Han pasado varios días de la conclusión del viaje de Benedicto XVI a Estados Unidos. El comentarios prácticamente unánime ha sido el tono positivo que ha rodeado toda la visita, también en su cobertura informativa. El tema más espinoso -el escándalo de pedofilía de algunos sacerdotes- fue abordado por el propio Papa en varias ocasiones, de modo que las palabras usadas por la prensa para referirse a este triste episodio fueron las usadas por el mismo Pontífice. Si a eso le unimos la emoción suscitada por su encuentro -deseado, pero no anunciado- con un grupo de víctimas, resulta difícil pedir más.
Pero el periodismo vive de contrastes. De ahí que -según un viejo ritual- sea necesario encontrar fórmulas que eviten conclusiones demasiado pacíficas, sin drama. Y entonces es cuando aparecen esas fórmulas que vimos hasta la saciedad con Juan Pablo II. El resumen es: "le aman, pero no le siguen". Más o menos así concluye The Washington Post una de las crónicas finales del viaje. "La visita -escribe- ha convertido a Benedicto en una figura más familiar y menos autoritaria, dicen los expertos, pero el abismo entre los católicos americanos y el Papa es amplio, especialmente sobre temas como las uniones del mismo sexo y los curas casados".
La pregunta es: ¿se refiere -como afirma- a todos los católicos americanos? ¿No sería preferible decir: "el abismo entre algunos católicos y el Papa es amplio"? Sin duda, sería lo correcto, si se consideran también las respuesta de los mismos católicos a la misma prensa. Pero añadir ese matiz, restaría mucha fuerza a la afirmación, que dejaría de ser periodística. Como ocurriría también si entra en disquisiciones sobre si esas personas son en realidad católicas o no. El periodismo ama las tintas fuertes y netas.

El papa ha ido fundamentalmente para poner orden en sus filas, dejando claro que al Vaticano no le gustan los curas pedófilos, además de por el delito en sí mismo, por el coste de los juicios que los pagan las diócesis.
En cuanto a fieles y el papa es una realidad creciente, no sólo en EEUU, sino en todo el orbe católico. EL sistema empleado por la iglesia para organizarse y para relacionarse internamente ha quedado desfasado con el paso de los años y estos achaques de vejez necesitan un chequeo urgente. El vaticano II trajo consigo un giro de 360º que al final quedó a mediados de los ochenta en 180º porque una parte del episcopado consideró que se había ido demasiado lejos con el Vaticano II. En los 90 y con este papa siendo Cardenal,se rebajó a 90º o a 45º las ideas del CVII. El vaticano II se ha quedado anticuado y al no haberse desarrollado del todo convendría convocar uno nuevo para afrontar el siglo XXI con una visión realista del mundo y de la vida, no solo eclesial, sino de fuera de la iglesia. Toda esta idea de renovación, de cambiar el motor a la máquina de la Iglesia, ha hecho que grupos crecientes de fieles y algunos obispos estén planteando ideas bajo planteamientos nuevos, teológicos y científicos. Con un objetivo claro, responder a la pregunta, desde los fieles y sacerdocio: ¿Qué iglesia queremos para el siglo XXI? La falta de debate interno provoca la estampida de las apostasias, la huida de parroquias y ceremonias, el cambio de costumbres. La feligresía se aburre con una iglesia inmovilista.
Publicado por: felix | 08/05/2008 en 08:29 p.m.
El papa viajó a Estados Unidos con la clara idea de sanar heridas abiertas con la pedofilia, sobre la obediencia o no de los católicos no podemos afirmar tajantemente que no hay obediencia como tambien debemos reconocer que existe un alejamiento que debemos atender la tarea es evangelizar teniendo en cuenta la realidad del mundo de hoy dando una respuesta cristiana a los mismos.
Publicado por: Eduardo | 17/07/2008 en 10:49 p.m.