienal no supiera “respetar públicamente la sensibilidad no sólo de los creyentes, sino de cualquier persona que conozca el valor de la cultura”. Y le sorprende que el alcalde de la ciudad, el filósofo Massimo Cacciari, usara la “hospitalidad de Venecia” como argumento para acoger la obra. “Me quedo de piedra, afirma Ughi. ¿Por qué tratar solo como huéspedes a los bailarines [del espectáculo] y no a los otros huéspedes que, cristianos o no creyentes,  piden que no se ofenda la decencia?. ¿Y qué hay del respeto de la memoria de los cristianos asesinados por defender el derecho de amar a Jesús, que en este espectáculo se reduce a las más bajas pulsiones humana?” 

Se agita con demasiada frecuencia la bandera de la “laicidad”, concluye Ughi, “pero qué lejos estamos de la sensibilidad del ‘laicísimo’ Voltaire, que nunca se habría permitido hacer algo que ofendiera tan profundamente el derecho al pudor, sobre el que se basan tan frecuentemente el arte y el amor”.

El extraño “scoop” de la RAI... siete meses después

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Parece que la Radiotelevisión Italiana (RAI) ha comprado a la BBC el documental “Sex crimes and the Vatican”, emitido en el espacio “Panorama” el 1 de octubre de 2006. Sobre el contenido de ese documental ya hablamos aquí dos días después de su emisión en Gran Bretaña (ver Pobre panorama en la BBC).  Llama la atención la presión que se ha creado para que la televisión pública italiana compre un programa que fue calificado incluso por el comentarista del Manifesto (”diario comunista” italiano particularmente agresivo con la Iglesia) como un producto sobre el que resulta difícil hablar de “buen periodismo”.

Michele Santoro, conductor del espacio “Annozero” y  principal promotor de la compra, ha justificado la decisión subrayando que la “verdadera finalidad de un periodista debe ser proceder con velocidad y tempestividad, y hacer conocer al público todas las informaciones que llegan a su poder”. Como declaración de principios está muy bien, pero sorprende tal agitación para adquirir un reportaje emitido hace casi siete meses y rechazado entonces por profesionales de la misma RAI, que lo consideraron poco fiable. No vale la pena volver ahora sobre el contenido del documental, ni sobre la tendencia que está mostrando la BBC en los últimos tiempos (denunciadas por sus mismos periodistas: ver Profesionales de la BBC reconocen sus prejuicios, pero ven difícil cambiar).

Al margen de cómo vaya a ser la emisión de este documental (acompañada de testimonios de "defensa", etc...), lo extravagante del caso es ver cómo algunos representantes de un sector del mundo político y cultural italiano están reaccionado contra el protagonismo público de la Iglesia en Italia. Todo parece indicar que el detonante ha sido la oposición del mundo católico al proyecto de ley sobre parejas de hecho, que cristalizó –el pasado 12 de mayo- en una multitudinaria manifestación convocada por asociaciones laicales católicas. Para algunos, la respuesta no es el debate ni la argumentación, sino usar -en lo que consideran una guerra- todo lo que pueda ser útil para el contraataque. Incluso la calumnia (“acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño”), pues el documental contiene evidentes elementos calumniosos contra Benedicto XVI (ver un artículo de Avvenire).

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[Actualización, 24 de mayo]: Scriptor.org se hace eco de este post y añade: “Es ridículo acusar a Josef Ratzinger de ser el culpable definitivo del escándalo de los ‘sex crimes’ de contados eclesiásticos católicos, precisamente cuando, por ejemplo -justo antes de ser Benedicto XVI- en la novena estación del famoso Via Crucis de 2005 (ver texto en italiano o en castellano) osó denunciar, decir alto y claro unas fuertes palabras que aún hoy escuecen y dan qué pensar:

"... ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!..."

Paradojas

Gafas

¿Por qué en Suecia, donde existen leyes para defender la fauna y la flora, donde los árboles no se pueden talar arbitrariamente, donde se castiga a quienes maltratan a los animales, y los campesinos deben criar a los cerdos respetando su bienestar... no se defiende al bebé no nacido? La pregunta se la formulaba hace unos días un artículista del Svenska Dagbladet, del que se hace eco Aceprensa.

