En el ángelus del pasado domingo (18 de febrero), Benedicto XVI usó la expresión “poder mediático”. Es la primera vez, que yo sepa, que el Papa emplea ese término. Comentando el evangelio de ese domingo (“Amad a vuestros enemigos...”), Benedicto XVI explicó que Cristo pide responder al mal con el bien. Y añadió que “el amor hacia el enemigo es el núcleo de la ‘revolución cristiana’, una revolución que no se basa en estrategias de poder económico, político o mediático”.
Es una constatación evidente, pero se suele olvidar. Por eso, me ha llamado la atención que el Papa haya mencionado que existe también un poder mediático. Es obvio que en las sociedades actuales, los grandes medios de comunicación son un poder instituido. No son simples observadores de la sociedad, sino instituciones que tienen también sus objetivos, y con frecuencia su "agenda" ideológica y política. Lo recordaba hace unos meses Peter R. Kann, presidente de "Dow Jones", la empresa que edita The Wall Street Journal.
A veces la propia prensa puede actuar como una lobby, otra expresión que usó el Papa en su discurso a los representantes pontificios de los países latinoamericanos (sábado, 17 de febrero: un discurso que curiosamente solo está disponible en su original italiano; ver aquí el resumen de Zenit). No se refería en concreto a la prensa, sino a la familia, “que muestra signos de derrumbamiento bajo las presiones de ‘lobbies’ capaces de incidir negativamente en los procesos legislativos”. Aun así, me parece que en los temas relacionados con la familia los grandes medios mantienen una rara unanimidad: un coro que solo sabe entonar unas notas y olvida que la gama de sonidos es mucho más amplia.


Hasta hace un tiempo, los medios eran intermediarios entre los distintos actores del escenario público. Ahora son un actor más.
Saludos desde Buenos Aires, de un suscriptor.
Publicado por: Ignacio Duelo | 20/02/2007 en 07:21 p.m.
A mi no me parece mal que sean un actor más de la esfera pública (sería muy difícil mediar sin intervenir). Lo que me parece hipócrita es cuando se presentan las propias opiniones (sin duda legítimas) o los propios intereses (espero que también legítimos) como "descripciones" de lo que "hay" en la sociedad... Gracias, Ignacio, y otro saludo desde aquí.
Publicado por: dc | 21/02/2007 en 06:25 p.m.