CONTRAPUNTO

Confusión

Confusion

Son el órgano de un partido político que ha salido vapuleado en las recientes elecciones italianas. A pesar de la alianza con otros grupos radicales, "Refundación Comunista" no ha conseguido nada (tampoco los demás). Está fuera del parlamento, y el shock lo nota también su órgano periodístico, Liberazione. Hay que comprenderlos.

El caso es que con ocasión del viaje del Papa a Estados Unidos y al discurso que pronunciará mañana en la sede de las Naciones Unidas, el diario publica (16 de abril) un artículo titulado: “ONU. La batalla de la Iglesia contra los derechos humanos”. Me esperaba un elenco de acusaciones de cómo la Iglesia (o algún eclesiástico) se ha opuesto al derecho a la vida, a la libertad religiosa, a un trabajo digno, a la educación… o de cómo se ha mostrado a favor de la tortura, etc. Sin embargo, se trata de una descripción de cómo el Vaticano se ha opuesto en la ONU y en las conferencias internacionales a los “derechos de género”.

El diario explica que -"al margen de las bonitas palabras sobre dignidad e igualdad"- el hilo conductor que caracteriza "la actividad del Vaticano en las Naciones Unidas, desde Wojtyla a Ratzinger” es el siguiente:“Limitar los derechos de la mujer, a partir del derecho a la salud, que comprende el derecho a la contracepción, al aborto legal, a la sexualidad libre. Cancelar el concepto de ‘gender’ y dificultar la teoría lésbica porque deconstruyen la naturalidad de los papeles masculino y femenino. Colocar el valor de la feminidad en el ‘corazón de la familia’".  Está claro que el partido, y su diario, defienden todo lo contrario al Vaticano.

Me parece que la situación es propicia para que el “diario comunista” haga autocrítica y piense que tal vez la defensa de tales propuestas hayan influido en su desastre electoral. Si se olvidan de los obreros y se dedican (casi) a presentar como programa electoral la teoría lésbica, no me sorprenden los resultados.

El “Laico del Año” y los cismas laicos

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No me esperaba que existiera un premio titulado “Laico del año”. Está promovido por la “Consulta torinese per la laicità nelle istituzioni” y se entrega en el aula magna de la Universidad de Turín. Aquí la expresión “laico” no se refiere a “aquel que no pertenece al clero”, que es su primera acepción (también en italiano), sino a aquel que se inspira en concepciones independientes de la autoridad eclesiástica y de la fe religiosa, por decirlo con el diccionario "Garzanti". Esto se traduce luego con frecuencia –pero no siempre- con una simple palabra: anticlerical.

Pues me entero que ha ganado el premio laico del año (creo que se trata de la primera edición) el profesor Gian Enrico Rusconi, firma habitual del diario La Stampa, en cuyos artículos demuestra que, en su caso, el sinónimo anticlerical tal vez sea bastante atinado. Me pregunto si ahora colgará el diploma de “Laico del año” en la sala de visitas de su despacho con el fin de que tal reconocimiento inspire confianza y seguridad a la gente que vaya a hablar con él, como sucede en las consultas de los dentistas.

Al margen de esa broma maliciosa, me parece encomiable el esfuerzo de algunos por dar consistencia a la “visión laica” del hombre y de la sociedad. Otra manifestación en esa misma dirección es la “Reseña de cine laico” organizada por los mismos promotores del premio (dejo de lado lo aburrido que suena la propuesta, así a secas…). Con tal activismo quizás se procure reagrupar las filas ante los repetidos “cismas laicos” que se observan en nuestro días: una situación que contrasta con la compacta seguridad que se manifestaba hace tan solo unos años en temas tan sensibles como el aborto, por poner un ejemplo.

Intelectuales distraídos

HipocA veces, las ganas de firmar un manifiesto, y de sentirse así un intelectual comprometido con alguna causa,  son mayores que el sentido crítico o la simple prudencia. Los 67 profesores (de diverso grado) de la Universidad La Sapienza de Roma que firmaron una carta contra la visita del Papa a la Universidad, usaron como argumento central de su invectiva un dato falso: el supuesto apoyo del entonces cardenal Ratzinger a las tesis de Feyerabend (“en la época de Galileo, la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo”).

Con ocasión de la no-visita del Papa a La Sapienza se escribió mucho sobre este tema. Hasta el punto de que las personas no particularmente introducidas en la polémica saben que aquella cita es falsa por incompleta: basta continuar leyendo el discurso para entender el pensamiento del cardenal. Han pasado varias semanas y da la impresión de que se han enterado todos, excepto los 1.479 firmantes de toda Italia que muestran ahora su solidaridad con aquellos 67 profesores, haciendo suyo el argumento pro Galileo...

L’Osservatore Romano (6 de febrero) publica un comentario sobre este tema y ofrece un dato interesante: esa referencia al discurso sobre Galileo está tomada de la voz “Papa Benedetto XVI” de la versión italiana de Wikipedia. Allí, en efecto, se dice que la conferencia fue en Parma, cuando en realidad fue en Roma (en la misma Sapienza... como se indica en el libro “Una svolta per l’Europa”, donde está publicada). Que los firmantes se hayan limitado a cortar y pegar, sin comprobar si la conferencia (publicada) fue o no en Parma, es un defectillo. Lo peor es que el mismo artículo de Wikipedia ofrece los elementos para entender el sentido de la frase de Ratzinger. En este caso, nuestros intelectuales prefirieron ignorarlo, recordando tal vez aquello de “no dejes que la realidad te arruine una buena invectiva”.  Más que intelectuales comprometidos, se han demostrado intelectuales... distraídos.

[Veo que la voz de Wikipedia ha sido corregida hoy mismo: ahora sitúa la conferencia en Roma]

Libertad... ¿sólo para aplaudir?

Aplauso

Por un momento –a juzgar por las reacciones del gobierno español y del diario El País- pensé que se debería tratar de un texto de fuego y azufre que rezumaba anatemas. Pero una vez leída la “Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008” he de confesar mi preocupación. La Nota de los obispos no sólo es correcta en el fondo, sino mesurada en la forma. Está muy lejos de ser ese exabrupto electoralista que algunos han descrito. Y eso lo pueden comprobar todos, pues ocupa apenas dos folios.

El diario El País se sigue presentando en sus editoriales como absoluto posesor de la verdad, hasta el punto de rayar el fanatismo. Visto desde fuera, da la impresión de que en España la Iglesia sólo está autorizada a aplaudir al gobierno, de lo contrario la descalificación es automática. Si la Nota, que no menciona obviamente ninguna sigla, pudiera entenderse como una alabanza al gobierno de J. L. Rodríguez, el diario la pondría como ejemplo de “sana contribución al diálogo democrático”.

Lo han hecho ya tantas veces que parece claro que la estrategia de los actuales dirigentes del Partido Socialista en España es la de presentarse como víctima de las agresiones de una Iglesia vinculada a la derecha franquista. Una Iglesia que quiere imponer a todos su moral y que es culpable de tantos retrasos ibéricos... Mientras tanto, quien de verdad va imponiendo sus ideas y su moral es una minoría radical que tiene un diseño muy preciso de qué tipo de sociedad quiere. Y para ello, naturalmente, la Iglesia le estorba.

