Ninguna respuesta directa a Milingo. La esperada reunión del Papa con los jefes de dicasterio (los distintos organismos de la Curia Romana) se concluyó con un comunicado en el que se reafirma “el valor de la opción por el celibato sacerdotal, según la tradición católica”. Detrás de la brevedad del texto, la impresión que se tiene es que se ha tratado de una reunión muy positiva. No me extrañaría que en los próximos meses el Papa nos sorprenda con un texto sobre este tema, ante el que los planteamientos de cuantos ven al sacerdote como a un burócrata -y al celibato solo como una “ley”-, aparezcan en toda su pequeñez.
Desde luego, preocupa el caso Milingo (detrás sigue asomando la sombra de la secta Moon), pero la reunión fue mucho más allá. Según parece, el número de sacerdotes que piden volver –sin micrófonos, cámaras ni amenazas- es sorprendentemente alto. Y posiblemente nunca como ahora la opción de donarse completamente a Dios ha sido tomada libremente por un número tan elevado de personas. A pesar de las apariencias.
Los títulos de prensa de hoy han sido muy parecidos: “Vaticano: el celibato no se toca”, “El celibato no se discute”, “Sigue la ley del celibato”, “El Vaticano reafirma el valor y la vigencia del celibato de los sacerdotes”... El que más me ha llamado la atención es: “Ninguna apertura: el Vaticano dice no a los curas casados” (Il Giornale). La “apertura” es una cosa positiva y la “no apertura”, negativa. Según la lógica de ese titular, Homero debería haber escrito: “Ninguna apertura de Penélope: rechazados todos los pretendientes”. Estoy seguro de que el pobre Ulises no estaría de acuerdo.


Sería importante que algún medio de prensa católico (o no) señalara que nunca en la tradición de la Iglesia se casaron los sacerdotes. Sí se ordenaron casados, como sucede hoy en el rito oriental y también con los sacerdotes anglicanos que se pasaron al catolicismo y tuvieron que ser ordenados, porque su ordenación en el anglicanismo era inválida al haber perdido la sucesión apostólica.
"La Iglesia ordena casados, no casa ordenados": este es el principio que debe quedar claro para entender adónde podría llegar la supuesta apertura que algunos esperan en la Iglesia Católica.
De ahí que la Iglesia reafirme constantemente, por un lado el celibato como don del Espíritu Santo que fue madurando sobre todo en la concepción del sacerdote católico de rito romano, y por otro lado la imposibilidad de reincorporar al ministerio a aquellos que, habiendo sido ordenados sacerdotes primero, se casaron después.
Cabría la posibilidad, acorde a la tradición de la Iglesia, de que en algún momento se ordenara a los casados, por ejemplo a los diáconos permanentes. Aunque en este supuesto seguramente no podrían acceder al episcopado, como sucede con los sacerdotes casados en el rito oriental y en la Iglesia ortodoxa.
Publicado por: Gregorius Septimus | 18/11/2006 en 02:32 p.m.
La prensa se interesa por lo que pueda sonar a ruptura. Y le da abundante espacio. A veces, como en el caso que nos ocupa, no se ofrece todo el contexto porque si se ofreciera no habría noticia... Gracias por la síntesis que haces.
Publicado por: dc | 22/11/2006 en 06:05 p.m.