La prensa italiana informa de que el
nuncio apostólico en Francia envió el pasado 8 de enero una carta a
algunos parlamentarios del Partido Popular Europeo (de la asamblea
parlamentaria del Consejo de Europa) para solicitarles el empeño a
modificar la resolución sobre las “discriminaciones por motivos de
la orientación sexual y la identidad de género”, que la asamblea
empezó a discutir ayer.
La resolución en cuestión, preparada por el parlamentario socialista suizo Andreas Gross, sugiere -entre otros puntos- el reconocimiento de las parejas homosexuales, su acceso a la fecundación artificial y a la adopción. En su carta, el nuncio invitaba también a oponerse a otro proyecto de resolución que considera el aborto como derecho, preparado con motivo de los quince años de la conferencia sobre población y desarrollo. La misiva animaba, por último, a sostener a dos candidatos concretos en dos votaciones que se debían realizar en los días sucesivos.
(El voto de la recomendación sobre “discriminación por motivos de la orientación sexual” se pasará al mes de abril, debido al gran número de enmiendas, presentadas en su mayor parte por el Partido Popular. El proyecto referido al aborto empieza a discutirse hoy. De los nombres sugeridos, uno salió elegido, el otro no).
La noticia de la carta del nuncio fue divulgada en el aula por la parlamentaria socialista de Luxemburgo Lydie Err, quien denunció esta “inaceptable y escandalosa” intervención vaticana. Algún diario tituló incluso la noticia con ese tono: “Presiones sobre el PPE. El Vaticano bajo acusación”. En realidad, la acción ha sido una ingenuidad, pero no una "presión": la carta se limita -sin más- a recordar algunos puntos particularmente sensibles, como la familia, la relación hombre-mujer, la vida. Desde luego, es preferible hacer todo esto a la luz del día, como se suele hacer. También para evitar sensación de complot. En todo caso, no deja de ser curioso que estas historias de “presiones” salgan a la prensa solo cuando se trata del Vaticano. Temo que los pasillos de las abundantes burocracias europeas no están llenos precisamente de obispos...

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