Los pocos argumentos de Toscani

Olivierotoscani

Tal vez Oliviero Toscani, el que fuera fotógrafo de Benetton,  piense que el Papa está “contra” la publicidad y por eso él se siente llamado a defender el oficio que le da de comer. El caso es que Toscani hizo unos descompuestos comentarios a propósito del mensaje del Papa para la jornada de las comunicaciones sociales. Se ve a la legua que no ha leído el texto, ni tan siquiera por encima. Es una de esas personas que comenta sin leer, pues “ya sabe” qué es lo que está escrito.

Lo que me sorprende es la rabia con la que habla. Me pregunto si es que todavía no ha asimilado que sus (repetitivas) “provocaciones” fotográficas acabaran por cansar, y que nadie le considere el “enfant terrible” que tal vez hubiera deseado ser, sino simplemente uno más del “mainstream”... Me parece, sin embargo, que en este caso la razón de su cólera es simplemente ideológica y se entiende mejor si uno recuerda su militancia en el partido radical italiano.

Pienso que se puede discrepar del contenido de un mensaje del Papa sobre temas de comunicación, en el que se hacen observaciones y análisis sociales que tal vez puedan ser matizables. Pero lo que se espera del que discrepa es que argumente su punto de vista. Y eso es lo que falta aquí: Toscani se limita a comentarios que considera divertidos, pero son simplemente toscos (como en el fondo me cae bien, no los enlazo para hacerle un favor).

[Actualización, 6 febrero] El blog italiano Lasterpaia se hace eco de este post, que reproduce en español con el título: "La Iglesia contra Toscani"... La realidad es mucho más modesta: este blog ha criticado a Toscani por lo que considera una llamativa salida de tono. Ahí acaba todo. No sé si "la Iglesia" (así, en general) está contra Toscani. Posiblemente tenga otras prioridades...

Cebrián ha leído un libro

Logo_grupo_prisa_verticalJuan Luís Cebrián, consejero delegado del grupo "Prisa", empresa editora de El País, ha escrito hoy un largo artículo en el rotativo madrileño en el que nos informa de que ha leído un libro. En ese libro se dice que hay que poner en discusión los contenidos religiosos de todas las religiones. Nada está por encima de la discusión y la crítica.

Cebrián se refiere en el artículo a la Iglesia católica en España. Toma como pie la manifestación en defensa de la familia celebrada en Madrid, que interpreta como una agresión al gobierno socialista. Dice que la Iglesia española ha funcionado como ariete intelectual del Partido Popular, y que todavía hoy “la capacidad de influencia del lobby clerical se ha mantenido como martillo pilón”. Añade que “la presencia de Ratzinger en el solio de Roma ha consolidado las corrientes integristas y retrógradas dentro de la institución”. Cebrián apuesta en definitiva por un “laicismo radical”.

Ninguna sorpresa. El
artículo de Cebrián refleja lo que dice El País a diario. Los periódicos son personas, y El País es en buena parte Cebrián, con sus fibias y fobias. Sin embargo, al final del artículo uno sale con la impresión de que el autor sostiene, en efecto, que nada está por encima de la discusión y la crítica... pero siempre que la crítica la haga él, naturalmente. Si son otros los que critican, para Cebrián se trata de acoso, agresión o fundamentalismo. Es bueno que Cebrián haya leído un libro, pero ya me decía mi abuela que los lectores de un solo libro son peligrosos.

Transgresores de salón

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No pensaba escribir sobre esto, pero el hecho es que no pasa una semana sin que la prensa se haga eco de exposiciones, muestras, espectáculos, etc. “transgresivos”.  Una transgresión que se reduce, con demasiada frecuencia y en el mejor de los casos, a la tomadura de pelo de las convicciones cristianas. Digo en el mejor de los casos, porque lo que abunda es el mal gusto, y no es preciso poner ejemplos.  El ritual ya es conocido: si alguien alza su voz para manifestar que se trata de una ofensa gratuita, se invocará de inmediato la palabra Censura y se apelará a la Libertad de Expresión Artística.

Por lo general, suelen ser obras muy mediocres, que adquieren una cierta (y efímera)  notoriedad precisamente por la polémica que las acompaña. El afán de sus autores es dotarse de una aureola de transgresión. Ante ese espectáculo, no puedo evitar que crezca mi admiración por los antiguos transgresores, aquellos que -por lo menos- se jugaban la piel y pagaban de su bolsillo. Ahora, los autores forman parte del sistema, del mainstream,  y pueden realizar sus obras gracias a las subvenciones públicas.

Sería fácil subrayar que la “transgresión” no suele estar dirigida hacia los verdaderos “poderes fuertes” (pues en muchos casos son los que pagan) o hacia quienes podrían reaccionar violentamente. En el fondo, es una transgresión burguesa, de salón. Aunque parezca paradójico, esas ofensas muestran que por mucho que se disimule y se diga lo contrario, Jesucristo o la Virgen María no son figuras decorativas que dejan indiferentes. Ante ellos, se puede reaccionar de muchas maneras: una es la rabia.

Kaká y Lula

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Mientras todavía se oyen los ecos suscitados por las declaraciones del jugador de fútbol brasileño Kaká, estrella del Milan, a propósito de la virginidad, el presidente de su país –Lula da Silva- ha lanzado una agresiva campaña a favor de la contracepción, de la que informa Le Monde. El diario parisino pone el acento en la “exasperación” de la Iglesia ante la campaña, que llega apenas tres semanas después de la visita del Papa.

Kaká, de fe protestante, declaró en una entrevista que junto a su mujer, Carolina, habían decidido llegar castos al matrimonio: “ha sido duro, pero si hoy nuestra vida es tan bella es porque hemos sabido esperar”. Esas declaraciones han despertado comentarios sobre la virginidad como “contra-tendencia” y sobre el redescubrimiento de lo que significa la fuerza de voluntad.

Se dirá que no se puede pedir al presidente de un país que imponga por ley la castidad a los ciudadanos. Desde luego que no. Es algo que no toca al gobierno. Pero ¿estamos seguros de que lo contrario sí corresponde al gobierno? Lula invertirá cuarenta y un millones de euros en esta campaña. La experiencia muestra que los principales beneficiados de iniciativas similares son las multinacionales farmacéuticas.

Papal Pulp Fiction (otra de David Yallop)

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La nueva producción de David Yallop, "The Power and The Glory", es una Papal Pulp Fiction, según comenta ingeniosamente uno de los lectores de la reseña que Francis Phillips publica en Mercator.net. Se trata de un libro de 448 páginas en las que parece ser que no se descubre ni tan siquiera un aspecto positivo en la vida de Juan Pablo II.

Incluso Graham Greene, en la novela original del mismo título, dibujaba algunos momentos de heroísmo de su cura borrachín, dice Phillips. Aquí, sin embargo, no hay espacio para lo que salga fuera de la intolerancia del autor, ya conocido por su “reconstrucción” de la muerte de Juan Pablo I.

Si las cosas están así, cabría preguntarse si no sería mejor callarse ante tal memez. Si viviéramos en un mundo normal, mi respuesta sería afirmativa: mejor callarse. Pero como es previsible que dentro de poco comiencen a aparecer noticias y reportajes sobre las “nuevas revelaciones” de un “libro de investigación”, me parece que es preferible estar vacunados. Todas las fuentes que cita son anónimas y en todo el libro aparecen trece notas: no son aspectos simplemente formales en lo que pretende ser un libro documentado. La duda es si la editorial no se ha equivocado al publicar el libro en la sección “History/Biography” en vez de en una nueva sección: la "Papal Pulp Fiction", precisamente.

