La prensa es muy sensible a las polémicas periódicas entre católicos y judíos. El pontificado de Pío XII y la cuestión del Holocausto suele ser tema frecuente. El último conflicto surgió hace pocos días y se refiere al comentario que acompaña una fotografía del Papa Pacelli en el museo de Yad Yashem. Se dice que Pío XII mantuvo una postura ambigua ante el Holocausto. El nuncio en Jerusalén, que había protestado ya en enero de 2006 por esa descripción, anunció en una carta privada (luego publicada por el destinatario) que por ese motivo no asistiría a la conmemoración del Holocausto que tendrá lugar el próximo domingo. La diatriba se ha resuelto: el nuncio asistirá a la conmemoración y el presidente del museo se compromete a revisar el modo en que se presenta la figura de Pío XII (ver, entre otros, Corriere della Sera).
Lo que suele ser menos noticia son las ocasiones, que tampoco faltan, en las que ambas confesiones van de la mano. Por eso, me parece interesante resaltar la reciente declaración común firmada por el arzobispo de París, mons. André Vingt-Trois, y el gran rabino de la capital, David Messas, en la que expresan “una firme oposición a toda forma de cooperación al suicidio y a todo acto de eutanasia”, según informa Le Monde.
Entienden por eutanasia “todo comportamiento, por acción u omisión, cuyo objetivo es dar la muerte a una persona para poner fin a sus sufrimientos”. El mandato bíblico “No matarás” se aplica también en este caso, dicen el arzobispo y el rabino. Al mismo tiempo, se declaran contrarios al encarnizamiento terapéutico y advierten que abandonar un tratamiento con un paciente terminal cuando ya es inútil, “no dispensa del deber de seguir cuidándole”, especialmente de seguir alimentándole, "sobre todo por la vía natural". Si circunstancias excepcionales llevan a "limitar o suspender la aportación de nutrientes", esto "no debe convertirse nunca en un medio de acortar la vida".


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