Hace un par de semanas, el presidente Barak Obama justificó con su fe religiosa la aprobación de fondos federales para la investigación con células madre embrionarias. Esa fe, dijo, le lleva a hacer todo lo posible para aliviar el sufrimiento humano (las enfermedades que esa investigación curará...). Obama presentó la iniciativa como una cuestión de piedad.
Antes de seguir, dejemos de lado dos cosas: la manipulación (no dudo que en buena fe) de la palabra “piedad”, precisamente ante una medida que supone la destrucción de pequeños seres que podrían convertirse en hombres como nosotros si en vez de estar en una pipeta estuvieran en el seno de una mujer. Y la base en la que se fundamenta esa piedad: promesas de milagros que no han llegado tampoco donde esa investigación carecía de reglas éticas.
Lo que me interesa subrayar, de todas formas, es que todavía no he leído ningún comentario escandalizado por el hecho de que Obama mencionara su fe religiosa. En esta ocasión, ningún burócrata francés ni belga apeló a la laicité. Tal vez sea porque algunos solo se acuerdan de eso cuando lo necesitan como arma de combate contra lo que no les gusta. Me parece que instrumentalizan la laicidad, convirtiéndola en una palabra arrojadiza.
(Obama deberá explicar dentro de cuatro meses –con unas directivas concretas- el detalle de su plan. Mientras tanto, empresas como "StemCell", "Geron", "Advanced Cell Technology" han visto como sus acciones subían, respectivamente, del 43, 16 y 32 por ciento. Los apoyos se pagan).
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