El extraño “scoop” de la RAI... siete meses después

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Parece que la Radiotelevisión Italiana (RAI) ha comprado a la BBC el documental “Sex crimes and the Vatican”, emitido en el espacio “Panorama” el 1 de octubre de 2006. Sobre el contenido de ese documental ya hablamos aquí dos días después de su emisión en Gran Bretaña (ver Pobre panorama en la BBC).  Llama la atención la presión que se ha creado para que la televisión pública italiana compre un programa que fue calificado incluso por el comentarista del Manifesto (”diario comunista” italiano particularmente agresivo con la Iglesia) como un producto sobre el que resulta difícil hablar de “buen periodismo”.

Michele Santoro, conductor del espacio “Annozero” y  principal promotor de la compra, ha justificado la decisión subrayando que la “verdadera finalidad de un periodista debe ser proceder con velocidad y tempestividad, y hacer conocer al público todas las informaciones que llegan a su poder”. Como declaración de principios está muy bien, pero sorprende tal agitación para adquirir un reportaje emitido hace casi siete meses y rechazado entonces por profesionales de la misma RAI, que lo consideraron poco fiable. No vale la pena volver ahora sobre el contenido del documental, ni sobre la tendencia que está mostrando la BBC en los últimos tiempos (denunciadas por sus mismos periodistas: ver Profesionales de la BBC reconocen sus prejuicios, pero ven difícil cambiar).

Al margen de cómo vaya a ser la emisión de este documental (acompañada de testimonios de "defensa", etc...), lo extravagante del caso es ver cómo algunos representantes de un sector del mundo político y cultural italiano están reaccionado contra el protagonismo público de la Iglesia en Italia. Todo parece indicar que el detonante ha sido la oposición del mundo católico al proyecto de ley sobre parejas de hecho, que cristalizó –el pasado 12 de mayo- en una multitudinaria manifestación convocada por asociaciones laicales católicas. Para algunos, la respuesta no es el debate ni la argumentación, sino usar -en lo que consideran una guerra- todo lo que pueda ser útil para el contraataque. Incluso la calumnia (“acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño”), pues el documental contiene evidentes elementos calumniosos contra Benedicto XVI (ver un artículo de Avvenire).

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[Actualización, 24 de mayo]: Scriptor.org se hace eco de este post y añade: “Es ridículo acusar a Josef Ratzinger de ser el culpable definitivo del escándalo de los ‘sex crimes’ de contados eclesiásticos católicos, precisamente cuando, por ejemplo -justo antes de ser Benedicto XVI- en la novena estación del famoso Via Crucis de 2005 (ver texto en italiano o en castellano) osó denunciar, decir alto y claro unas fuertes palabras que aún hoy escuecen y dan qué pensar:

"... ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!..."

¿Normal o "light"?

Cervezas

En un texto publicado hoy por The Times se vuelve a especular sobre la posible entrada de Tony Blair en la Iglesia católica, un tema que aparece con cierta periodicidad en la prensa británica desde hace unos diez años. A pesar de que la crónica está firmada por tres periodistas, la información real es más bien escasa.

Los autores dicen que “recibir a Mr. Blair en su redil sería un triunfo para la Iglesia católica, que especialmente en las últimas dos décadas ha recobrado su autoconfianza, tras los siglos de persecución que siguieron a la Reforma”. Pero lo que me ha llamado la atención es lo que dice una fuente (anónima): que Blair es un católico “de deseo” y que no necesita una conversión formal. Añade, concretamente, que es “un católico ecuménico. Un católico liberal. Y en cuanto a su vida privada, un católico romano”.

Entiendo que se use la expresión “católico romano” como distinción del “anglo católico”, perteneciente a la Iglesia alta dentro del anglicanismo, tradicionalmente más cercana a Roma. Pero en el contexto en el que se usa aquí da la impresión de que existen como tres grados: el “católico ecuménico” (no sé lo que significa), el “católico liberal” (supongo que gente que discrepa sobre algunas enseñanzas del Magisterio, especialmente en el ámbito de la vida pública) y el “católico romano” (que sería el católico full time).  No tenía idea de la existencia de estas distinciones, que hasta ahora me parecían reservadas a los tipos de cerveza, o incluso a la "Coca-Cola".

La propuesta de Sartori ¿Achaques de la edad?

Tienanmen

Giovanni Sartori es un conocido politólogo, experto en sistemas electorales, que a sus 84 años parece que no le importa decir lo que de verdad piensa. Y lo que piensa es realmente sorprendente en un teórico de la democracia liberal: el gobierno chino debe usar los “medios coercitivos” para controlar los nacimientos.

“La coerción”, subraya, por si no hubiera quedado suficientemente claro. “Medidas más severas, aumentar las multas, si no son suficientes, en una cantidad proporcional a la renta. Y aumentar los controles”. En esas declaraciones, que publica el diario La Stampa del 14 de mayo (no disponible on line), explica que como los nacimientos proceden en su mayor parte de la China rural, donde el nivel de educación es muy bajo, “es más pragmático imaginar la coerción”. 

De momento, no he visto reacciones a tales declaraciones, que no sé cómo calificar: ¿racistas, nazistas, maoístas...? Tal vez simplemente paranoicas, dicho con todo el respeto hacia el profesor. Tal vez porque sabe mucho de sistemas electorales, quizás Sartori ha terminado pensando que las personas (los demás) son también simples números. El teórico de la democracia liberal parece que hace ahora apología de la dictadura, sentado cómodamente en su apartamento de Manhattan. Deseo que sean sólo achaques de la edad.

Aborto en America Latina: ¿ideales "comunistas" con dinero capitalista?

Bandieraesoldi

El diario italiano Liberazione, órgano del partido Refundación Comunista, ha acogido con entusiasmo la aprobación de la ley del aborto en Ciudad de México. Hasta aquí, ninguna sorpresa. Sorprende un poco más que diga que la ley salió adelante a pesar “de la potente lobby pro-life” a la que “el Vaticano llena de dinero”. Obviamente, no ofrece ningún dato que pueda respaldar esa afirmación. Imagino que piensan que al ser un periódico militante no tienen tanta necesidad de aportar hechos...

Puestos a hablar de lobbies, me parece que hubiera sido más acertado referirse a las instituciones pro abortistas, especialmente norteamericanas, que sí que dejan buenos dólares, directa o indirectamente (a través de otras instituciones), en sus campañas para promover el aborto en América Latina. Una de las más activas, por ejemplo, es la "Women's Link Wordwide", que está financiada -entre otras- por la "Ford Fundation" y el "Open Society Institute", del financiero George Soros. Lo irónico del caso es que los que ponen el dinero suelen ser organizaciones que representan al capitalismo más puro y duro. De este modo, Liberazione se coloca en el mismo frente que algunas de las odiosas multinacionales contra las que combate en nombre del comunismo...

