Algunos tienen la vocación de Quijotes impenitentes, y el resto se lo tendríamos que agradecer. Es la imagen que me viene cuando veo la campaña electoral que está desarrollando Giuliano Ferrara, el promotor de la moratoria sobre el aborto (del que ya hablamos aquí), que ha lanzado una lista en las elecciones generales italianas que se celebran los días 13 y 14 de abril.
No se sabe si conseguirán algún diputado, pero ahí está esa “lista loca” (como ellos mismos la llaman) y su inventor recibiendo insultos, tomates y huevos. Sí, porque la iniciativa ha sido noticia más por las contestaciones organizadas contra ella que por lo significativo de la propuesta. Sin embargo, el mismo >The New York Times la señala con simpatía como la única novedad relevante de las elecciones italianas. Otro tanto hace The Independent e incluso Liberation.
Una de las lecciones que se pueden sacar de esta experiencia es que cuando no se quieren escuchar las ideas de los demás, por miedo a que hagan temblar los propios convencimientos, se acaban tergiversando: haciendo decir al otro lo que nunca ha dicho ("pero que era lo que -en mi opinión- quería decir"...). A Ferrara le han tachado de “haber acusado de homicidio a decenas de millares de mujeres” (como escribió Il manifesto). En realidad, nunca ha dicho tal cosa. Es más, una de las novedades es precisamente el tono amable del mensaje que propone (como se puede ver en este sencillo y barato spot electoral).


Autoinmolación del Consejo de Europa
El Consejo de Europa no se puede decir que sea un grupo de tipos que viven del presupuesto público sin pegar golpe, porque lo acaban de pegar, un golpe mortal.
Por gran mayoría ha decidido emitir una recomendación a todos los países para que tutelen el "derecho al aborto". Es decir han decidido que los gobiernos tienen que facilitar el que pueda asesinarse al niño en el vientre de la madre. Habrá quien se alegre de tal noticia, con la esperanza de que pronto se apruebe también el derecho a matar a los negros y a los judíos (y quizá incluso a los mendigos), a pegar a las mujeres, a acostarse con las propias hijas, a comprar niños en India para violarlos a placer y después poder torturarlos y matarlos mientras se graba en Internet y con un poco de suerte hasta podrán cobrar algo de subvención por tales películas. El mundo se está haciendo decididamente más humano y, a medida que los fanatismos retroceden, la libertad se va abriendo paso. El problema es que la libertad para uno supone una carga para otro. Si yo tengo derecho a abortar y el Estado me lo tiene que garantizar, el niño tiene el deber de morir para que yo me quede completamente satisfecho con mi derecho. Si el niño no muriese, pues habría que dejarlo sin respiración ó sin alimento hasta que cumpla con su obligación, porque según las últimas novedades de la legislación española no se le puede pegar una bofetada. Y es que es esta la ley del mundo: el león tiene derecho a comer y la oveja la obligación de dejarse deglutir. Igual que el atracador tiene derecho a atracarnos y nosotros obligación de entregarle lo que buenamente disponga y quizá habría que darle las gracias por no haber deseado también disponer de nuestra vida.
A partir de muy pronto cuando un macho fuerte decida que quiere violar a una moza, pues ésta tendrá que colaborar con lo que se le pida, pues el fuerte está en su derecho. Todo bien. Así ha ocurrido siempre en la historia de la Humanidad. Y es justo que ahora los gobiernos den un concreto respaldo jurídico a quienes deciden asesinar al prójimo.
Sin embargo, cabría preguntar a los conglomerados de células que han adoptado la forma de miembros de esta noble cámara, ¿qué ocurriría si un chico joven decidiese pegarles una paliza porque quieren el coche oficial de que los prebostes gozan? ¿ó si algún grupo terrorista anarquista decidiese que esta clase de parásitos son un impedimento al mundo libre? ¿Y si sus propios hijos están hartos de que siendo ya demasiado viejos, estén fastidiando todo el día y deciden darles una inyección definitiva? El problema lo tendrán los ahora despenalizadores del asesinato en el vientre de la madre, porque al haber destruido cualquier límite moral, no les va a quedar ningún argumento para justificar que ellos sí tienen derecho a la vida.
Publicado por: Padre Apeles | 27/04/2008 en 03:48 a.m.