Se cumple mañana (9 de marzo) un
mes del adiós a Eluana Englaro, la primera mujer italiana sometida
legalmente a un proceso de muerte en la república italiana. Como se
recordará, Eluana llevaba diecisiete años en estado vegetativo estable,
como consecuencia de los traumas de un accidente de tráfico; pero no
estaba enferma, ni en estado terminal, ni en coma. No seguía ningún
tratamiento médico. Lo único que necesitaba era alimentarse y beber
agua. Lo hacía a través de una simple sonda, con alimentos normales,
pero batidos. No estaba conectada a ninguna máquina, ni dependía de
ningún artefacto.
Después de una
larga batalla legal, los tribunales (con una sentencia muy polémica)
consideraron legítima la petición del padre de Eluana para que le
suspendieran la alimentación y la hidratación. Y así se hizo. El
gobierno intentó en el último momento emanar un decreto para garantizar
para todos los ciudadanos el derecho a la alimentación y a la
hidratación, por considerar que no son tratamientos médicos. Pero
Eluana murió antes, como “consecuencia de la deshidratación”, después
de que se le “aplicara el protocolo” [palabra aséptica que sustituyó en
esos días la más cruda realidad de suspenderle la alimentación y el
agua].
Pasada la emotividad
que suscitó el caso, se pueden hacer tres breves consideraciones. La
primera es constatar que lo que su padre ha llevado y sigue llevando a
cabo es una batalla política: no quiere solucionar “su” caso, sino
cambiar las cosas para que en Italia se pueda morir con el amparo de la
ley. La segunda es que no se ha tratado de la actuación de un pobre
padre desesperado, sino del frío plan de un grupo de personas, entre
los que figuraban abogados, médicos y periodistas [que han
protagonizado, además, alguna salida de tono: el abogado que coordinó
la operación invitó a la “prensa amiga” a un recibimiento cuando el
cuerpo de Eluana estaba todavía caliente... Y lo más triste es que
algunos colegas asistieron a tan macabra “celebración”]. Y la última es
que queda el ejemplo silencioso de las monjas que cuidaron de Eluana en
los últimos quince años: fueron ellas quienes llevaron el peso real y
las que suplicaron, en vano, a su padre que se la dejaran. ¿Dónde está
realmente la piedad?
Estando de acuerdo en varias de las ideas, también creo importante resaltar que el proceso judicial no ha sido especialmente rápido ni fácil. Si alguien está dispuesto a pasar por eso durante años, quiere decir que cree en ello realmente, esté equivocado o no.
Esto se habría evitado si Berlusconi hubiera prestado un mínimo de atención al caso antes, que años había tenido. Pero no, él solo funciona a base de demagogia, y así salieron las cosas como salieron, claro.
Por desgracia nunca sabremos lo que hubiera pensado Eluana. Y por desgracia, tengo la impresión de que a nadie le importaba realmente lo que ella pensaba. ¿Y si ella hubiera querido suicidarse con ayuda? A la Iglesia también le habría parecido mal.
Tengo una duda: ¿un padre puede renunciar a la custodia de su hija? Yo creo que eso sería razonable, igual que se pueden dar niños en adopción. Y otra: ¿Por qué el Estado no le quitó la custodia al padre de Eluana? Eso se hace con menores maltratados, por ejemplo. ¿Con la ley de Berlusconi eso podrá ocurrir?
Publicado por: A.B. | 09/03/2009 en 01:02 p.m.
A.B.
Creo que no podrían quitarle la custodia porque Eluana ya no era menor de edad... (de hecho ni lo era en el momento del accidente)... No hay custodias que quitar.
No entiendo de leyes, pero custodias lo que se entiende por custodias, creo que solo es aplicable a menores de Edad, se esté en el estado en el que se esté.
Que alguien me corrija.
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Respecto al caso, estoy bastante de acuerdo con toda la entrada.
Publicado por: Bastonivo | 10/03/2009 en 01:59 a.m.
Es cierto que el padre de Eluana ha dado un ejemplo de... tozudez. Pero ese no es -me parece- el valor supremo. El gobierno reaccionó muy tarde, y no solo el de Berlusconi, sino también los que le precedieron. El padre de Eluana era su tutor legal, en cuanto que incapaz de actuar con autonomía. Desconozco qué condiciones se tendrían que haber dado para que un juez le retirara ese título.
Publicado por: dc | 10/03/2009 en 08:11 p.m.
Si Bastonivo está en lo cierto me parece un disparate. Cualquier persona incapacitada mentalmente es equivalente a un menor de edad. Si el padre está obligado a tener la custodia de su hija, es como si su vida fuera su propiedad, así que tiene derecho a quitársela si quiere. No se puede obligar a nadie a cuidar (aunque sólo sea nominalmente, como en este caso) a otra persona. Si el Estado exige algo, debe dar una contrapartida a cambio. Por eso me parece muy egoísta decir que el aborto es inevitable: siempre se puede dar en adopción. La vida de los hijos no es de los padres, o no debería serlo. Tampoco del Estado, claro.
Publicado por: A.B. | 11/03/2009 en 04:19 p.m.
fue un acto de piedad, hacia eluana
Publicado por: claudio vidal | 23/03/2009 en 03:26 p.m.