Como usuarios del lenguaje, todos hemos aprendido de pequeños a interpretar el sentido de lo que nos dicen. Eso es lo que estudia la pragmática lingüística. Por ejemplo, sabemos que cuando en la mesa nos dicen “¿me pasas la sal?”, no nos están haciendo una pregunta, sino formulando una petición. La fórmula interrogativa se emplea por cortesía, para ser menos bruscos. Esto viene a propósito de cómo algunos diarios italianos titularon las palabras que Benedicto XVI dirigió hace dos días al Movimiento por la Vida italiano.
El breve discurso del Papa destaca por su tono positivo y de estímulo a cuantos trabajan a favor de la vida. La frase más dura fue la siguiente: “el haber permitido recurrir a la interrupción del embarazo no solo no ha resuelto los problemas que afligen a muchas mujeres, y a no pocos núcleos familiares, sino que ha abierto una ulterior herida en nuestras sociedades, ya gravadas -por desgracia- por sufrimientos profundos”. Es difícil no estar de acuerdo con ese análisis (que se completa con el resto del discurso). Por más que se diga, es un hecho que el aborto no ha resuelto los problemas ni ha sido aceptado socialmente.
Algunos diarios presentaron la intervención del Papa como si la hubiera expresado con un tono arrogante, impositivo, antipático. Entre ellos destaca L’Unità, órgano de los sectores de centro izquierda italianos herederos del partido comunista. Ese diario titula la noticia: “El Papa ordena: Cancelad la ley 194” [ley del aborto]. Usar el verbo “ordenar” para definir el contenido del discurso supone una violación tan burda de las reglas de uso del lenguaje, que solo se puede interpretar como manipulación ideológica destinada a descalificar –de entrada- la argumentación del Papa. Es decir, pura propaganda viejo estilo.

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