Eso no quiere decir que no se pueda reflexionar sobre cómo la Santa Sede ha gestionado (mal) el gobierno y la información sobre el caso del levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos. Algunos cardenales, como el arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, han manifestado públicamente su disgusto. Se ha notado, en efecto, una cierta falta de coordinación entre las oficinas implicadas y se ha dejado pasar la errónea idea de que el Papa perdona a un obispo negacionista. Ha quedado un poco oscurecido el hecho de que el cisma con los seguidores de Lefebvre continúa abierto y que todavía queda mucho camino por recorrer para la unidad con Roma.
La experiencia demuestra que hay que evitar ingenuidades y andar con pies de plomo. Es sintomático, en este sentido, que la entrevista con Williamson a la televisión sueca se grabara el 1 de noviembre y se emitiera solo el 21 de enero, justo cuando se difundía la noticia del levantamiento de la excomunión. No ha sido una casualidad. En medio de todas estas consideraciones, no cabe sino admirar la generosidad del Papa –exponiéndose en primera persona- en su esfuerzo por sanar esta herida de la Iglesia.

Es impresionante el vuelo que ha tenido este incidente, se ha hecho deporte el buscar el dar una interpretación negativa a los que el papa dice y hace creo que se hace necesario que el servicio informativo de la Santa sede tome nota de esto y busque evitar nuevos incidentes comunicacionales trasmitiendo de manera fiel los mensajes del papa.
Publicado por: Pbro. Eduardo Santodomingo | 10/02/2009 en 04:49 a.m.