Pero la retórica que identifica al aborto con el progreso no es exclusiva de la prensa militante. En su información sobre la aprobación de la ley en Ciudad de México, la BBC En español sostiene que con la nueva ley “Ciudad de México ahora se ha unido a las sociedades europeas más liberales”; y que esta ley pone a México “a la cabeza de una campaña global para otorgar a las mujeres más control sobre sus cuerpos y su reproducción”. Ya en la misma descripción de los contendientes (“los defensores de los derechos de la mujer” y  “los activistas anti-aborto”) se percibe el tufillo rancio de los años setenta. Han pasado cuarenta años. Muchos países occidentales ya están de vuelta, pero eso no impide que se sigua vendiendo a América Latina una mercancia caducada.

Incoherencia homofóbica

Surrealismo

La noticia fue tan discreta que yo me entero ahora. El pasado septiembre se presentó ante el consejo de derechos humanos, con sede en Ginebra, un documento de condena contra Nigeria por la práctica (permitida en algunos Estados) de lapidar a muerte a los homosexuales. Cuando el caso se discutió en la sesión correspondiente de ese organismo de la ONU, el embajador nigeriano se defendió con estas palabras: “la pena de muerte por lapidación contra quien cumple actos sexuales contra natura está prevista por la sharía [ley islámica] y no debe ser equiparada a los homicidios extrajudiciales. Es más, no debería ni tan siquiera ser considerada en este informe”. Y ahí terminó el caso. Se pasó a otra cosa.

Me pregunto, con sorpresa, dónde estaban los “colectivos” varios, los eurodiputados, los artistas, sus acólitos y el resto de los que no pierden oportunidad para hablar del peligro de la “homofobia”. Su silencio fue tan llamativo que ni tan siquiera hubo noticia, a pesar de que el caso fue público. Nadie se rasgó las vestiduras ante tamaña brutalidad.

A falta de mayores informaciones, aventuro una hipótesis. Personalmente, me resistía a creerlo, pero los datos son cada vez más evidentes: la protesta y la polémica sirve solo cuando se trata de agredir, directa o indirectamente, a la Iglesia católica, presentándola como intransigente y enemiga de las libertades. Las “mociones parlamentarias” a las que nos tiene acostumbrado el Parlamento Europeo (ha “condenado” más veces al Vaticano que a Cuba y China juntas...) son bombas de humo mediático que persiguen esa finalidad.

Pero el hecho en sí es escalofriante: protestan ante las cámaras denunciando que la  Iglesia no canoniza las uniones homosexuales, pero se callan como estatuas cuando la sharia lapida a homosexuales.

Inquisición y transparencia

Pluma

En las últimas semanas, el diario El País ha dedicado varios artículos al caso del teólogo Jon Sobrino. El lector distraído, que sólo se haya informado por el diario madrileño, puede estar pensando que Sobrino se encuentra ahora sometido a refinadas torturas en los lúgubres sótanos del Santo Oficio. Desde aquí les podemos tranquilizar: lo único que ha dicho la Congregación para la Doctrina de la Fe es que algunas tesis del teólogo no se pueden presentar como doctrina católica. Es lo mismo que hacen algunos organismos de control con el aceite puro de oliva o con el vino de Rioja: se certifica si es auténtico o no. 

En este sentido, cabe subrayar la delicadeza del organismo vaticano, que en ningún momento ha juzgado las intenciones del teólogo, y ha informado públicamente de la cuestión. Menos pública, por el contrario, ha sido otra acción inquisitorial llevada a cabo dentro del mismo diario madrileño contra uno de sus periodistas, Hermann Tertsch. Según han publicado otros medios españoles, el periodista acabó en la calle por no comulgar con las directrices del editor (concretamente, criticó la política exterior y antiterrorista del gobierno de Rodríguez Zapatero).

No niego el derecho que tiene un empresario para expulsar a un asalariado, de acuerdo con la legislación de derecho laboral. Lo que me llama la atención es el énfasis del diario por buscar presuntas inquisiciones vaticanas, enemigas de la libertad de expresión, etc. mientras que de lo suyo no dice ni una palabra. Ahora resulta que el denostado Vaticano se está demostrando más transparente que los apóstoles de la (propia) libertad de expresión.

El dictado de los nuevos infalibles

Palpatine

La jefatura de El País, responsable de la línea editorial del diario madrileño, ofrece hoy una perla en la que muestra su espíritu prohibicionista hacia quien no piensa como ella. El editorial “Dictado papal” se refiere a la exhortación apostólica de Benedicto XVI “Sacramentum caritatis”, un  “controvertido documento” en el que “el Papa alemán llama a los príncipes [sic] de la Iglesia católica a la lucha ideológica y a recuperar el protagonismo perdido”.  Añade que “para el Papa los políticos católicos están obligados a oponerse a las leyes que no se ajusten a esta doctrina religiosa”. Según los autores, “la separación entre la conciencia privada y los asuntos públicos, propugnada por el Concilio Vaticano II, no ha dado los frutos previstos”, y de ahí el apretón de tuercas.

Se ve que los autores del editorial viven todavía en el mundo de papel, pues olvidan que ahora se puede acceder a los textos originales con un simple “clic” del ratón. Y que las tergiversaciones quedan más fácilmente al descubierto. Quien no haya leído el documento, puede verlo de primera mano aquí (consultar el n. 83). O comprobar lo que dice el concilio Vaticano II sobre la conciencia (por ejemplo: Lumen Gentium, n. 36; Gaudium et spes, n. 16, 17). O ver aquí y aquí en qué consiste la “dura sanción” impuesta al teólogo Jon Sobrino (una notificación sin sanciones).

Pero está clara cuál es la intención de los editorialistas: afirmar que las cuestiones no negociables mencionadas por el Papa (la defensa de la vida, el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad en la educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas), sólo se pueden defender como “doctrina religiosa”. Es decir, no son un patrimonio cultural.  Esto sí que es una declaración “ex catedra” que ofenderá a muchos no creyentes que consideran esos valores como una conquista de la sociedad. A este paso, los editorialistas de El País están robando la escena a la infalibilidad papal. Los Pontífices la han usado con cuenta gotas a lo largo de la historia; la jefatura de El País nos la ofrece a diario en generosas dosis. No sé por qué, pero todo esto me recuerda al emperador de "La guerra de las galaxias".

...

[Actualización, 27 de marzo] Comentando en un editorial (26 de marzo) el documento de los obispos españoles “Por una cultura de la vida”, los editorialistas de El País vuelven a la carga: “El pronunciamiento encaja con la reciente exhortación del papa Benedicto XVI a la lucha ideológica por parte de los príncipes de la Iglesia (Sacramentum Caritatis)...”. Goebbels decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. No sé si tendrán intención de llegar al millar, pero en pocos días ya la han repetido tres veces.

Propaganda homosexual: mejor desde pequeños

Propaganda

La estrategia comunicativa de los militantes homosexuales (es decir, de los que utilizan la homosexualidad como ideología) es transparente. Incluso hay libros de los propios activistas que la explican. Uno de los más famosos es “After the ball”, de Marshall Kirk y Hunter Madsen, un verdadero “manual de instrucciones” para la campaña de “persuasión pública” y “social marketing” que la causa gay está promoviendo en todo el mundo.

