Siempre es interesante leer lo que dice el cardenal Carlo Carraffa, arzobispo de Bolonia, que sabe unir la profundidad con la claridad de expresión, característica de los buenos universitarios. Señalo sólo algunos párrafos de una larga entrevista que publica Corriere della Sera (14 de diciembre; la versión on line es verdaderamente poco atractiva, pues todo el texto es un único bloque mazacótico e ilegible: complimenti!). El texto de este post es más largo de lo habitual, pero pienso que vale la pena.
El cardenal no está de acuerdo con quienes ven el viaje de Benedicto XVI a Turquía como un desmentido del famoso discurso de Ratisbona: “la idea del Papa teólogo contrapuesto al Papa hábil político es una caricatura. Al contrario, veo entre Ratisbona y Estambul una profunda coherencia y continuidad. Lo puedo verificar confrontando el discurso de Ratisbona con los que ha pronunciado ante el ministro de asuntos religiosos y ante el cuerpo diplomático acreditado en Ankara. En los tres está presente la misma idea de fondo: el diálogo entre los pueblos, y por tanto la paz, se construye sobre la base de una racionalidad que no se cierra a la dimensión religiosa, y de una fe que no quiera imponerse con métodos diversos a la argumentación razonable”.
Sobre los problemas de integración de los inmigrantes de otras culturas y religiones: una vez constatado el fracaso de alguno modelos, como el francés o el británico, Caffarra sostiene una integración que se debe apoyar en puntos claros. “Hay que respetar el primado de la dignidad de cada persona y el valor de cada vida; hay que reconocer a las culturas una relevancia en la esfera pública. La neutralidad del Estado no debe ser indiferencia a dar hospitalidad a cualquier concepción de la vida. Se debe identificar un núcleo de valores no negociable. Por ejemplo: igual dignidad entre hombre y mujer; monogamia en el matrimonio; libertad de elegir la fe y eventualmente de abandonarla”.
Por lo que se refiere a la equiparación de las uniones de hecho con el matrinonio (tema de debate en Italia y en otros países): “en relación a los estilos de vida, el Estado puede asumir cinco actitudes diversas: punición, tolerancia, ignorancia, respeto, condivisión. Excluyamos las dos primeras. Si son, por definición, uniones de hecho, entonces que el Estado las ignore. No es preciso que las condivida hasta el punto de favorecerlas. La alternativa no es entre el código penal o el apoyo positivo: en medio hay otra posibilidad”. Se trata de efectuar “simples modificaciones del código civil”, que no implicarían una aceptación social o una sanción pública.
El problema de fondo, al menos a corto plazo, es la cultura relativista predominante en occidente, que está indiscriminadamente abierta a todo, sin ningún criterio que la guíe. En esa falta de criterio está su decadencia, pues “ningún organismo puede sobrevivir sin sistema inmunitario: antes o después entra un virus y lo destruye”. Y lo que aquí se destruye es el patrimonio de una cultura y una convivencia civil abiertas: “no olvido que para generarla muchas personas han dado la vida”.


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