Una de las estrategias de la propaganda homosexual, según recomendaban hace ya tres lustros dos de sus gurús, Marshall Kirk y Hunter Madsen, es la de adjudicar la etiqueta de homosexual a personajes del pasado, de modo que la admiración que provocan esas figuras se vierta sobre el estilo de vida homosexual. Añadían además que uno de los enemigos principales de los activistas homosexuales es la religión (y específicamente la Iglesia católica), por lo que todo lo que contribuya a su desprestigio es un punto a favor de la causa.
Desde ese punto de vista, se puede entender que la operación de adjudicar el cartel de homosexual al cardenal John Henry Newman es muy rentable, pues con un golpe se consigue ese doble objetivo. La prensa británica (y como eco, la de otros países) se hizo eco de las declaraciones de activistas homosexuales británicos contra el proyecto de trasladar la sepultura del Newman, en vistas de su futura beatificación. Un portavoz homosexual definió el traslado como un plan “para cubrir la homosexualidad de Newman y un modo de renegar su amor por otro hombre”, Ambrose St John, que yace a su lado. Es un acto de “vergonzosa traición por parte de la odia-gays Iglesia católica”.
Hace falta ser muy cortito o impresionable para caer en una trampa tan burda, pero supongo que siempre habrá alguien que se lo crea, o a quien le suscite la duda. Pero lo que me impresiona no es el uso tan desenfadado de la mentira, de la calumnia y de la patraña. Lo más llamativo es el aire de violencia verbal de esas declaraciones: sería impensable que alguien usara ese tono contra la llamada comunidad gay... Tal vez sea un pequeño síntoma de que está ocurriendo algo.

REsulta curioso que se pretenda vender la imagen de un Newman homosexual teniendo en cuenta que la obra de su vida no estuvo signada por tendencia sexual alguna sino por su espiritu de conversion y fidelidad a la Iglesia.
Publicado por: Eduardo Santodomingo Pbro | 17/09/2008 en 05:57 p.m.