El mismo día que la ONU aprobó una resolución
de moratoria de la pena de muerte en el mundo, el periodista Giuliano Ferrara,
director del diario italiano Il Foglio, lanzó la propuesta de otra moratoria:
“Existe también otra pena de muerte legal que afecta a centenares de millones
de seres humanos. Las buenas conciencias que se alegran por el voto de la ONU,
piensen ahora en las matanzas eugenésicas, racistas y sexistas de los inocentes”.
Después del voto de la Onu, “no podemos seguir disimulando sobre los millares
de seres humanos matados antes de nacer”.
Ferrara lanzó la propuesta el 19 de diciembre. El diario está recibiendo muchos mensajes de adhesión. Desde luego, nadie espera que la iniciativa vaya a producir resultados milagrosos. Sin embargo, uno ya lo ha logrado: romper una lanza contra la hipocresía de una sociedad que aplaude la abolición de la pena de muerte, aunque sea contra criminales sometidos a un proceso justo, pero al mismo tiempo la mantiene contra otros pequeños ciudadanos, que tienen la mala suerte de carecer de un certificado en el registro civil.
Y de esos se eliminan cada año 45 millones en
todo el mundo. Y esas eliminaciones se realizan al amparo de las leyes de los
países, y algunas a la sombra de instituciones de la misma ONU (como el Fondo
Internacional para la Población). Es bueno que alguien llame a las cosas por su
nombre, ayude a romper el silencio y a considerar que es inútil abogar por la
paz en una sociedad que consiente la
muerte del inocente con tan dramática superficialidad. (Escribí algo más largo sobre esto aquí).
[Actualización] El propio Benedicto XVI, en su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, se refirió a este tema, sin mencionar expremente esta iniciativa:
“Recordando el llamamiento hecho por el Papa Juan Pablo II con ocasión del gran Jubileo del Año 2000, me alegra que, el 18 de diciembre pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara una resolución por la que se llama a los Estados a instituir una moratoria en la aplicación de la pena de muerte, y deseo que esta iniciativa estimule el debate público sobre el carácter sagrado de la vida humana”.

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