Una práctica muy frecuente es que el periodista, cuando escribe, use expresiones y glosas para distanciarse de lo que afirma una persona. De este modo, el autor del texto muestra que mantiene su autonomía. A veces, se hace para subrayar implícitamente que las afirmaciones de esa persona (una fuente o un entrevistado) pueden ser discutibles. Lo hemos visto millones de veces. Por ejemplo: “El Papa afirmó que Europa necesita lo que él llamó la ‘verdad de la religión’” (International Herald Tribune, 9 de septiembre). Subrayar “lo que él llamó” es un modo de mostrar esa independencia por parte del periodista (sobre todo en ámbito anglosajón). [No entro ahora en el abuso de esa práctica].
Esto viene a cuento porque me ha sorprendido cómo la revista Newsweek trata una entrevista con una joven a la que en todo momento describe como “sacerdote católico”. Si se lee el texto, se descubre que la agrupación a la que pertenece, el lugar donde ha estudiado y el templo donde presta sus servicios no se pueden definir como católicos, aunque tengan esa denominación en el rótulo. En efecto, según explica la misma interesada, la “Ecumenical Catholic Commnunion”, que cuenta con ochenta miembros, no reconoce la autoridad del Papa ni buena parte de las enseñanzas del magisterio... pero “ellos se ven a sí mismos como católicos”.
Si se siguiera la lógica profesional del autor de la entrevista –y de quienes le dieron el visto bueno-, a partir de ahora yo mismo podría colocar en mi tarjeta de visita, debajo de mi nombre, “Premio Nobel”. Y todo periodista que hablara de mí humilde persona tendría que añadir ese dato... Toda una lección de periodismo.


Un buen ejemplo que vuelve a poner sobre el tapete que no anda bien encaminado quien realmente se piensa que "the facts are sacred, the comments are free", como tantas veces se enseña y se practica.
Ya se ve que en cuestiones de periodismo y de comunicación en general, lo que está en juego son más bien decisiones: de quien escribe, sobre qué escribe, cómo lo escribe y -antes-, si lo escribe o no. Y por parte de quien lo lee, más o menos lo mismo, al menos para saber a quién está leyendo y por qué.
Lo digo porque a veces cabe la ingenuidad de pensar que en el periodismo, las cosas están "ahí" y yo sencillamente "las cuento", como si eso no tuviera nada que ver con la vida del periodista -como si no fuera responsable de contar lo que cuenta y como lo cuenta-, ni con la del lector.
En fin. No sé si esta parrafada ayuda a pensar en lo que sea la comunicación o más bien lo contrario.
Gracias por la anotación. Y adelante con este magnífico blog.
Publicado por: csb | 22/09/2007 en 03:34 p.m.
Desde luego que ayuda a pensar y a tener espíritu crítico, que no es “espíritu negativo”. A darse cuenta de que quien escribe y quien edita tiene sus fibias y sus fobias: lo peor no es tenerlas, sino pretender que no se tienen y que uno es “objetivo”. Muchas gracias por el comentario.
Publicado por: dc | 23/09/2007 en 12:28 p.m.
En efecto, la supuesta "neutralidad" al narrar hechos no es que sea "mentira", es que es imposible. La cuestión está, me parece, en saber cuáles son los puntos de referencia estables a partir de los que cada uno toma sus decisiones.
Cualquier periodista honrado -que hay muchos, aunque haya gente que no lo crea- se ha planteado eso, o algo semejante.
De ahí que me parezca muy necesario reflexionar sobre lo que sea la comunicación, que como dice un experto en estas materias (www.scriptor.org), no es una cuestión teórica, ni sólo técnica, sino más bien "práctica", en el sentido clásico de la palabra: donde "para saber lo que hay que hacer, es necesario hacer lo que se quiere saber" (Aristóteles dixit)...
Ya se ve que la cosa es difícil hasta de expresar. De nuevo, gracias.
Publicado por: csb | 23/09/2007 en 04:21 p.m.