En una entrevista en la CNN, Diana relató (ver video arriba, en inglés) que a pesar del dolor que tanto ella como su marido y su familia sufrieron desde que se descubrió la enfermedad (cuatro meses antes del nacimiento), cuando nació la niña todos se llenaron de “una increíble felicidad”. Muchos parientes y amigos acudieron al hospital apenas supieron la noticia, de modo que la niña –que nació con deformidades- pasaba de unos brazos a otros...
Diane cuenta que Angela murió en su regazo y que sus miradas se cruzaron en varias ocasiones. “Murió pacíficamente. El sufrimiento fue nuestro. Durante dos semanas… en realidad, todo un año, la lloramos, como se llora a un ser querido que muere. Es parte normal de la vida. No puedes evitar el hecho de la enfermedad y la muerte. Pero nos sentimos muy tranquilos cuando todo terminó”. Por el contexto y el modo de decirlo, se entiende que la tranquilidad de la que habla es la de quien siente que ha hecho lo que tenía que hacer. (transcripción de sus palabras, en inglés).

Yo he conocido el caso de una pareja joven, algo parecido. En este caso, en contra de todas las opiniones médicas, decidieron seguir adelante con un embarazo de un niño que les dijeron que moriría al nacer (si llegaba a nacer).
Es curioso pero contaban, en medio de gran sufrimiento pero reconfortados en su decisión y apoyados por su parroquia y familia, que cuando contaron su decisión, mucho del personal sanitario y médicos les apoyaron y ayudaron... como si estuviesen deseando en lo más íntimo que no matasen a su hijo.
La última vez que les vi tenían ya otro niño, y estoy seguro que jamás podrían tratar y mirar con ese amor al niño si hubiesen actuado diferente con "su hermano mayor".
Una bendición.
Publicado por: rm | 08/06/2009 en 08:46 a.m.
Gracias, rm. Lo que cuentas es realmente impresionante aunque parezca normal.
Publicado por: dc [blogger] | 08/06/2009 en 04:13 p.m.