En otro artículo aparecido en el mismo diario, el autor constata que la gente acusa a la Iglesia católica de discriminar a los homosexuales, pero se pregunta: ¿por qué no se ha propuesto que puedan casarse en una mezquita o en una sinagoga? ¿O por qué no se  subraya que la actitud del islam hacia el aborto es tan “retrógrada” como la cristiana? ¿Tal vez por miedo a que pongan una bomba en el metro de Estocolmo?

En un tercer artículo se comenta que la cadena de hoteles Hilton en Suecia ha decidio suprimir las Biblias de sus habitaciones, para no ofender a los no creyentes.  El autor advierte que se trata de una pésima propaganda: han quitado las Biblias, mientras mantienen los programas pornográficos en la red interna de televisión de los hoteles.

La lista de paradojas se podría ampliar y, desde luego, no se refiere sólo a Suecia.

Incoherencia homofóbica

Surrealismo

La noticia fue tan discreta que yo me entero ahora. El pasado septiembre se presentó ante el consejo de derechos humanos, con sede en Ginebra, un documento de condena contra Nigeria por la práctica (permitida en algunos Estados) de lapidar a muerte a los homosexuales. Cuando el caso se discutió en la sesión correspondiente de ese organismo de la ONU, el embajador nigeriano se defendió con estas palabras: “la pena de muerte por lapidación contra quien cumple actos sexuales contra natura está prevista por la sharía [ley islámica] y no debe ser equiparada a los homicidios extrajudiciales. Es más, no debería ni tan siquiera ser considerada en este informe”. Y ahí terminó el caso. Se pasó a otra cosa.

Me pregunto, con sorpresa, dónde estaban los “colectivos” varios, los eurodiputados, los artistas, sus acólitos y el resto de los que no pierden oportunidad para hablar del peligro de la “homofobia”. Su silencio fue tan llamativo que ni tan siquiera hubo noticia, a pesar de que el caso fue público. Nadie se rasgó las vestiduras ante tamaña brutalidad.

A falta de mayores informaciones, aventuro una hipótesis. Personalmente, me resistía a creerlo, pero los datos son cada vez más evidentes: la protesta y la polémica sirve solo cuando se trata de agredir, directa o indirectamente, a la Iglesia católica, presentándola como intransigente y enemiga de las libertades. Las “mociones parlamentarias” a las que nos tiene acostumbrado el Parlamento Europeo (ha “condenado” más veces al Vaticano que a Cuba y China juntas...) son bombas de humo mediático que persiguen esa finalidad.

Pero el hecho en sí es escalofriante: protestan ante las cámaras denunciando que la  Iglesia no canoniza las uniones homosexuales, pero se callan como estatuas cuando la sharia lapida a homosexuales.

Norberto Bobbio y las cuestiones "no negociables" de Benedicto XVI

Norbertobobbio

“¿Derecho natural? Qué derecho natural... yo reconozco sólo el derecho positivo, el que está reconocido por la autoridad del Estado”. La frase –o una similar- la pronunció hace unos días un presentador de televisión italiano durante un debate. De ese episodio parte Salvatore Carrubba para comentar en Il Sole 24 Ore (se requiere suscripción) que es precisamente la convicción de que existen derechos innatos inviolables –derecho natural- lo que permite luchar contra todo abuso de poder. Incluso lo que justifica la muerte del tirano.

El derecho natural siempre ha sido bien visto por la Iglesia, pero comenta Carrubba que también autores ajenos a esa visión jurídica han señalado su importancia. Reproduce concretamente una larga cita de Norberto Bobbio (clicar en “Continuar leyendo...” para verla completa), donde subraya que el presupuesto filosófico del Estado liberal -en contraposición al Estado absoluto- es precisamente esa doctrina iusnaturalista (por si hiciera falta, recuerdo que el pensador italiano era agnóstico y políticamente de izquierdas).

