Ofrece Ignacio Aréchaga en Aceprensa un documentado análisis sobre lo que supone la JMJ para Madrid, también desde el punto de vista económico. No repito aquí los datos, pero la información me parece bastante contundente, hasta el punto de que la conclusión es obvia: “si las agencias de rating se ocuparan también de calificar los eventos de alcance internacional, no hay duda de que a la JMJ de Madrid le darían su nota máxima, AAA”.
Se refiere también a las protestas marginales que esta iniciativa ha suscitado. Aquí me limito a reproducir un párrafo, pues me parece que no tiene desperdicio:
"Los críticos, aunque sean pocos, tienen todo el derecho del mundo a decir que son alérgicos a la religión. Pero, como los argumentos “económicos” son tan insostenibles, deberían centrar el debate en lo que verdaderamente les molesta: que los cientos de miles de jóvenes que acuden a la JMJ vengan a rezar, a escuchar a Benedicto XVI, a dar testimonio de la alegría de su fe, a sentirse unidos con otros jóvenes. Da la impresión de que algunos preferirían que fueran hooligans antes que creyentes".
Me parece que da en el clavo.

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