Posiblemente, uno de los formatos periodísticos que atraviesan una crisis de identidad más acentuada son los semanarios de información general. Se supone que, como rasgo distintivo, deben ofrecer algo más de lo que ya da la prensa diaria. Más análisis y documentación. Pero en muchos casos no es así, pues publican lo mismo que los diarios, pero sin el atenuante del poco tiempo para investigar y escribir.
Una muestra es el último artículo que la revista Time dedica a Benedicto XVI, al hilo del segundo año de pontificado. El texto está construido en torno a cuatro frases tomadas de cuatro fuentes anónimas (“one Rome-based progresive cleric”; “a senior Church official”; “one Rome-based priest”; “A Vatican official”). La tesis es que los que ingenuamente esperaban “medidas progresistas” del Papa, ya saben que no las habrá. En ese contexto aparece con luz negativa el motu proprio de Benedicto XVI sobre la liberalización de la misa según el rito tridentino, previsto para un próximo futuro.
El problema no es el uso de la fuente anónima (que inevitablemente levanta sospecha en el lector cuando se abusa de ella), sino el hecho de que no se explican los “porqués”, una profundización que cabría esperar de un semanario como Time. Por ejemplo: ¿porqué es negativo que el Papa no abra los seminarios a candidatos homosexuales? ¿Es eso poco “progresista”? Es una pena, porque el autor del texto ha demostrado otras veces que es capaz de no dejarse atrapar por el tópico.


Efectivamente, los semanarios -yo exceptuaría a The Economist, que es algo más que un semanario de información general- están de capa caída: no profundizan, no aportar contexto o información nueva a lo que vienen haciendo los diarios, no sorprenden, llegan tarde...
En España llevan bastante tiempo en crisis, sobreviviendo gracias a no-se-sabe-bien qué motivos (nadie sabe cuánto difunden, salvo "Tiempo") y haciendo periodismo malo, malo, malo. V.G.: el último número de Cambio 16. Titular de portada: "La iglesia roja resiste", en referencia a la clausura de la parroquia de San Carlos Borromeo de Madrid. Un ejercicio contradictorio de periodismo-laicista a favor del clericaprogresismo más rancio. Incluye una entrevista a Tamayo, para variar.
Publicado por: Txema Díaz Dorronsoro | 19/04/2007 en 04:34 p.m.
Lo curioso es que, en algunos casos que yo conozco, los periodistas que trabajan en estas publicaciones son conscientes de todo esto. El problema está, tal vez, en el miedo a arriesgar. Es decir, es una deficiencia empresarial y de dirección. Prefieren el "Más vale malo conocido..."
Publicado por: dc | 24/04/2007 en 03:15 p.m.