No es, por tanto, una cuestión simplemente académica: “reconocer sólo el derecho positivo significa de hecho entregar al Estado que legisla un arma inexorable (...). De ahí que el derecho natural volviera a estar en auge después de la guerra mundial, en reacción a los horrores del totalitarismo”. Carrubba menciona a otro jurista liberal italiano, Carlo Antoni, que denunciaba el peligro de la producción legislativa bajo la influencia de la ideología: la libertad del liberal –decía- no es la libertad del libertino, pues su premisa es la idea de esa esencia común.

Mi conclusión es que cuando Benedicto XVI habla de cuestiones “no negociables” (por ejemplo, en la exhortación apostólica "Sacramentum caritatis", n. 83), se está refiriendo precisamente a eso. Se trata de una salvaguardia contra la prepotencia de un poder que piensa que la fuente del derecho reside en su propia fuerza (coactiva o mediática). Algunos que dicen amar la libertad parece que no se han enterado.

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El dictado de los nuevos infalibles

Palpatine

La jefatura de El País, responsable de la línea editorial del diario madrileño, ofrece hoy una perla en la que muestra su espíritu prohibicionista hacia quien no piensa como ella. El editorial “Dictado papal” se refiere a la exhortación apostólica de Benedicto XVI “Sacramentum caritatis”, un  “controvertido documento” en el que “el Papa alemán llama a los príncipes [sic] de la Iglesia católica a la lucha ideológica y a recuperar el protagonismo perdido”.  Añade que “para el Papa los políticos católicos están obligados a oponerse a las leyes que no se ajusten a esta doctrina religiosa”. Según los autores, “la separación entre la conciencia privada y los asuntos públicos, propugnada por el Concilio Vaticano II, no ha dado los frutos previstos”, y de ahí el apretón de tuercas.

Se ve que los autores del editorial viven todavía en el mundo de papel, pues olvidan que ahora se puede acceder a los textos originales con un simple “clic” del ratón. Y que las tergiversaciones quedan más fácilmente al descubierto. Quien no haya leído el documento, puede verlo de primera mano aquí (consultar el n. 83). O comprobar lo que dice el concilio Vaticano II sobre la conciencia (por ejemplo: Lumen Gentium, n. 36; Gaudium et spes, n. 16, 17). O ver aquí y aquí en qué consiste la “dura sanción” impuesta al teólogo Jon Sobrino (una notificación sin sanciones).

Pero está clara cuál es la intención de los editorialistas: afirmar que las cuestiones no negociables mencionadas por el Papa (la defensa de la vida, el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad en la educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas), sólo se pueden defender como “doctrina religiosa”. Es decir, no son un patrimonio cultural.  Esto sí que es una declaración “ex catedra” que ofenderá a muchos no creyentes que consideran esos valores como una conquista de la sociedad. A este paso, los editorialistas de El País están robando la escena a la infalibilidad papal. Los Pontífices la han usado con cuenta gotas a lo largo de la historia; la jefatura de El País nos la ofrece a diario en generosas dosis. No sé por qué, pero todo esto me recuerda al emperador de "La guerra de las galaxias".

...

[Actualización, 27 de marzo] Comentando en un editorial (26 de marzo) el documento de los obispos españoles “Por una cultura de la vida”, los editorialistas de El País vuelven a la carga: “El pronunciamiento encaja con la reciente exhortación del papa Benedicto XVI a la lucha ideológica por parte de los príncipes de la Iglesia (Sacramentum Caritatis)...”. Goebbels decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. No sé si tendrán intención de llegar al millar, pero en pocos días ya la han repetido tres veces.

Política y “coherencia eucarística”

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Apenas unos minutos después de la presentación de la exhortación apostólica “Sacramentum caritatis”, ya se podían leer en las agencias de prensa comentarios sobre el documento por parte de algunos políticos italianos. Era evidente que ninguno había leído el texto (de 131 páginas), de modo que esos comentarios aparecían más bien como una nueva manifestación de un peculiar “efecto Pavlov”. En este caso, se situaron las palabras del Papa en el contexto de la polémica italiana sobre un proyecto de ley relativo a las llamadas uniones de hecho.

