Hace unos días, vi un documental de la Rai titulado La croce e la svastica, que trataba de la acción de los cristianos en Alemania durante el nazismo, una historia tan apasionante como poco conocida. Uno de los aspectos que más me impresionó fue el relato de la reacción de la Iglesia contra las leyes eugenésicas nazis que pretendían imponer la pureza racial ariana, eliminando a los “imperfectos”, entre los que figuraban los niños Down.
Es trágico decirlo, pero pienso que esa mentalidad eugenésica, ayer tan deleznable, hoy ha triunfado en muchos sectores de la sociedad. Una muestra sutil son algunos comentarios de prensa a raiz de la decisión del candidato republicano para las elecciones presidenciales de Estados Unidos de escoger como vicepresidente a Sara Palin. No la conocía de nada, pero resulta que Palin es gobernadora de Alaska y madre de cinco hijos, uno de ellos Down.
La prensa se hizo eco de ese último dato, y en algunos casos casi parece que le reprochaban que lo hubiera tenido. “Los médicos avisaron a Palin de que existía un elevado riesgo de que su hijo menor, Trig Paxson, naciera con síndrome de Down. Rabiosa oponente del aborto, Palin decidió tener el niño”, explica El País. Me da igual que Palin sea repúblicana, demócrata, comunistas o verde. No sé si es “rabiosa” oponente del aborto. Pero ese comentario con el que se sugiere su irresponsablidad por haber tenido un hijo “imperfecto” está en la misma longitud de onda de la propaganda nazi de hace setenta años. Antes se hacía en nombre de la “religión de la sangre”, hoy ¿en nombre de qué?











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