[Vuelvo, después de una prolongada ausencia por –como se suele decir- motivos ajenos a mi voluntad: nada de especial, simple atasco. Gracias a los que me habéis llamado al orden…].
Escribe el veterano “vaticanista”
Luigi Accattoli en
Liberal sobre los pequeños cambios que Benedicto XVI ha ido introduciendo en la liturgia de las ceremonias papales. “Una sabia dosificación de elementos nuevos y antiguos, para señalar la continuidad del Papado, más allá de la línea divisoria del concilio”.
Se refiere a cambios en los ornamentos, el báculo o pastoral pero sobre todo en los gestos. Por ejemplo, a partir de la fiesta del Corpus del año pasado, el Papa comenzó a dar la comunión exclusivamente en la boca y a fieles arrodillados. Meses después, en noviembre, los candeleros y el crucifijo volvieron al altar papal, de donde habían desaparecido con la reforma litúrgica (la cruz se colocaba a un lado, mientras que los candelabros fueron sustituidos por una especie de cuencos).
Precisa Accattoli que estas pequeñas “recuperaciones” se producen sin que se haya modificado nada de los aspectos centrales del rito litúrgico que siguió al concilio. Lo que el Papa quiere, escribe, es ayudar a los fieles a profundizar en el sentido de lo que se está celebrando. Esto se nota especialmente en las pausas (después de las lecturas, de la homilía, de la comunión). “Con estas pausas, el Papa trata de educar a las multitudes a un mayor recogimiento en cada celebración”. Accattoli no lo menciona, pero es evidente el efecto multiplicador en todo el mundo de esos pequeños gestos del Papa. (El artículo, en pdf, está
aquí: seleccionar a continuación la página 10).
Celebro que ya haya vuelto. Le echábamos en falta. La entrada de hoy es muy sugerente... Saludos
Publicado por: Cyrano | 08/12/2009 en 12:26 p.m.
Qué suerte leerle de nuevo!
Publicado por: juan varela | 08/12/2009 en 06:18 p.m.