El motivo era la alusión que el Papa hace en este documento, dedicado a la eucaristía, a lo que denomina ”coherencia eucarística”: la fe no es sólo un hecho privado, sino que se debe expresar también a la hora de tomar decisiones. El Papa añade en este contexto que los políticos y legisladores católicos, “conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana”. (Ver la cita completa en la segunda parte de este post).   

Es dificil admitir que esas palabras supongan “una atentado a la laicidad del Estado” (como dice L’Unità).  El Papa no pide que el Estado promulgue una ley que prohiba comer carne los viernes de cuaresma... El Pais, por su parte, sintetiza en el títular que “El Papa llama a los obispos a la lucha ideológica”. Pero lo que hace Benedicto XVI es recordar a los políticos católicos su deber de no transigir ante cuestiones que afectan a la dignidad humana. Es decir, cuestiones no confesionales como la defensa de la vida o el matrimonio entre hombre y mujer... Otra cosa es que algunos partidos políticos –huérfanos de ideales- hayan asumido la negación sistemática de esos principios de civilización como programa político. Eso sí que es una batalla ideológica.

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“Estoy harto de votar cosas que me dan asco”.

Turigliato

El gobierno italiano cayó ayer en el senado porque dos de los senadores de los partidos que intergran su coalición de centro izquierda votaron contra el propio gobierno en una cuestión de política exterior (la continuidad de la misión italiana en Afganistán). No entro ahora en un análisis estrictamente político. Lo que me parece significativo son las razones con las que uno de los senadores, Franco Turigliato (en la foto), un disidente del partido “Refundación Comunista”, ha justificado su voto: “estoy harto de decir que sí a cosas que me dan asco”.

Al margen de las razones que pueda aludir, y de cuáles sean las cosas de las que está harto, pienso que se trata de una declaración relevante, que podrían suscribir muchos parlamentarios de todo el mundo. Se puede estar de acuerdo o no con Turigliato, pero al menos hay que reconocerle un esfuerzo de coherencia. (Otra cosa es si antes se había comprometido con un programa y ahora ha cambiado idea: esto no lo sé).

Me pregunto qué habría pasado si el gobierno italiano –u otro gobierno cualquiera- hubiera caido por el voto de un católico en cuestiones de bioética o de legislación sobre temas de familia. Temo que las soflamas sobre las intromisiones de la Iglesia en política o las lecciones sobre la laicidad... hubieran sido abundantes. Pero tanto en un caso como en otro, lo que está en juego es la conciencia de una persona. Y la conciencia –si todavía no ha muerto- llega un momento en el que dice “basta”.

¿Un Papa que hable más de Dios y menos de...?

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Es una constante, al menos en los países latinos,  que cuando no gusta lo que dice el Papa y los obispos a propósito de alguna decisión política que afecta a temas éticos y morales, se les acuse de injerencia. Sin embargo, cuando esas declaraciones gustan se las califica de “sabias palabras”, o algo por el estilo. Otra posibilidad es que los políticos, incluso católicos, muestren su desagrado ante las intervenciones de la jerarquía suspirando por un Papa y una Iglesia que “hablen menos de política y más de Dios”.

Todas esas modalidades se han registrado en la discusión en curso en Italia sobre el proyecto de ley que pretende regular las uniones de hecho (para saber de qué se trata, ver esto que escribí para Aceprensa). En este caso, Sandro Magister llama la atención en su blog sobre lo sorprendente que resulta pedir al Papa que hable de Dios... En realidad, observa Magister, Benedicto XVI no hace otra cosa sino hablar de Dios. Y cita como ejemplo el mensaje del Papa para la Cuaresma 2007, publicado el día anterior a las declaraciones de una ministro (“amo pensar en una Iglesia que se ocupa de las cosas de Dios”).

