A algunos les ha sorprendido que los funerales de Luciano Pavarotti se celebraran en la catedral de Módena, teniendo en cuenta que el tenor se había divorciado hace pocos años, etc. Se ha explicado que, en la actualidad, la tendencia es no negar los funerales religiosos salvo en aquellos casos en los que haya habido una oposición directa a la doctrina cristiana por parte del interesado. Se añade, además, que resulta muy difícil juzgar lo que ha pasado por el corazón y el alma de una persona en sus últimos momentos. Solo Dios lo sabe.
En el caso concreto de Pavarotti, leo en Avvenire de hoy el testimonio de un sacerdote, Remo Sartori, de 77 años, que le atendió en los últimos meses de vida. Acudió porque le llamaron los familiares, pero enseguida “se cayeron bien”, de modo que las visitas fueron frecuentes. “Me llamaban y yo iba. No sé si era él quien lo pedía, pero la verdad es que se le veía contento y me acogía de buen grado. Puedo testimoniar que creía, que tenía esa fe popular de la gente de aquí”.
El último encuentro fue en agosto, en el hospital, cuando la quimioterapia estaba ya suspendida y las esperanzas eran ya pocas. “Le he dado la unción de los enfermos y les he dicho: llamadme si me necesitáis”. El sacerdote recuerda también que Pavarotti le pedía su bendición durante las visitas. “Me escuchaba con serenidad, se santiguaba y cuando yo rezaba, él rezaba conmigo. Nunca le oí lamentarse por los sufrimientos”.


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