El arzobispo Stanislaw Wielgus, que se ha visto obligado a dimitir el mismo día en que iba a tomar posesión como arzobispo de Varsovia, es la primera (y que yo sepa, la única) víctima que ha provocado en Polonia la colaboración con el régimen comunista. En el caso del arzobispo, si los documentos efectivamente lo confirman, se ha tratado de una colaboración muy, pero que muy, tangencial. ¿Dónde están los jerarcas de la prensa, del ejército, de la magistratura, de la política, de la policía, de la universidad... que colaboraron con el régimen o fueron ellos mismos los dirigentes? La respuesta es simple: o pacíficamente jubilados o... en el mismo sitio donde estaban (incluido los funcionarios de los antiguos servicios secretos).
Naturalmente, esta realidad no quita importancia a la mancha que esta colaboración, aunque muy débil y limitada a los años 1973-78, ha lanzado sobre la Iglesia en Polonia, la única institución que simbolizó la resistencia durante los años del imperio soviético. Lo curioso del caso es que de los verdaderos responsables no se habla. Desde hace un año, los polacos solo oyen hablar de colaboración por parte de eclesiásticos. Es posible que los suyos hayan sido los únicos dossiers que no se destruyeron. El hecho es que ahora se filtran con cuentagotas y con la precisión de una bomba de relojería. Según esta lógica, cabe esperar nuevas revelaciones sobre obispos y eclesiásticos en los próximos meses. No hace falta ser muy perspicaz para deducir que esta operación esta encaminada a conseguir el desprestigio de la Iglesia, algo que no logró el régimen comunista.
Me parece que este episodio pone de relieve que la opinión pública (en caso de que exista) perdona los errores, pero no las medias verdades. Según las noticias difundidas por la prensa, monseñor Wielgus negó su colaboración hasta que no tuvo delante los documentos. Tal vez ese haya sido el punto más negativo. Desconozco las razones que le movieron a actuar así: supongo que las tendría (no hay que olvidar que ha sido un obispo muy querido y admirado). Pero imagino que la conclusión habría sido diferente si él mismo hubiera tomado la iniciativa de hacer pública toda la cuestión y de explicar las circunstancias que le llevaron en sus años de juventud a aceptar ese compromiso. Hubiera evitado, al menos, que el petardo le explotara entre las manos.


¿Más papistas que el Papa?
Sólo quisiera precisar la importancia de no ser "más papistas que el Papa" al momento de juzgar casos tan complejos como el de Mons. Wielgus.
Al revisarse los documentos del Instituto de la Memoria de Polonia queda claro que el colaboracionismo de Wielgus fue "activo y voluntario" (así lo dictaminó una comisión eclesiástica) no durante 5 años sino durante casi 20. tuvo 3 diversos pseudónimos y no sólo informó del interior de Polonia sino de los diversos países de occidente en los cuales vivió gracias a la visa que le dieron los comunistas.
Estas pruebas irrefutables llevaron a que el mismo Papa Benedicto XVI determinara su renuncia, un hecho por demás insólito en la historia de la Iglesia; esto mas la mentira, y que cierto podrá haber tenido razones para mantener su falta a la verdad, pero ¿siendo ya arzobispo primado de Polonia? Demás está decir que se trata de la antesala del cardenalato, e incluso pudo haberse convertido en el primer Papa "espía".
Es muy cierto también que se trata de comidilla para los muchos antiguos comunistas que deberían pasar por el mismo fin, o también de personajes e la cultura, de la política o de las artes que deberían ser igualmente juzgados; pero esto no cambia la verdad, dura y cruda que nos duela.
¿Por qué llegar a este extremo? ¿Por qué el Papa fue mal informado? ¿Por qué mantuvo tanto tiempo su mentira Mons. Wielgus? ¿Por qué lo negó públicamente? ¿Por qué puso a la Iglesia en Polonia en medio de una crisis innecesaria?
Las respuestas a estas preguntas se encuentran sólo al interior de la Iglesia Católica.
Siendo un católico convencido y practicamente creo que en este caso, más que en ningún otro, vale el precepto bíblico "la verdad os hará libres".
Publicado por: Andres Beltramo | 23/01/2007 en 03:57 a.m.
Gracias, Andrés, por lo razonado del comentario. El post está puesto el día 8 de enero y escrito un día antes. Desde entonces ha habido centenares de infomaciones, entre ellas la que citas a propósito de que parece que son veinte años de colaboración y no cinco, como yo decía.
Me parece que está claro que no defiendo la poco transparente actitud del arzobispo (dijo que no había firmado y sí firmó, contradiciendo las directrices del episcopado de la época; reconoció que había firmado el día anterior a su toma de posesión). Y que tampoco cuestiono la decisión del Papa: al contrario. (A propósito: aquí, ser “más papista que el Papa” consistiría no sólo en destituirlo sino en querer colgar a Wielgus de los pulgares en una mazmorra...).
En lo esencial, por tanto, estoy totalmente de acuerdo contigo. Pero el único dato cierto es que firmó un papel y que dijo que no había firmado. Lo demás, las consecuencias de su colaboración, queda por demostrar. No ha habido nuevas informaciones sobre en qué consistió la colaboración. Es decir, qué dio a cambio del visado: es más, su “ángel custodio” escribió en su dossier que Grey –pseudónimo de Wielgus- “prometió pero no cumplió”. Algunos han subrayado incluso que hay que tomar los datos de los informes con pinzas: no los consideraría, por tanto, “pruebas irrefutables”.
Lo que no me entusiasman –y ese era el sentido del post- son los “procesos mediáticos”, ni la ceremonia hipócrita de gentes que se rasgan las vestiduras.
Los polacos con los que he hablado tienen una visión un poco más matizada. Uno de ellos, sacerdote de la diócesis de Wielgus (antes del “traslado” a Varsovia) me contó que cuando les hablaba en el seminario se refería con frecuencia a sus relaciones con los servicios secretos, a cómo había que prometer sin dar con el fin de burlarles. No es la actitud de quien quiere ocultar algo a toda costa. Desde luego, tampoco es la actitud que siguieron muchos otros –la mayoría- pagando con el propio pellejo. Naturalmente, prefiero la segunda actitud. Pero quiero también escuchar al acusado.
Como dices, es un caso complejo. Y como están por medio los servicios secretos (Sluzba Bezpieczenstwa) de un régimen comunista (amigo de la mentira), creo que hay que ser todavía más prudentes, si cabe, a la hora de lanzar juicios definitivos sobre personas. “La verdad os hará libres”, pero la “verdad” no las conjeturas. Espero que la actitud del episcopado polaco –que va en esa dirección- anime también a otros a hacer otro tanto en la propia casa.
Publicado por: dc | 23/01/2007 en 06:29 p.m.