Importa poco que el contenido de los documentos pueda ser más o menos extravagante (a las instituciones, y pienso que más aún al Vaticano, llegan muchos mensajes estrambóticos). Al margen del contenido, la sensación que se transmite -con este goteo de filtraciones de documentos que llegan a la Secretaría de Estado vaticana -es que todo lo que se envía al Papa confidencialmente podría terminar al día siguiente en las páginas de cualquier periódico.
Personalmente, no me inclino a vislumbrar detrás de esto luchas de poder entre diversas facciones o cordadas. Lo que veo aquí es una manifestación de deslealtad de uno o más empleados, supongo que de rango medio. Un comportamiento casi de rabieta infantil que lanza una luz de sospecha contra todo un organismo en el que trabaja una mayoría de personas sinceramente dedicadas a servir, esforzada y silenciosamente, a la Iglesia y al Papa.
En todas las instituciones hay gente mediocre que acaba culpando a los demás de su propia mediocridad, y reacciona con pataleos de este tipo. A esos señores, tal vez más preocupados por su nombramiento como monseñor o dolidos por alguna prebenda clerical que se les ha negado, habría que recordarles que la Iglesia no es de su propiedad. Que no hacen ninguna falta. Que es mejor que se quiten de en medio. Simplemente estorban y no nos dejan oír lo que verdaderamente nos interesa, que no son precisamente sus ridículas pequeñeces.

Estoy totalmente de acuerdo, y con lo de que los mediocres le echan la culpan a los demas de sus pifias es totalmente asi. Una pena. Pablo
Publicado por: Pecados | 22/02/2012 en 10:20 p.m.