En la arenga a favor de la creación de embriones híbridos de humano y animal que el primer ministro británico, Gordon Brown, publicó hace unos días en The Observer hay una gran omisión, y por eso mismo se trata de un texto hipócrita. Es obvio que el motivo principal de tal legislación es económico, la presión de los laboratorios y multinaciones británicas para no perder comba en lo que ven como el gran negocio del futuro. Pero de ello Brown no dice ni una palabra en todo el artículo. Lo único que ofrece son razones altruistas y emotivas sobre los millones de vidas que se salvarán gracias a esos embriones.
Los políticos no escriben lo que publican, pero lo firman con su nombre. En ese sentido, resulta también llamativo el esfuerzo del primer ministro por circunscribir toda crítica a esa legislación a simples motivos religiosos. En realidad, la iniciativa se puede criticar porque supone manipular burdamente la naturaleza humana, reduciéndola a simple "material" que se mezcla con "material animal". Se puede criticar, usando también la razón y no los dogmas, porque son experimentos que no han demostrado nada. Uno de los promotores de esos embriones híbridos, Stephen Minger, visitó hace unos meses Roma, invitado por el partido radical: su discurso fue también un elenco de promesas, sin realidades.
Alguien ha recordado en estos días que cuando comenzaron los experimentos con embriones humanos, en 1990, se prometieron exactamente las mismas cosas que menciona Brown en su artículo: cura del Alzheimer, del Parkinson, etc. Hasta ahora, 18 años después y 2.2 millones de embriones sacrificados, no se ha visto nada. Es más, los únicos prometedores resultados se han conseguido con células madre adultas, que no presentan problemas éticos. Pero si a uno se le ocurre decir esto en voz alta, corre el riesgo de ser presentado como un retrógado que está contra los avances de la medicina. Es lo que ocurre al diputado conservador británico, Edward Leigh, descrito por El País como "católico, padre de seis hijos, antieuropeo, siempre contra el avance de los derechos de los homosexuales, que se opone ahora también al avance de la medicina genética”.

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