La “Asociación Patriótica de los católicos chinos”, el órgano creado por el régimen comunista para controlar a la Iglesia católica, no está dispuesta a que se difunda el país la carta que el Papa envió a los católicos chinos el pasado 30 de junio. Para ello no se ha limitado a cancelar las páginas web que contienen el texto, sino que está arrestando a obispos y sacerdotes que promueven su difusión.
El último detenido (en paradero desconocido) ha sido el obispo Julio Jia Zhiguo, de Zhengding (Hebei), situada a 270 kilómetros al sur de Pekín. Según informa Asia News, el obispo fue arrestado ayer por algunos policías y miembros de la oficina estatal para asuntos religiosos. Mons. Jia estaba preparando una carta pastoral y organizando encuentros con los fieles de su diócesis para explicar el contenido del mensaje del Papa. El obispo cuenta con 73 años, de los que ha pasado quince de ellos en prisión. Desde 1980, año de su ordenación episcopal (clandestina), es víctima además de frecuentes arrestos y secuestros en los que le someten a “sesiones políticas” para que adhiera a la Asociación Patriótica.
Al margen de otras consideraciones, la reacción de la Asociación Patriótica -con el apoyo de la policia y de otros organismos estatales- ofrece una buena fotografía de cuál es la situación de los derechos humanos en China en las vísperas de las Olimpiadas. Se teme la difusión de un documento exquisitamente teológico y al mismo tiempo muy respetuoso hacia la autoridad política.


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