Hablamos hace unas semanas
aquí de la delicada situación de la Iglesia en
Bélgica, un diagnóstico que una crónica de Le Monde (19 de enero, en pdf)
confirma y sintetiza así: “crisis de vocaciones, disminución de
la práctica religiosa y la aceptación resignada por parte de los
católicos, de leyes que ha liberalizado el aborto, la eutanasia y el
matrimonio homosexual”. Concluye
el diario parisino, a propósito del nombramiento de mons.
André-Mutien Léonard como nuevo arzobispo de Malines-Bruselas y
primado de Bélgica: “la decisión de Roma corre el riesgo, según
algunos observadores, de provocar una fractura en el seno de la
Iglesia belga entre quienes sostienen la apertura a la sociedad
moderna y los que apoyan la vuelta a una rígida doctrina”.
Entre estos últimos, naturalmente, se encuentra el nuevo arzobispo.
Es
interesante observar cómo a algunos comentaristas les entra, así de
repente, una gran preocupación por la unidad de la Iglesia, cuando
parece obvio -al mismo tiempo- que gran parte de su actividad
profesional se diría que consiste (precisamente) en subrayar y
fomentar el conflicto, es decir, la división. Al margen de esta
“malévola” observación, lo que más me interesa de esa frase es
el modo de plantear las alternativas: “apertura a la sociedad
moderna” versus “vuelta a una rígida doctrina”.
La
propuesta de los católicos, según el cronista, solo admite esas dos
posibilidades, que se podrían sintetizar todavía más: asimilación
(algo positivo, que mira al futuro) o recuperación de la propia
identidad (vista como algo negativo y “rígido”, que mira al
pasado). Me parece que no digo nada original si subrayo que la vía
normal es otra, que no cae en ese falso dilema: apertura a la
sociedad moderna manteniendo la propia identidad.
Otra cosa es quien certifica en qué consiste la modernidad, pero al menos es preciso no plantear los términos del debate con las cartas trucadas.
Hola, sigo desde hace tiempo tu blog aunque hasta ahora no me había decidido a comentar. Comento porque el tema me interesa bastante: vivo en Bélgica y llevo cerca de una semana leyendo en los periódicos flamencos sobre el tema.
Es cierto lo que dices, se nota en algunos artículos sobre el tema ese intento de señalar la división en la Iglesia: "los que se adaptan" y "los de la propia identidad", cuando como bien dices la postura ha de ser: apertura a la sociedad moderna manteniendo la propia identidad.
El nuevo arzobispo, André-Joseph Leonard, ha preguntado a los periodistas que porqué le llaman "ultraconservador" por sus posturas acerca del aborto cuando el cardenal Danneels piensa exactamente lo mismo. Además remarca que el cambio de arzobispo no es una "ruptura", que él es un obispo católico como el anterior, quizás con otro estilo, con más "garra" y fuerza pero hermano en la fe del anterior.
Pero además, leyendo los artículos en la prensa sobre el tema me ha dado la sensación que, por ignorancia o por maldad, se ha intentado darle una visión "política" al tema. Es el error de quitarle a la Iglesia su dimensión sobrenatural para dejarlo en algo sólo "terreno", cómo es la política.
Perdón por el rollo....
Publicado por: Burroilustrado.blogspot.com | 20/01/2010 en 10:23 p.m.
Volver a recuperar la identidad como una necesidad no es nada nuevo lo contrario sería diluirse en medio de una saciedad que esta de por si disgregada, solo de esa forma se puede ofrecr el mensaje del Evangelio de lo contrario ¿donde queda en si la novedad de Cristo?
Publicado por: Heston | 03/02/2010 en 07:51 p.m.