Magister subraya que el Papa habla con frecuencia de la vida y de la familia. Y que existe una profunda coherencia entre lo que predica sobre Dios y lo que dice de la familia y del hombre. Si se elimina el primer elemento, se hace imposible la comprensión –y la crítica fundada- del segundo. También lo hace en este mensaje de cuaresma, cuando afirma: “contemplar ‘al que traspasaron’ [a Cristo en la cruz] nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida”. 

Llámalo voyeurismo

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Espero, por lo menos, que no lo llamen “periodismo de investigación” ni "gran reportaje". La revista italiana L’Espresso publica en su último numero una “exclusiva” de siete páginas realizada por uno que se hace pasar por un penitente y va a confesarse en cinco ciudades distintas de Italia. Naturalmente, el objetivo de toda la operación es demostrar que lo que le dicen los confesores “con mucha frecuencia está en neto contraste con las directivas de Papa Ratzinger”. (Especialmente en aquellos puntos en los que más encendido es el debate ético-político en Italia).

Se ve que la revista está orgullosa del resultado, pues lo convierten en tema de portada. En realidad, la idea no es original –creo que incluso salió un libro hace varios decenios en el que se usaba la misma técnica. Pero siempre ha sido un recurso limitado a publicaciones marginales y de escasa calidad.

Dejo al margen otras consideraciones sobre la ofensa que todo esto supone para millones de creyentes y sobre el respeto democrático que eso merece. Ya de por sí me parece muy triste –desde un punto estrictamente profesional- que una publicación que pretende hacer periodismo acabe usando técnicas voyeurísticas propias de “Gran Hermano” y que encima piense que ha hecho un gran trabajo. Muy mal deben de estar de ideas para llegar a estos extremos. ¿Al poner esto aquí les estoy dando publicidad? No, lo que pretendo es señalar algo que no sólo desprestigia a la publicación que lo hace sino a toda la profesión. Me hace daño a mí.

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[Actualización, 29 de enero] He visto que L’Osservatore Romano critica este artículo y también el secretario de la Conferencia episcopal italiana. Este último añade algo interesante: “nadie en el mundo de la cultura ha levantado su propia voz para condenar un comportamiento de este tipo”.  Parece que nos estamos acostumbrando a esas desigualdades, pero ¿qué hubiera ocurrido si se hubiera hecho algo similar con otras religiones, pongamos por ejemplo el Islam?

“Secular fundamentalists” y creyentes fuera del armario

Tobias_jones

Se refiere a la situación en Gran Bretaña, pero las observaciones se pueden aplicar a muchos países. Tobias Jones escribe en The Guardian (6 de enero) sobre la dictadura que los “secular fundamentalists” (laicistas fundamentalistas) pretenden imponer en nombre de la tolerancia. “Se esconden en las filas de los antirracistas, antihomófobos y antisexistas. Pero en realidad están contra algo diferente. Son anti-Dios, y lo que quieren es la erradicación de la religión, y de todos los creyentes, de la faz de la tierra”. Palabras duras. Y más si se tiene en cuenta quién las escribe y dónde.

“Como vivimos en una sociedad multiconfesional, estos fundamentalistas van sosteniendo que llevar un crucifijo, o un velo o un turbante es profundamente ofensivo para otras creencias. Pretenden proteger las sensibilidades religiosas como pretexto para arrancarnos todas las expresiones religiosas”. Así, después de varios siglos de “desnudas plazas públicas (desnudas de referentes religiosos), también el público debe ir desnudo”. Según el autor, uno de los orígenes está en que “desde 2001, se ha dejado que intelectuales perezosos repitan la absurdidad de que el terrorismo y la guerra son consecuencia de la creencia en Dios”. Vivimos en un entorno cultural dominado por un postmodernismo que trata de rescatar a los marginados. “Noble propósito. Pero, como no cree en la verdad, todo vale. La tiranía de la ortodoxia ha sido sustituida por la tiranía del relativismo. Se supone que no debes creer en nada: de ahí que ser nihilista y ateo se haya convertido de repente en algo chic”. 

