He seguido por la prensa y por la televisión italianas la manifestación a favor de la familia que, promovida por el arzobispado, se celebró el domingo 30 de diciembre en Madrid. Lo que me ha sorprendido no ha sido el elevado número de participantes ni el tono amable de la masiva concentración, sino la reacción un tanto desencajada –por emplear una expresión suave- de autorizados responsables del partido socialista español, del mismo gobierno y del diario El País.
Quizás es que esté ya un poco mal acostumbrado: después de unos cuantos años en Italia, donde existe una democracia mucho más madura que la española (a pesar de algunas caricaturas baratas), me suenan muy chuscas, con poca clase humana, algunas reacciones de políticos ibéricos. Son actitudes que muestran que, en el fondo, son alérgicos al debate e incapaces de soportar una crítica, pues lo consideran como una ofensa personal. Se diría que tan sólo admiten el aplauso.
La interpretación más plausible de ese tono histérico (“estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala”) es que quedan cuatro meses para las elecciones generales y parece ser que algunos datos no son muy alentadores (inflación al máximo histórico desde 1995, aumento del número de parados), por lo que han decidido lanzar una fuerte cortina de humo. No entro en el análisis de esos datos, pues no es el tema de este blog.
Lo que sí me parece digno de nota es cómo Gregorio Peces-Barba (foto), rector de la Universidad Carlos III y mentor intelectual del partido socialista, explica el sustrato de la manifestación: “La reciente encíclica Spe Salvi, de Benedicto XVI, descalifica el mundo moderno, la ilustración y los derechos humanos. Ése es el sustrato de la manifestación convocada por los obispos para condenar avances indudables de carácter social abordados en los últimos años. Curiosamente, los obispos utilizan los derechos que ellos mismos condenan, empezando por el de manifestación, para imponer su verdad excluyente”. Peces-Barba es un grande: resulta difícil introducir tantas falacias en tan poco espacio.

El sr. Peces es todo un ejemplo como ¿padre de la Constitución? Además de la manipulación tiene entre sus virtudes el sectarismo que, si lo mantuviera en su ámbito privado, pues no pasaría nada... El problema es que, como él mismo se jacta en público ante testigos, lo ha llevado incluso al ámbito universitario y, en concreto, a la aplicación práctica de su condición de funcionario en contra de lo dispuesto en el art. 23 de la Constitución. Quizás algún aspirante a profesor universitario que lo haya "sufrido" pudiera dar más detalles.
Ya lo dice el Evangelio: ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio...
Publicado por: Antonio Jiménez | 21/01/2008 en 09:18 a.m.