Fruto de esa estrategia es la importancia que se da a educar ya desde niños no simplemente contra la discriminación, sino a favor de la admiración de la homosexualidad como modelo de vida. Para ello son insustituibles los cuentos y los relatos infantiles. De una de estas iniciativas informaba hace dos días The Observer. Se trata de una “prueba piloto” dirigida a niños de cuatro a once años, en la que participan catorce escuelas británicas. Está apoyada por sindicatos de profesores y financiada por el gobierno. Entre los cuentos figura “King & King”, cuya trama es ésta: “una reina quiere que su hijo se case y se convierta en rey. Organiza las cosas para presentarle a muchas princesas, pero él no se enamora de ninguna. Al final, es el hermano de una de las princesas quien le atrae. El príncipe se casa con él y se convierten en dos reyes”.

“Mi especialidad es literatura infantil y sé bien lo potente que es a la hora de conformar los valores sociales y el desarrollo emocional”, afirma una de las promotoras del proyecto. Y así es. Con la cobertura de promover la igualdad y la no discriminación, una minoría militante está imponiendo sus puntos de vista a toda una sociedad. A quien se le ocurra criticarlo será tachado de homófobo o racista, y como nadie quiere aparecer como homófobo ni racista, muchos no hablan ni protestan. Y así se cumple a la letra la profecía de Marshall Kirk y Hunter Madsen. (En el caso que nos ocupa, al menos, sí se han levantado algunas voces críticas).

“Por favor, Inquisición, ¡persígueme!”

Inquisizione

El diario italiano La Repubblica ofrecía en primera página un artículo con un título inquietante: “Yo, procesado por la Iglesia por mi libro sobre Jesús”.  Está firmado por un periodista del mismo periódico romano, coautor de un libro sobre Jesucristo, que se está vendiendo bien.  En paginas interiores, hay una información sobre el mismo tema: “Best seller religiosos, la ‘condena’ vaticana”.

Al igual que otros lectores, imaginaba encontrarme con el relato de un proceso inquisitorial. Sin embargo, resulta que el “proceso” y la “condena” se refieren a un simposio organizado por el Vicariato de Roma y dedicado a algunos textos recientes sobre Jesucristo, entre los que figuraba el del periodista. Las palabras más duras de los conferenciantes fueron estas: “no queremos entrar en polémicas, sino solo reflexionar, interrogarnos y profundizar nuestro conocimiento de las raíces cristianas”.  No se quemó ningún libro ni tan siquiera se dijo que ese libro –que ofrece una visión muy parcial de Jesucristo- no debía de haberse publicado...

Da la impresión de que el autor está casi decepcionado de que no se le atacara violentamente. A pesar se eso, el diario no renuncia a un título efectista, que al final es lo único que ve buena parte de los lectores, que acaban relacionando los términos “Iglesia” y “Vaticano” con “proceso” y “condena”.  No sé si se trata de un exceso de susceptibilidad o de simple publicidad. En todo caso, cuando uno escribe un libro con pretensiones científicas, lo menos que cabe esperar es que sea capaz de confrontarse con las críticas, y no escurrir el bulto bajo el manto de la (supuesta) persecución.

"La Stampa" y don Stanislao: un amplio y triste plagio

Journalist

Giacomo Galeazzi escribe en La Stampa (22 de febrero) un texto que se podría convertir en un buen ejemplo de periodismo irresponsable, digno de ser estudiado en las facultades de comunicación. Reproduce las acusaciones contra el cardenal Stanislao Dziwisz (el que fuera secretario de Juan Pablo II y ahora arzobispo de Cracovia), lanzadas el mes pasado por el diario regional polaco Glos Wielkopolski. En Polonia, esas acusaciones fueron duramente criticadas por el resto de la prensa como clamorosa muestra de falta de profesionalidad. Y fueron olvidadas el mismo día. Ahora, el diario turinés las presenta de nuevo, con llamada en primera página y amplio espacio interno. Naturalmente, ni tan siquiera menciona que se trata de un amplio (y triste) plagio, con algún añadido.

La Stampa titula en primera página: “’Don Stanislao cubrió a los pedófilos’”. Lo escribe entrecomillado, como si citara a alguien que lanza tan grave acusación. En páginas interiores titula: “El secreto de Stanislao” y como subtítulo: “El cardenal acusado de haber callado los abusos sexuales de los sacerdotes polacos”. El problema es que si se lee el texto, se repite lo de que “es acusado”, pero no se dice por quién, dónde, cuándo, y de qué exactamente. Todo el texto es una colección de “sería”, “habría”, “resultaría”... tan abundante que harían enrojecer a cualquier estudiante de primero de periodismo.

El ansia de “scoop” de un periodista para ganarse el prestigio dentro del propio periódico no es un buen consejero. La credibilidad no se consigue con fuegos artificiales, aunque parezcan rentables a corto plazo. Pero como la actividad periodística es una actividad compartida, llama la atención que un texto así haya superado los filtros profesionales que se suponen existen en un diario de la seriedad de La Stampa.  Si una acusación similar se hubiera lanzado contra el director de una empresa, temo que ya tendrían a los abogados llamando a la puerta. (Tal vez La Stampa ya se avergüenza, pues me ha resultado imposible conseguir el link al artículo original).

[Actualización, 27 de febrero] En realidad, el link ya está disponible aquí (gracias, Giovanni), asi que nada de arrepentimientos.

“Estoy harto de votar cosas que me dan asco”.

Turigliato

El gobierno italiano cayó ayer en el senado porque dos de los senadores de los partidos que intergran su coalición de centro izquierda votaron contra el propio gobierno en una cuestión de política exterior (la continuidad de la misión italiana en Afganistán). No entro ahora en un análisis estrictamente político. Lo que me parece significativo son las razones con las que uno de los senadores, Franco Turigliato (en la foto), un disidente del partido “Refundación Comunista”, ha justificado su voto: “estoy harto de decir que sí a cosas que me dan asco”.

Al margen de las razones que pueda aludir, y de cuáles sean las cosas de las que está harto, pienso que se trata de una declaración relevante, que podrían suscribir muchos parlamentarios de todo el mundo. Se puede estar de acuerdo o no con Turigliato, pero al menos hay que reconocerle un esfuerzo de coherencia. (Otra cosa es si antes se había comprometido con un programa y ahora ha cambiado idea: esto no lo sé).

Me pregunto qué habría pasado si el gobierno italiano –u otro gobierno cualquiera- hubiera caido por el voto de un católico en cuestiones de bioética o de legislación sobre temas de familia. Temo que las soflamas sobre las intromisiones de la Iglesia en política o las lecciones sobre la laicidad... hubieran sido abundantes. Pero tanto en un caso como en otro, lo que está en juego es la conciencia de una persona. Y la conciencia –si todavía no ha muerto- llega un momento en el que dice “basta”.

El extraño caso del arzobispo Wielgus

Wielgus

El arzobispo Stanislaw Wielgus, que se ha visto obligado a dimitir el mismo día en que iba a tomar posesión como arzobispo de Varsovia, es la primera  (y que yo sepa,  la única) víctima que ha provocado en Polonia la colaboración con el régimen comunista. En el caso del arzobispo, si los documentos efectivamente lo confirman, se ha tratado de una colaboración muy, pero que muy, tangencial. ¿Dónde están los jerarcas de la prensa, del ejército, de la magistratura, de la política, de la policía, de la universidad... que colaboraron con el régimen o fueron ellos mismos los dirigentes? La respuesta es simple: o pacíficamente jubilados o... en el mismo sitio donde estaban (incluido los funcionarios de los antiguos servicios secretos).

