Al hablar de ecumenismo, a veces se
olvida que la división entre los cristianos no se manifiesta solo entre las
diversas confesiones, sino dentro de las mismas confesiones, y que esas nuevas
fisuras influyen luego en el diálogo con Roma. El caso más clamoroso de los
últimos tiempos es el de la Comunión Anglicana, pero también los ortodoxos han
padecido rupturas recientes. Unos y otros vuelven ahora a ser noticias,
por motivos distintos.
La noticia positiva es que por parte
ortodoxa se ha producido un deshielo en las relaciones entre el Patriarcado de
Constantinopla y el Patriarcado de Moscú (el primero detiene un primado de honor y
el segundo el primado de peso, pues es el más numeroso). Ambos estaban
enfrentados por cuestiones de supremacía, un problema recurrente en casa
ortodoxa. Según informa la agencia AsiaNews, las aguas volvieron a su cauce la
semana pasada, y el patriarca ruso Alexio anunció que participarán en el sínodo
pan-ortodoxo que se celebrará en la sede de Constantinopla el próximo mes
de octubre (Moscú no asiste a ese sínodo
desde el año 2000).
Si las divisiones ortodoxas entran dentro de lo que cabría calificar como rencillas de familia, mucho más sería y profunda es la situación de los anglicanos, con el agravante de que la recién concluida conferencia de Lambeth no ha resuelto nada. A juzgar por las informaciones publicadas, la reunión ha servido para evitar que se oficializara la palabra “cisma”: para ello, simplemente se ha retrasado la toma de decisiones, aspecto también complicado, pues “el arzobispo de Canterbury no tiene autoridad para imponer nada”, como ha insistido el proprio interesado. En definitiva, todo parece indicar que el proceso de desintegración continúa.

Entiendo por ecumenismo cristiano el intento por recuperar la unidad perdida de la gran familia cristiana a lo largo de su historia. Los cinco grandes grupos que didacticamente se han establecido de "Iglesias" cristianas: Católica Romana y anglicana, Copta, Orientales, Ortodoxas y Reformadas, surgieron en muchos casos por influencia del contexto histórico de cada época. En algunos casos influyeron cuestiones de tipo político o económico, en otros revoluciones sociales, en otros cuestiones de disputas territoriales y de competencias. Muy pocas veces han sido por cuestiones teológicas.
La vida sigue y actualmente se está produciendo un nuevo aggiornamento en varias iglesias, una actualización y como en toda actualización hay miembros de estas iglesias que están a favor de los cambios y otros que se niegan a tales cambios. También en la ICAR se está produciendo este fenómeno en la actualidad (tradicionalistas, conservadores, progresistas y revolucionarios).
Pienso que la ICAR está enfocando mal el Ecumenismo, porque en la práctica supone: Vuelve a la Iglesia, sometete a mi autoridad y ya veremos que hacemos contigo. A mi juicio me parece que la ICAR está pecando de soberbia al erigirse en la Iglesia verdadera, la única Iglesia de la que todos se separaron. Algo que la historiografía profesional ha demostrado falso, dado que no hay continuidad histórica entre la Iglesia de Jerusalem (Suprimida en el año 70 d.C) y la Iglesia Romana, surgida de la escisión de ésta de la Iglesia Bizantina u ortodoxa (Fundada hacia el Siglo IV d.C tras los edictos de Licinio y Constantino), San Pedro está cuestionado como primer Papa, obispo de Roma o présbitero de Roma, por la historiografía profesional. Pero también me parece que está siendo violenta con los otros cristianos, humillándolos y por tanto oponiendose al ideal de unidad. No se puede buscar la unidad con la humillación.
Pienso que una forma posible de unidad podría ser la que ya existe a nivel de otras iglesias: el Consejo Internacional de las Iglesias,al que la ICAR pertenece como observador. Si entrara como miembro activo y asumiera que debe bajar el nivel para igualarse a las demás iglesias, sin exigencias, ni humillaciones, entonces este organo interiglesias podría ser la llave para lograr a medio plazo la unidad querida, manteniendo para ello su diversidad.
Evidentemente ello supone cuestionar la figura del papa, los dogmas, y toda la legislación canónica. Pero me pregunto ¿Merece la pena hacerlo? ¿Porqué no intentarlo?¿que ganamos y que perdemos con esa linea alternativa?
Hay otras alternativas, como la de crear una iglesia por la suma de todas las iglesias, es decir mediante la fusión de las iglesias en una única iglesia con nuevas formas internas de relacionarse. Lo cual se me antoja empresa muy compleja, por la diversidad.
Personalmente me interesa la opción del "federalismo" de las iglesias. Que haya un organo interiglesias superior, con dirección electiva colegiada o rotativa y con normas dictadas por consenso.
Una cosa es creer y ser cristiano; y otra bien distinta es pertenecer a una iglesia determinada. La Religión es el nexo común, el puente hacia la unidad. Luego ya que cada cual se organice como quiera. ¿Cual es el problema?. O ¿es que vamos a estar a estas alturas hurgando en las heridas del pasado?. Seamos positivos y prácticos.
Publicado por: felix | 09/08/2008 en 12:10 a.m.
Felix, tus comentarios son un poco rollo, te lo digo sinceramente. Además, te crees la biblia. Un caluroso saludo,
Publicado por: Silvia | 09/08/2008 en 01:06 p.m.
Estimada Silvia:
Ante todo le ruego respeto y educación cívica para con aquellos que opinamos libremente en un medio libre de expresión. No pretendía ni aburrirle, ni ofenderle, me parece sencillamente de mal gusto su comentario.
Podemos no opinar lo mismo, o no tener las mismas ideas, o no estar de acuerdo en algo, sin dejar de ser personas que debaten y opinan libremente. No estamos en un estado totalitario partidario del pensamiento único, sino libre y democrático.
Sr. del Blog. No quiero crear polémica, pero pienso que comentarios como los de esta sra o srta están fuera de lugar en un blog como el suyo. Muchas gracias.
Publicado por: felix | 05/09/2008 en 08:54 p.m.