Es difícil juzgar sin tener todos los datos. Pero como el tema es público, hay que limitarse a lo que ha salido en público. Me refiero a un cierto clima “mediático” que se ha creado en las últimas semanas con el que se está amplificando un presunto “caos” del Vaticano, “su pérdida de prestigio”, etc. a propósito de la gestión del “caso Williamson” y del nombramiento (abortado) del sacerdote Gerhard Maria Wagner como obispo auxiliar de Linz, en Austria (quien renunció, antes de la ordenación episcopal, por la polémica que se creó a propósito de unas declaraciones suyas sobre el huracán Katrina como castigo de Dios, etc.). Ha habido errores, pero sería equivocado relacionar lo dos temas o sacar una teoría de dos episodios.
No llama la atención que personas como Hans Kung centren como objetivo al Papa [que "no es Obama", se lamenta (
pdf)]. Kung siempre ha tenido como objetivo al Papa, con la astucia (ya abusada) de alabar al precedente para criticar al actual. Lo que me sorprende es que algunos señores cardenales, que tienen hilo directo con el Papa, se lamenten a través de la prensa. Y que en algunos casos, como el austriaco, se descargue sobre Roma lo que no se ha sabido hacer en casa.
Una cosa es la transparencia, la disponibilidad, el saber que la comunicación juega un papel esencial en las relaciones humanas, también en la Iglesia, etc. Y otra muy distinta es actuar para (supuestamente) quedar bien ante la prensa o (pretender) salir airoso ante la presión “mediática”. Decía que es difícil juzgar sin tener todos los datos, pero esa es la molesta impresión que me han dado algunas actuaciones eclesiásticas de las últimas semanas, en las que unos –más o menos sutilmente- culpaban a otros para quedar bien ante la galería.
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