Escribe hoy El País sobre Ari Vatanen, ex campeón mundial de rallies que aspira a ser presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), en sustitución de Max Mosley. No es probable que lo consiga, pero ese es otro tema. A lo que voy es al modo en que el diario madrileño presenta a Vatanen: “
Un radical al volante”, se lee en el título. Y en el subtítulo se especifica: “Vatanen, opuesto al aborto y la eutanasia, aspira hoy a ganar a Todt para presidir la FIA”.
Es decir, el ex piloto finlandés es radical porque se opone al aborto y a la eutanasia. Me pregunto si se trata de un energúmeno que va dando mandobles al personal que no piensa como él. Pero, según se deduce leyendo sus mismas frases sobre el aborto que publica El País, Vatanen no ofrece de ningún modo esa impresión. Puede resultar más políticamente incorrecta su actitud ante el cambio climático, que no se lo cree, pero no es esa la radicalidad que se subraya en titulares.
En resumen, El País considera a Vatanen un radical por no estar a favor del aborto y la eutanasia. He mirado cómo define la Real Academia el término
radical. El diario lo emplea en su cuarta acepción: “Extremoso, tajante, intransigente”. Después de leer cómo se presenta a Vatanen, pienso que la intransigencia es la demostrada por
El País en su afán por imponer el pensamiento único a los demás, incluso en una inocente página de la sección de Deportes. Se descalifica como “radicales” a los que considera “disidentes” de su modo de pensar. No sé porqué, pero es una actitud que sabe de régimen ya pasado…
Esta anotación (y la imagen usada para ilustrarla) apunta a algo que me parece que valdría la pena razonar, y es esto:
Señalas que El País hace una descripción "ideológica" al calificar con el adjetivo "radical" -entendido como "extremoso, tajante e intransigente"- a una persona que se opone al aborto y a la eutanasia. Y estoy de acuerdo. Entiendo que es un modo ideológico de presentar a Ari Vatanen.
Mi pregunta es: ¿es ideológico porque no coincide con lo que tú piensas sobre el aborto y la eutanasia, o porque no hace justicia a lo que el aborto y la eutanasia son? Estoy segura de que tu respuesta (y la mía) es la segunda.
Lo que ocurre es que algunas personas no lo ven igual (supongo que eso es lo que le pasa a quien escribió ese titular para el artículo del País).
Se puede entender que Leni Riefensthal hizo propaganda ideológica a favor del Régimen Nazi, y a la vez, que Frank Capra hizo lo mismo con respecto a los Estados Unidos en su serie de documentales “Why We Fight”. ¿Son ideológicas las dos cosas? Sí.
Lo que ocurre es que Riefensthal defiende un sistema que es de por sí injusto, mientras que Capra hace una apología de la libertad (aunque habría que matizar esto a la vista de los hechos posteriores: las “guerras preventivas” y demás).
Lo que quiero poner sobre el tapete es que al hacer periodismo o ficción se incluyen, necesariamente, los principios desde los que se habla. Y sólo veo dos alternativas: o se habla desde la ideología (el poder o el dinero), o se habla desde el respeto a la realidad de las cosas y de las personas (aunque sea muy difícil saber, en la práctica, que significa esto último). Por eso, es tan difícil y riesgoso ser periodista o autor de ficción (guionista, analista de historias, director). Uno “se la juega” en cada cosa que hace: no cabe la neutralidad o la objetividad, sólo tratar de “hacer bien la verdad”.
Algo que tiene que ver con lo que J. J. García-Noblejas ( http://www.scriptor.org/2009/10/congreso-internacional-de-comunicacion-en-navarra-imageing-reality.html ) acaba de decir, referido a la representación de la violencia en la ficción, en el XXIV Congreso Internacional de Comunicación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra “IMAGEing Reality”. (http://www.unav.es/fcom/cicom/oct09/es/presentacion.htm ).
“Me pregunto más o menos esto: ¿cómo desvelar cinematográficamente la violencia sin provocar nuevas espirales de violencia?
La respuesta teórica y cómoda es ésta: teniendo en cuenta y evitando la más que posible violencia narrativa, dramática y espectacular que puede implicar el hacer una ficción.
La respuesta práctica, más incómoda y exigente, tiene que ver con esto: con la capacidad operativa del artista para el auto-sacrificio y el hacer-se violencia al expresarse. Es decir, la capacidad de no hacer violencia a la realidad y a las personas implicadas (quizá dentro de su ficción) y desde luego fuera de ella y con ella.
Es decir, a fin de cuentas, algo bien sabido: no sacrificar nada ni nadie distinto de uno mismo, con el fin de lograr la propia tranquilidad, quizá en forma de éxito de crítica y público. Porque de ser así, ésta sería una tranquilidad más bien superficial, pasajera, y desde luego de escaso alcance artístico”. (Las negritas son mías)
Por cierto, el documental de Riefensthal sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 (lo acabo de ver en You Tube: http://video.google.com/videoplay?docid=-81253131577121557# ) no me pareció pro-nazi. Se ve que no toda su producción es ideológica.
Perdona, Diego, por lo largo de este comentario. Quizá más adelante podamos discutir estas y otras cuestiones semejantes en un sitio que estoy preparando “Ecología de la Comunicación” (Work In Progress: http://www.ecologiadelacomunicacion.com/ ). Te avisaré.
Publicado por: csb | 26/10/2009 en 12:49 p.m.