El diario de la Santa Sede cambia de director, según anticipó hace un par de días el cardenal Bertone, Secretario de Estado vaticano, durante una visita al rotativo. El profesor Giovanni Maria Vian, catedrático de Filología Patrística en la Universidad La Sapienza, de Roma, sustituirá a Mario Agnes, que ocupa el cargo desde el lejano 1984. Aunque se trata de una sustitución anunciada, el cambio puede ser una ocasión para remozar el diario y –todavía más importante- para replantear la función que debería desarrollar este “cotidiano atípico” nacido en 1861.
Es difícil hablar de este periódico a una persona que no lo conozca. Por eso es interesante la entrevista que Miriam Diez, de Zenit, hizo hace unas semanas a Salvador Aragonés, autor de un trabajo de investigación precisamente sobre “L’Osservatore Romano”. Aragonés describe algunas de las peculiaridades del periódico, pero la entrevista no se adentra en sugerencias para el futuro.
Entiendo que no es fácil hacer propuestas a un diario tan peculiar, en el que hasta el más mínimo de los comentarios que publica corre el riesgo de ser interpretado como “lo que piensa el Papa”. Desde mi punto de vista, el diario ofrece una cuidada información internacional, pero debería reforzar lo que ha sido a veces su punto fuerte: la información cultural. Para ello, en mi opinión, debería evitar los frecuentes “sabanones” (artículos larguísimos) sobre temas muy secundarios o superespecializados, y centrarse más en aquellas cuestiones en las que la doctrina cristiana se confronta con los avatares del mundo y del pensamiento.


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