Naturalmente, esta realidad no quita importancia a la mancha que esta colaboración, aunque muy débil y limitada a los años 1973-78, ha lanzado sobre la Iglesia en Polonia, la única institución que simbolizó la resistencia durante los años del imperio soviético. Lo curioso del caso es que de los verdaderos responsables no se habla. Desde hace un año, los polacos solo oyen hablar de colaboración por parte de eclesiásticos. Es posible que los suyos hayan sido los únicos dossiers que no se destruyeron. El hecho es que ahora se filtran con cuentagotas y con la precisión de una bomba de relojería. Según esta lógica, cabe esperar nuevas revelaciones sobre obispos y eclesiásticos en los próximos meses. No hace falta ser muy perspicaz para deducir que esta operación esta encaminada a conseguir el desprestigio de la Iglesia, algo que no logró el régimen comunista.

Me parece que este episodio pone de relieve que la opinión pública (en caso de que exista) perdona los errores, pero no las medias verdades. Según las noticias difundidas por la prensa, monseñor Wielgus negó su colaboración hasta que no tuvo delante los documentos. Tal vez ese haya sido el punto más negativo. Desconozco las razones que le movieron a actuar así: supongo que las tendría (no hay que olvidar que ha sido un obispo muy querido y admirado). Pero imagino que la conclusión habría sido diferente si él mismo hubiera tomado la iniciativa de hacer pública toda la cuestión y de explicar las circunstancias que le llevaron en sus años de juventud a aceptar ese compromiso. Hubiera evitado, al menos, que el petardo le explotara entre las manos.

A la espera del libro del Papa

Velazquez

Durante la audiencia general del pasado miércoles, el Papa se refirió a que “el rechazo de Cristo” se manifiesta de muchos modos, “como la presentación de un Jesús modernizado o, mejor aún, postmodernizado; un Jesús hombre, reducido a simple ‘maestro de sabiduría’ y privado de su divinidad; o bien un Jesús tan idealizado que parece a veces sacado de un cuento de hadas”.

Con estas palabras en la cabeza he visto (vía Open Book) el elenco que Anthony Sacramone hacía hace unos días en First Things de las infinitas interpretaciones que se han formulado a propósito de la figura de Jesús (con sus respectivos links). Hay de todo: fue una mujer, un extraterrestre que está enterrado en Japón,  sobrevivió a la crucifixión y está enterrado en Kashmir, fue budista, fue musulmán, fue mormón, fue un mago, un gnóstico, fue el hijo de María y de un soldado romano, nunca existió, nunca fue ejecutado, etc.

Ahora, parece que también Paul Verhoeven -director de películas de gran densidad, como Robocop, Basic Instinct o Showgirls-, quiere ofrecer su versión, con el ardor de quien piensa que es el primero que lo hace. Así, desea “poner al descubierto un montón de cosas que el cristianismo ha eliminado y enterrado”.  Es difícil imaginar qué es lo que queda por decir, teniendo en cuenta además que el cristianismo es la religión más diseccionada que existe... Con todos estos datos en la mano, me parece que el libro que Benedicto XVI ha prometido sobre la figura de Jesucristo no puede llegar en un momento más oportuno.

Las lecciones de Hans Küng

Kung

A pesar de ser una persona inteligente, no parece que Hans Küng  sea consciente del tono arrogante que da a sus artículos. Se ha pasado una vida criticando el oficio de Pontífice y él mismo, en sus escritos, da la impresión de que no hace otra cosas sino pontificar. Está claro que el teólogo suizo tiene más respeto a Benedicto XVI que a Juan Pablo II. Pero aún así, siempre hay algo de autoreferencial en sus alusiones de aprecio (“Joseph Ratzinger, mi colega de Tubinga...”). Su último artículo, “El Papa aprende una lección”, publicado por varios diarios, entre ellos El País, es una muestra.

Dice que las relaciones entre cristianismo e Islam se deben basar en la autocrítica. Y ahí sitúa la “urgente necesidad de revisión” de la declaración "Dominus Iesus", cuyo contenido sintetiza así: “este documento renueva con frialdad dogmática la arrogante afirmación de la Iglesia católica de que ella es superior a otras iglesias y otras religiones, una pretensión que la mayoría de la gente creía ya abandonada desde el Concilio Vaticano II (1962-1965)”.  Para ser la glosa de un teólogo resulta bastante discutible. Propongo otra: ese documento responde a la cuestión de que si todas las religiones son iguales, qué pasa con Jesucristo y su Redención.

Pero el aspecto más negativo para Küng son las relaciones con los ortodoxos: “con todas las lecciones que el Papa ha aprendido en otras áreas, en este frente no ha ocurrido casi nada”. La culpa es de Roma, pues le falta “la voluntad de renunciar, en un espíritu cristiano, a las pretensiones de poder”.  “El principal obstáculo para restablecer la antigua unidad de la Iglesia es y sigue siendo la idea de que el Papa tiene poder sobre las Iglesias orientales”. Aunque sorprende que un observador como Küng no vea problemas en el otro lado, aquí la palabra clave es “poder”, que tal vez explique su visión de la Iglesia. Su ideal es un (mitificado) Juan XXIII que “en general, se limitó a ser un dirigente espiritual, capaz de inspirar, mediar y coordinar”. 

La ideología de la tolerancia

Cordoba

Me parece que en la polémica sobre el uso de la catedral de Córdoba (España), para que los musulmanes puedan también ir a rezar allí, hay algo más que un sincero amor hacia las prácticas religiosas de los demás o hacia la concordia entre las religiones. Como muchos lectores de este blog no son españoles, vale la pena situar las cosas en su contexto. Pero antes hay que aclarar que no hay multitudes empujando en la puerta, pues la población musulmana censada en la ciudad de Córdoba apenas llega al millar de personas y tienen su propia mezquita (aunque pequeña).

La catedral está edificada sobre una antigua mezquita (que se conserva), que a su vez fue edificada sobre un templo cristiano (destruido durante la invasión árabe, pero se conservan restos), y éste construido sobre un antiguo templo pagano romano. Según los arqueólogos, lo que permanece de la mezquita se ha mantenido precisamente gracias a la construcción de la catedral.

La demanda de poder usar la mezquita fue lanzada a los medios de comunicación por Mansur Escudero, presidente de una organización musulmana española. Escudero es un antiguo militante comunista convertido al Islam, que apoyó con entusiasmo la introducción del “matrimonio” homosexual en España como paso para lograr más adelante el reconocimiento de la poligamia (ver noticia de enero de 2005).

La idea de que los musulmanes usen la catedral contó con el apoyo de algunos paladines de un multiculturalismo políticamente correcto, que consiste en apoyar a todas las iniciativas que entienden contrarias la Iglesia católica. El obispo local declinó cordialmente la petición y Escudero respondió yendo a rezar a las afueras del templo (en compañía de la prensa).  Que todo fue una pantomima lo explica hoy con diáfana claridad el escritor Juan Manuel de Prada en ABC. Es obvio que a Escudero no se le ocurriría plantear lo contrario (oración cristiana en una mezquita), pero hay que reconocer su habilidad para explotar la “ideología de la tolerancia”, una enfermedad que consiste en aceptar todo sin ningún juicio crítico (todo, se entiende, siempre que quien paguen sean los demás, no yo).