Esta situación ha provocado que los creyentes salgan del armario. “Se han dado cuenta de que la religión es ciertamente algo personal, pero no privado”. Una de las razones de este outing es que los agnósticos que razonan perciben la necesidad de los creyentes en la vida pública: “como saben distinguir el pecado del crimen, tienen un registro moral mucho más matizado que la mayoría”. Naturalmente, los “secular fundamentalists” “están furiosos al ver que los creyentes han roto el viejo pacto que estar fuera del debate público”.  Algo que es particularmente ofensivo para los cristianos, “pues creemos que Jesús inventó la laicidad”.  Aun así, “estos nuevos militantes se creen los únicos árbitros del gusto. Os dictarán lo que debéis vestir y lo que podéis decir. Esto, al fin y al cabo, es lo que hacen los totalitarios”.

La ideología de la tolerancia

Cordoba

Me parece que en la polémica sobre el uso de la catedral de Córdoba (España), para que los musulmanes puedan también ir a rezar allí, hay algo más que un sincero amor hacia las prácticas religiosas de los demás o hacia la concordia entre las religiones. Como muchos lectores de este blog no son españoles, vale la pena situar las cosas en su contexto. Pero antes hay que aclarar que no hay multitudes empujando en la puerta, pues la población musulmana censada en la ciudad de Córdoba apenas llega al millar de personas y tienen su propia mezquita (aunque pequeña).

La catedral está edificada sobre una antigua mezquita (que se conserva), que a su vez fue edificada sobre un templo cristiano (destruido durante la invasión árabe, pero se conservan restos), y éste construido sobre un antiguo templo pagano romano. Según los arqueólogos, lo que permanece de la mezquita se ha mantenido precisamente gracias a la construcción de la catedral.

La demanda de poder usar la mezquita fue lanzada a los medios de comunicación por Mansur Escudero, presidente de una organización musulmana española. Escudero es un antiguo militante comunista convertido al Islam, que apoyó con entusiasmo la introducción del “matrimonio” homosexual en España como paso para lograr más adelante el reconocimiento de la poligamia (ver noticia de enero de 2005).

La idea de que los musulmanes usen la catedral contó con el apoyo de algunos paladines de un multiculturalismo políticamente correcto, que consiste en apoyar a todas las iniciativas que entienden contrarias la Iglesia católica. El obispo local declinó cordialmente la petición y Escudero respondió yendo a rezar a las afueras del templo (en compañía de la prensa).  Que todo fue una pantomima lo explica hoy con diáfana claridad el escritor Juan Manuel de Prada en ABC. Es obvio que a Escudero no se le ocurriría plantear lo contrario (oración cristiana en una mezquita), pero hay que reconocer su habilidad para explotar la “ideología de la tolerancia”, una enfermedad que consiste en aceptar todo sin ningún juicio crítico (todo, se entiende, siempre que quien paguen sean los demás, no yo).

Católicos en la cultura y en la comunicación, ¿dónde estáis?

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No tiene desperdicio el artículo que el profesor Ernesto Galli della Loggia (en la foto), uno de los más autorizados comentaristas de la prensa italiana, escribe en Corriere della Sera. La síntesis podría ser esta: en Italia, el punto de vista católico en el mundo de la  cultura y de la comunicación está muy poco representado, no se corresponde con el país real. Además, la voz católica en el debate público la asume habitualmente la jerarquía, con lo que se transmite una idea de antipática ingerencia externa en asuntos del país. Esta situación no es fruto de un complot anticatólico, sino -sobre todo- de la ausencia de los católicos en esas esferas. Más aún, de la extrema reluctancia de los católicos por manifestar públicamente –en el propio trabajo- sus convicciones personales (al contrario de los demás, que las mencionan vengan o no a cuento).

El articulista se refiere a la situación italiana, pero es evidente que el razonamiento se puede aplicar a otros muchos países. Tal vez el aspecto más italiano es que aquí la presencia católica es tradicionalmente fuerte en el ámbito político, lo que a su vez provoca una fuerte politización de la voz católica en el debate público.

