En una entrevista publicada por el diario Avvenire al hilo de la visita del Papa a Turquía, el Patriarca ortodoxo Bartolomé I afirma: “he hablado con Su Santidad de algo que podríamos hacer. Le he presentado una propuesta que ahora no puedo anticipar, pues esperamos una respuesta oficial; pero puedo decir que Su Santidad se ha mostrado muy interesado y que la ha acogido favorablemente”. (ver el texto en español de la entrevista en Zenit).
La propuesta del Patriarca de Constantinopla podría ser la de ir juntos a inaugurar la próxima sesión de la comisión teológica católico-ortodoxa, que reanudará sus trabajos en Rávena (Italia) en primavera del próximo año. La presencia del Papa y del Patriarca sería un gesto muy significativo (y único), pues los trabajos de la comisión mixta han estado suspendidos desde hace casi seis años. El atasco se debe a las incomprensiones en las relaciones entre ortodoxos y católicos de rito oriental, presentes sobre todo en Ucrania y Rumania. De todo esto informa la agencia AsiaNews, que da cuenta también de la primera reacción oficial del Patriarcado de Moscú al viaje del Papa a Turquía.
Ya se sabe que un problema añadido en las relaciones ecuménicas entre católicos y ortodoxos es la autonomía (y, a veces, la división) de las diversas Iglesias ortodoxas entre sí. El Patriarca de Constantinopla sólo mantiene una primacía de honor. Especialmente celoso es el Patriarcado ruso, el más numerosos en cuanto a fieles, que no ve con buenos ojos el protagonismo de Constantinopla. De ahí que, junto a una valoración positiva del viaje, haya subrayado el deseo de que las intenciones contenidas en la declaración común -firmada por Benedicto XVI y Bartolomé I- “se definan de modo específico en el proceso de relación entre el Vaticano y las Iglesias ortodoxas locales”. En definitiva, la Santa Sede debe jugar a quince bandas y evitar dar pasos que puedan herir susceptibilidades de unas y otras. En este sentido, la decisión de ir a Rávena posiblemente dependa de la actitud rusa.

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