Eutanasia y ensañamiento ideológico

Rayo

La muerte de Piergiorgio Welby (hace dos días) pone fin a un caso que ha ocupado durante tres meses cientos de páginas de periódicos y horas de emisión en Italia. Un enfermo de distrofia muscular, paralizado pero perfectamente lúcido, conectado a un respirador artificial, que pide ser desconectado y morir. Su dura situación clínica no era peor que la de otros enfermos similares, pero sí su situación anímica, a pesar de los cuidados que durante años le prestó su mujer.

Los expertos dictaminaron que no se trataba de un caso de ensañamiento terapéutico. No era un paciente terminal, pues no existía peligro inminente para la vida,  el enfermo estaba consciente y comunicaba a través de su esposa. De acuerdo con las leyes italianas, un paciente puede pedir la suspensión de un  tratamiento que no desee (otra cosa es la valoración moral de esa decisión); y puede solicitar la terapia adecuada para paliar el dolor causado por esa interrupción. Welby podía haber sido acompañado a una muerte sin sufrimiento en conformidad con la ley vigente. Lo que ocurre es que deseaba una sedación que lo llevara de inmediato a la muerte. Para contentarle no bastaba simplemente con desconectar el respirador.

El caso fue abanderado por el Partido Radical italiano, y de este modo lo que era una tragedia íntima y familiar entró a formar parte del “circo mediático”. Al final, un médico anestesista -ajeno a los que atendían al enfermo- le suministró un “cocktail farmacológico” y le desconectó el respirador, en presencia de algunos familiares y de la plana mayor de los radicales. A éstos les faltó tiempo para dar la noticia de la muerte en su emisora de radio y convocar una rueda de prensa. Era lo que buscaban: una muerte bajo los reflectores, en nombre –eso sí- de la piedad y de los derechos individuales.

Si hubo o no delito en la acción del anestesista (si fueron los fármacos los que provocaron la muerte), lo comprobará la magistratura. Lo que sí está claro es el ensañamiento ideológico que ha rodeado todo este trágico episodio. La sobreexposición del caso estaba destinada a provocar la saturación y a suscitar en la sociedad una respuesta más emotiva que racional a favor de la eutanasia. Si lo han conseguido o no es pronto para decirlo.  A ello hay que añadir una información confusa en la que se ocultaba, a veces deliberadamente, que lo que el paciente pedía del Estado era una acción positiva: darle el empujón necesario para el suicidio. (Ante esos hechos, la diócesis de Roma se vio obligada a tomar una decisión difícil: con sus gestos y sus escritos, Welby se había puesto en una situación que contrastaba con la doctrina católica. Por esa razón, y atendiendo también al clamor del caso, no se celebrarán funerales religiosos).

Un especialista en cuidados paliativos que visitó a Welby en los últimos días, y que rechazó ejecutar lo que al final hicieron otros, comentó con amargura: “quien lleva adelante la batalla por la eutanasia y usa a Welby para hacer brecha, olvida que detrás de todo esto está la soledad y el dolor de un ser humano”. La conclusión no es reglamentar la eutanasia sino preguntarnos qué más podemos hacer por estos enfermos que han perdido las ganas de vivir. 

El pluralismo religioso como excusa

Presepe

“No ofendamos a los creyentes de otras religiones”. Este suele ser el lema que se esgrime para eliminar de la vida pública de países de mayoría cristiana expresiones o símbolos de origen cristiano. Lo estamos viendo en estas semanas que preceden a la navidad. En algunos casos, todo hay que decirlo, con argumentaciones cuya lógica es difícil de seguir. 

Pero ahora resulta que los supuestos beneficiarios de esas iniciativas –los musulmanes, en la mayoría de los casos europeos- no parecen tan entusiastas. “El deseo de secularización de las festividades religiosas ofende a cristianos y musulmanes”, afirman en Gran Bretaña representantes de ambas comunidades, según publicaba The Daily Telegraph semanas atrás.

Pero la declaración conjunta da un paso más: “los que usan el hecho del pluralismo religioso como una excusa para descristianizar la sociedad británica, están promoviendo sin saberlo el radicalismo: provocan el antagonismo contra los musulmanes y otros grupos, endosándoles unas intenciones anticristianas de las que carecen”. Es decir, se desencadena un efecto contrario del que se afirma sostener. Sobre estos temas sigue siendo de actualidad lo que escribía Umberto Eco hace un año.

Ser laico “prêt à porter”

Boxes Recorté hace varios días una noticia de ABC (3 de noviembre; link no disponible), que tenía este titular:

“SOMOS UN PARTIDO LAICO Y ESTAMOS A FAVOR DE LOS MATRIMONIOS HOMOSEXUALES”

He ido a buscar la definición de “laico” que hace la Real Academia de la Lengua. La segunda acepción es: “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. En el ámbito de las argumentaciones, una “argumentación laica” sería aquella que llega a determinadas conclusiones porque se consideran racionalmente convincentes, sin que en esa deducción intervengan vinculaciones religiosas.

Según esa descripción, yo podría concluir -muy laicamente- que no es conveniente para la sociedad que se aplique la forma de matrimonio a uniones de personas del mismo sexo. El hecho, sin embargo, es que algunos pretenden ofrecer a todos el contenido de los que es ser “laico”, como si se tratara de un paquete preconfeccionado y cerrado. Si usted quiere ser laico, tiene que aceptar el “kit” ya preparado por otros. En el caso que nos ocupa, no se puede ser “laico” si se tiene una opinión diversa.

Se podría rebatir que, en el fondo, lo que se defiende es la libertad. Pero aquí no hay libertad, pues me dan ya la opción hecha. La paradoja es que se busca la independencia de la Iglesia, pero se acaba en manos de otra “iglesia”, con sus sumos sacerdotes, ritos, biblias y dogmas. Se me impide pensar con mi cabeza, no vaya a ser que cometa el error de llegar solito a las mismas conclusiones que propone la Iglesia de Roma.

Llámalo “mercy killing”, pero es matar

Piccolo

El campo de los problemas éticos es uno de los más fértiles en eufemismos. Como la realidad es dura y produce rechazo, es preciso encontrar palabras que la dulcifiquen, de modo que el concepto que encierran se acepte con más facilidad.  Uno de los últimos fichajes es “mercy killing”, matar por compasión, con el que se presenta la eutanasia no sólo como algo posible, sino incluso como un deber moral.  Los medios de comunicación son buenos vehículos para que ese nuevo lenguaje se acabe imponiendo.

No es este el caso del titular de The Sunday Times (5 de noviembre): “Doctores: dejadnos matar a los niños discapacitados”.  Se informa de una propuesta del "Royal College of Obstetricians and Gynaecology" para que se pueda aplicar la eutanasia a recién nacidos con serias minusvalías. Como la eutanasia no está permitida en Gran Bretaña, lo que buscan es que “the mercy killing” de recién nacidos sea debatida en la sociedad, pues con ella se ahorrarían sufrimientos a los padres y dinero público. La propuesta ha sido acogida con entusiasmo por Pieter Sauer, co-autor del Protocolo de Groningen, que propugna la eutanasia neonatal en Holanda. Otros, como John Harris, afirman que en el fondo –siendo el aborto legal- qué diferencia hay entre matarlos antes o después.

