Las dos noticias han salido a la luz casi al mismo tiempo y el contraste no puede ser más llamativo. Me refiero a la carta que el Papa ha dirigido hoy a los sacerdotes, con motivo del “Año Sacerdotal” que empieza mañana, y el memorandum surgido por “iniciativa de laicos austriacos”, que incluye –entre otros puntos- que se suprima el celibato sacerdotal. La propuesta fue presentada al Prefecto de la Congregación vaticana para el Clero por el arzobispo de Viena, cardenal Schönborn (quien hizo de mensajero, sin compartirla, pues lo había prometido a los promotores).
Benedicto XVI glosa en su carta la figura y el ejemplo del Santo Cura de Ars, Juan María de Vianney, del que se conmemora el 150 aniversario de muerte, punto de arranque de este Año Sacerdotal que lleva por lema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. Su objetivo es "promover el empeño de renovación interior de todos los sacerdotes, con el fin de lograr que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más fuerte e incisivo". El Papa concluye la carta con unas frases en las que pide a la Virgen que “suscite en el alma de todos los sacerdotes un generoso relanzamiento de los ideales de total entrega a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la acción del Santo Cura de Ars”.
Por contraste, en la misiva que llevó el cardenal de Viena se pide la abolición del celibato, la reincorporación al ministerio de los sacerdotes casados, la ordenación diaconal de la mujer y la sacerdotal de hombres casados (los llamados “viri probati”). Entre los motivos que aducen los promotores –incluidos personalidades de la vida política y social austriaca- figuran la escasez de sacerdotes. La petición, ciertamente, suena demasiado ideológica, pero no dudo de que el cardenal Schönborn habrá tenido sus buenas razones para haber actuado de cartero. Ya se ve que la situación del país no es fácil.
Lo que me parece más interesante es la respuesta indirecta que el propio Schönborn (citando al Papa) da a esa petición. En unas declaraciones al programa alemán de Radio Vaticano comentó que durante el reciente encuentro con representantes del episcopado austriaco, el Papa ”ha dicho algo sobre el celibato que nos ha impresionado. Dijo que, en el fondo, la cuestión es si creemos que es posible y que tenga sentido vivir una vida fundada solo y exclusivamente sobre una cosa, Dios”. Y comento yo: es lo que se dice ir al núcleo de la cuestión. Como afirma un amigo, los seminarios no los llenan las esposas ni las suegras, sino las vocaciones. El resto es un mito, que se repite cíclicamente.

Muy bien. De acuerdo con todas las ideas. Gracias por la entrada del blog.
Publicado por: Cyrano | 19/06/2009 en 10:29 a.m.
¿Una vida fundada solo y exclusivamente en Dios excluye el amor humano que Él mismo creó para unir al hombre y la mujer y dar vida? Me parece contraproducente. Muchas personas casadas o que van camino de ello están muy centradas en Dios y en el amor a los hermanos. Una cosa no quita la otra, y me parece que difundiendo lo contrario estáis menospreciando mucho el matrimonio. Bueno, y hablando de menospreciar, la frase "de tu amigo" es muy despectiva hacia las mujeres... ¡cuántas vocaciones se perderían sin el acompañamiento amoroso de una madre/hermana/amiga/novia/etc.!
Me parece que los planteamientos ideológicos no están sólo en el lado de quienes están en contra del celibato...
Publicado por: Susana | 29/06/2009 en 03:03 a.m.
Susana, creo que es exagerado decir que la frase de mi amigo es despectiva. Si así lo entendiera, no la habría puesto. Pienso que el celibato no es menospreciar el matrimonio, sino darle más valor: hay gente capaz de renunciar a él, pero solo por Dios. En ambos casos se requiere amor y compromiso.
Publicado por: dc [blogger] | 29/06/2009 en 06:51 p.m.