El presidente del Consejo Pontificio
para la Cultura, mons. Gianfranco Ravasi, anunció que promoverán
una fundación dedicada al diálogo con los no creyentes. Es un modo concreto de poner en práctica un deseo expresado por el Papa durante la
audiencia a la Curia Romana de la pasada navidad, cuando dijo que la
Iglesia debería abrir un espacio de diálogo para cuantos, sin ser creyentes, consideran
abierta la posibilidad de Dios. Benedicto XVI describió ese espacio con la
metáfora del “patio de los gentiles”, la zona del templo de
Jerusalén donde podían estar también los que no pertenecían al
pueblo de Israel.
Según mons. Ravasi, el gran ateísmo está hoy -por desgracia- en crisis. Era el que caracterizaba a Marx o a Nietzsche, que proponía una explicación de la realidad alternativa a la del creyente, “pero que tenía su ética y su visión seria y valiente”. Hoy hay otros tipos de ateísmos, y no todos tienen las condiciones necesarias para ser interlocutores de esta iniciativa. Carecen de ellas, por ejemplo, los “ateos folclóricos” o los ironico-sarcásticos, al estilo de autores como Dawkins, Onfray y Hitchens, que toman como creencia algunos aspectos marginales, o determinadas posiciones fundamentalistas, y de ahí elaboran su discurso (y viven del hecho de “ser y ejercer de ateos, con sus libros y sus talk shows”: esto lo añado yo).
Hace años existía un organismo en la Santa Sede llamado Consejo Pontificio para el Diálogo con los No Creyentes, que tuvo que cerrar tras la caída del Muro de Berlín, pues se quedó sin interlocutores. En efecto, los interlocutores eran las famosas académicas de las Ciencias y demás, tan características del régimen soviético y de sus satélites. Temo que aquel diálogo institucional acabó siendo un paripé y una pérdida de tiempo. Lo que se propone ahora parece un poco más realista, pues existen ateos no militantes, gente que no cree en Dios pero que está abierta al descubrimiento y que incluso experimenta cierta nostalgia de Dios.

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