El título produce cierto impacto: “Las religiones, madres de todas las violencias”. Se trata de la reseña del libro “In nome di Dio”, del historiador Michael Burleigh, publicada por el Corriere della Sera. Uno se imagina una acusación a la religión como generadora de violencias y conflictos. Sin embargo, el autor de la reseña afirma en el texto que “Burleigh no considera políticamente peligrosas las religiones en sí, sino sólo sus versiones secularizadas, traducidas en ideología”.
Burleigh lo ejemplifica –entre otras referencias del siglo XX- con “las atrocidades consumadas en Rusia, España y México por parte de quien intentaba crear las condiciones para el nacimiento de un ‘hombre nuevo’ y la realización del paraíso en la tierra”, y usaba para ello una terminología religiosa vaciada del contenido original. Más adelante se adentra en debates de actualidad que pueden ser más o menos opinables, pero el sentido de lo que escribe (y de la reseña) es que “las madres de todas las violencias” son las ideologías, las “religiones seculares”. [Ver la foto que acompaña el post: Hitler "iluminado" desde lo alto...].
Entonces, ¿qué sentido tiene ese titular, que no sólo es impreciso sino falso, pues niega lo que dice el artículo? Y que es lo único que ve buena parte de cuantos leen el periódico. La religión como origen de la violencia es un estereotipo que desde hace años repiten hasta la saciedad diversos imitadores (menos brillantes) de Voltaire (la última new entry, Christopher Hitchens y su “Dios no es grande”). Gente sin duda inteligente pero a los que les cuesta distinguir entre religión y fanatismo (político, deportivo, religioso, étnico...).

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