Hay algo de paradójico en el “clima mediático” dominante en estas semanas que preceden al viaje de Benedicto XVI a Gran Bretaña. Como se sabe, los que protestan por el viaje se han organizado, con página web y todo. Hay que decir que tienen ya mucho ganado, sin necesidad de grandes esfuerzos, pues las emisoras de televisión BBC y Channel 4 preparan programas especiales, que se anuncian particularmente agresivos contra el Papa.
Se diría que esa protesta organizada forma parte de la protesta de oficio de los profesionales de la protesta contra el Papa. Son nombres que se repiten desde hace tiempo en todas las salsas (Christopher Hitchens, Richard Dawkins & Cia). El riesgo –para ellos- es que usan una retórica que ya están empezando a cansar incluso a los que estarían de acuerdo con la protesta. Usan una agresividad, me permito apuntar, tan repetitiva que acaba siendo sinónimo de conformismo. Esa sería la primera paradoja.
La segunda es que el único sondeo –que yo sepa- sobre lo que piensa “la gente” de la visita del Papa se ha realizado en Escocia y muestra que tan solo el cinco por ciento de la población se opone al viaje. Comenta The Scotsman: “Si este sondeo se hubiera realizado hace 50 años, cuando las antipatías anticatólicas eran la opinión mayoritaria en este país, los resultados hubieran sido muy diferentes. Incluso hace 15 años, la oposición hubiera sido significativamente mayor”.
La tercera paradoja es que uno de los actividas más aguerridos contra el viaje del Papa no es un militante ateo, o un troskista old fashion, sino una monja. No es nueva en esta faceta, pues desde hace años está sistemáticamente en contra de lo que dice el Papa, a quien comparó recientemente con un líder político de la extrema derecha racista. Aquí si que hay que decir que la tolerancia de la institución parece encomiable.

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