También se han oído voces críticas, como la John Wyatt, neonatólogo en el University College de Londres, para quien con esa propuesta se cambia la naturaleza de la medicina y se la convierte en ingeniería social. Al final, observa, indicar quien merece morir o vivir acaba siendo una decisión subjetiva.  “Animo -comenta con irónica amargura Eugenia Roccella en Avvenire de hoy-: estamos entrando en el terrorífico universo descrito en un viejo relato de ciencia-ficción de Philip Dick, Las pre-personas. Allí el autor imaginaba una sociedad en la que los niños eran considerados plenamente personas cuando eran capaces de resolver una ecuación de álgebra”.

Los nuevos intocables

Intocables

No, no tiene nada que ver con un "remake" de la película sobre Eliot Ness. Me refiero a un episodio que ha ocurrido en Bolonia, pero que se repite un poco en todas partes. Un semanario diocesano critica un festival promovido por el “gay lesbian center” que se desarrollará durante esta semana en esa ciudad italiana. El artículo se pregunta si es lícito “gastar dinero público para financiar espectáculos de pornostar disfrazadas de artistas”. La respuesta es que no y añade que estamos “ante el enésimo intento de hacer pasar por cultura los intereses de una lobby”. Afirma también que “no podemos aceptar una invasión barbárica que ofende a la fe y a la razón de los boloñeses”.

La respuesta del alcalde no se hizo esperar. “Pienso que sólo la censura y la intolerancia corren el riesgo de transportarnos al tiempo de los bárbaros”. Y añade: “pienso que la libre expresión en el arte y en la cultura represente una de las grandes conquistas del hombre en la ética moderna y constituya la riqueza de vivir en un estado laico”. La réplica del arzobispado: “el festival en cuestión se está celebrando... Los concejales de cultura los han libremente ilustrado.. Sus contenidos está disponibles a todo el mundo en Internet. ¿Dónde está la censura? La Iglesia no censura a nadie, pero tampoco acepta ser censurada porque no puede abdicar de su deber-derecho de hablar a favor del bien y de la dignidad de la persona humana... expresando también su parecer sobre cómo se gasta el dinero público”.

Dejo de lado ahora el contenido efectivo del festival. Lo que me llama la atención es el uso de la palabra “intolerante”, lanzada contra quien critica, del mismo modo que hace años se usaba la de “fascista”.  Se renuncia a la discusión a cambio de una etiqueta: si no me aplaudes, eres un intolerante. Es un modo sutil de provocar la censura en los demás. También se podría razonar sobre el uso de la expresión “Estado laico”, incluso –como en este caso- para negar una de sus consecuencias: la libre expresión, también del que critica.

El fosilizado concepto de tradición de los lefebvrianos

Quien pensara que con la “liberalización” de la misa en rito tridentino –que el Papa, según parece, podría decretar en los próximos meses- los lefebvrianos darían su brazo a torcer, conoce poco la mentalidad lefebvriana. En efecto, según informa L’Indipendente (26 de octubre, referencia no disponible on line),  en el último número de la revista de los seguidores de Lefebvre en Italia se incluye una invectiva contra Benedicto XVI. La conclusión es que el mismo Papado ha demostrado ser “una institución en avanzado estado de descomposición”.

El problema no es la misa tridentina, sino el concepto de tradición del que se hacen portadores los lefebvrianos. Lo explica muy bien hoy, a propósito de otro tema, el escritor y ensayista italiano Claudio Magris en el Corriere della Sera. “Un autentico tradicionalista acoge toda la tradición, tanto el concilio Vaticano II, como el I y el de Trento. Puede y debe condenar las culpas mundanas de la Iglesia, pero debe aceptar íntegramente su magisterio, aunque puede sentirse personalmente más cercano a unos momentos que a otros, y apreciar más a Juan XXIII que a Pío XII, o al revés”. 

Lefebvre

Citando al ensayista y poeta italiano Rodolfo Quatrelli, sostiene Magris que la tradición “es negada y vilipendiada por los tradicionalistas [como los lefebvrianos] que miran al pasado y solo al pasado, como si el espíritu cristiano-católico su hubiera agotado en los primeros siglos de vida de la Iglesia y no tuviera después nada que decir, sino solo repetirse”. La tradición, por el contrario, es “la creatividad espiritual de la Iglesia que no pierde jamás su frescura original y su vitalidad, sino que la acrecienta de continuo, sin negar nada del pasado pero abriéndose al presente y al futuro. De este modo, responde siempre a las nuevas exigencias de la historia del hombre, insertándolas e integrándolas en su unidad y en su continuidad”. Magris es un “laico” que da una lección de teología católica a los que se consideran a sí mismos –con arrogancia manifiesta- los primeros de la clase.

No imponer la fe... de los demás

Progressia

Con motivo de la reunión periódica entre los primeros ministros de Italia y España, el diario milanés Corriere della Sera (15 de octubre) publicó una entrevista con Rodríguez Zapatero. En la entradilla, el diario afirma que el gobierno de Rodríguez “convirtió en facultativa (era obligatoria) la enseñanza de la religión” en España, provocando la irritación de la Iglesia y las manifestaciones organizadas en signo de protesta.

Los datos, sin embargo, desmienten esa afirmación. La enseñanza de la religión no era “obligatoria”. De 1980 a 1990, todos los estudiantes españoles tuvieron la posibilidad de elegir entre religión católica y otra materia llamada Ética. Desde 1990 hasta ahora, cada escuela ofrecía una materia alternativa a la de religión. Antes de la llegada del actual gobierno socialista, existía el proyecto de una materia común “Sociedad, Cultura y Religiones”, con una versión confesional (donde se explicarían la religión católica y otras religiones) y otra versión no confesional (donde se explicaría el hecho religioso como parte de la cultura humana).

Aparte de arrinconar la enseñaza de la religión, lo que sí está promoviendo el gobierno de Rodríguez Zapatero es una asignatura obligatoria llamada “Educación a la ciudadanía”. Por lo que se sabe hasta el momento, según informa Análisis Digital, es que el proyecto de la materia se basa en contenidos laicistas que excluyen cualquier dimensión trascendente de la vida, así como planteamientos éticos sesgados, con una carga ideológica especialmente relevante en asuntos como las relaciones humanas, los tipos de familia, la ideología de género o las orientaciones sexuales. Es decir, se pretende imponer otra religión desde el Estado, a la par que desaparece la posibilidad de elección. En el resumen de la entrevista que ofrece El Mundo, Rodríguez Zapatero afirma que "la fe no legisla, pertenece a la esfera individual". Por lo que se ve, da la impresión que se refiere a la fe de los demás, no a la propia.

Lost in translation (sólo en tres idiomas el discurso de Ratisbona)

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Llama la atención que no exista todavía –a fecha de hoy- una versión oficial en español del discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona. Se trata de un texto importante, que ha levantado además tanta polvareda. Sorprende también que no exista una versión oficial en árabe, lengua madre de millones de musulmanes que podrían disponer así de una traducción adecuada de lo que dijo el Papa.

Pensaba que tras las anotaciones hechas por Benedicto XVI a ese di