El artículo provocará sin duda una cierta controversia y llegarán matizaciones de un lado y de otro.  Personalmente, me parece que disminuye el peso de los prejuicios anticatólicos presentes en los mayores medios. El mismo título del texto -"Una sociedad sin católicos"- (puesto por la redacción del diario), niega lo que sostiene el autor: haberlos, haylos, y diría que la presencia social de los católicos en Italia es particularmente fuerte. Lo que ocurre es que son poco visibles... y en parte a causa de periódicos como el propio Corriere della Sera, cuya línea editorial en temas éticos y morales se acerca cada vez más a la del minúscolo Partido Radical.

De todas formas, es muy significativo que sea un intelectual “laico” como Galli della Loggia quien haga esas observaciones. En buena parte coinciden con lo que el Magisterio de la Iglesia lleva años diciendo, especialmente tras el concilio Vaticano II: el papel de los laicos católicos consiste en vivificar cristianamente las estructuras temporales. Hay gente que todavía no se ha enterado y piensa que de lo que se trata es de conseguir mayores cuotas de poder clerical. La ventaja de los católicos -comprobada empíricamente- es que saben hacer autocrítica (lo que se llama examen de conciencia). Y pienso que una "provocación" como la de Galli della Loggia es muy útil en este sentido.

La navidad, fiesta nacional en 25 países de mayoría musulmana

Presepe

A veces se aprende algo de las polémicas, cuando hay gente dispuesta a razonar y a ofrecer datos.  A propósito de las iniciativas de suprimir el belén y otros símbolos navideños para no molestar a los inmigrantes musulmanes, Magdi Allam (experto en temas musulmanes del Corriere della Sera) afirma en un artículo: “y pensar que mientras en Italia, Gran Bretaña o Canadá hay quien -incluso desde la posición de autoridad civil- ha tomado medidas anti-navideñas para ‘no herir la sensibilidad de los musulmanes’, en 25 países de mayoría musulmana se considera fiesta nacional la Navidad católica (25 de diciembre) o la Navidad ortodoxa (6 de enero)”.

Allam añade que esta navidad instalará en su casa –“yo, único musulmán laico de la familia”- un belén y un árbol de navidad más bellos y grandes, “para compartir con los míos la alegría y la meditación sobre el misterio de la Navidad”.  En el artículo recoge varios testimonios de musulmanes residentes en Italia que recuerdan que las figuras de Jesús y María son respetadas por el Islam y mencionadas en el Corán.

Su conclusión es neta: “que los enemigos de belén, de los villancicos o de la fiesta del nacimiento de Jesús tengan la valentía de decir que son enemigos de esta civilización occidental y cristiana. Que sepa que, de hecho, son aliados de los integristas y extremistas islámicos.  Pero que dejen de una vez de usar como excusa a los musulmanes dedicados a compartir una identidad italiana y una común civilización del hombre”.

Las reflexiones del cardenal Caffarra

Caffarra

Siempre es interesante leer lo que dice el cardenal Carlo Carraffa, arzobispo de Bolonia, que sabe unir la profundidad con la claridad de expresión, característica de los buenos universitarios. Señalo sólo algunos párrafos de una larga entrevista que publica Corriere della Sera (14 de diciembre; la versión on line es verdaderamente poco atractiva, pues todo el texto es un único bloque mazacótico e ilegible: complimenti!). El texto de este post es más largo de lo habitual, pero pienso que vale la pena.

El cardenal no está de acuerdo con quienes ven el viaje de Benedicto XVI a Turquía como un desmentido del famoso discurso de Ratisbona: “la idea del Papa teólogo contrapuesto al Papa hábil político es una caricatura. Al contrario, veo entre Ratisbona y Estambul una profunda coherencia y continuidad. Lo puedo verificar confrontando el discurso de Ratisbona con los que ha pronunciado ante el ministro de asuntos religiosos y ante el cuerpo diplomático acreditado en Ankara. En los tres está presente la misma idea de fondo: el diálogo entre los pueblos, y por tanto la paz, se construye sobre la base de una racionalidad que no se cierra a la dimensión religiosa, y de una fe que no quiera imponerse con métodos diversos a la argu