El Papa podría firmar antes de navidad un “motu proprio” para liberalizar el uso de la misa tridentina de los actuales meandros burocráticos, según explica meticulosamente Marco Tosatti en La Stampa. El corresponsal en el Vaticano del diario torinés precisa que no se trata de “autorizar la misa en latín”, pues esta se puede celebrar sin problemas con el rito nacido tras el concilio Vaticano II: lo específico del posible decreto pontificio es facilitar que se pueda celebrar -con más amplitud que ahora- la misa que sigue el rito liturgico anterior al Vaticano II (que es en latín, pero no el único posible en latín).
Esta precisación es útil porque en numerosas informaciones se da a entender que lo que se “libera” es el latín. A la pobre lengua muerta se le atribuyen además connotaciones tradicionalistas. “Recuperando la misa en latín –afirma The Times-, el Papa Benedicto está mostrando que sus simpatías están del lado de los conservadores en la Iglesia católica”. ¿Es el latín de derechas? Si así fuera, plantearía algunos problemas porque son en latín los lemas de la Unión Europea (“In varietate concordia“) y de Estados Unidos (“E pluribus unum”). Para evitar discusiones linguísticas, Suiza se sigue llamando oficialmente con el nombre latino: “Confederatio Helvetica” (de ahí el CH de las matrículas de los coches)... e incluso los libros de Harry Potter se traducen al latin.
La confusión viene, desde luego, por las preferencias de los tradicionalistas de Lefebvre por la misa tridentina y el latín. Pero hay que recordar que las divergencias no se limitan a la cuestión litúrgica, tal vez el aspecto más conocido, sino que radican en la mentalidad de fondo. Para los seguidores de Lefebvre, los problemas internos de la Iglesia no se deben a una equivocada aplicación del Vaticano II, sino que el obstáculo es el mismo concilio, especialmente lo relacionado con la libertad religiosa, el ecumenismo y la reforma litúrgica. Tal vez la dificultad para aceptar las enseñanzas del Vaticano II proceden, en buena medida, de que tienden a interpretar la tradición de la Iglesia identificándola con alguna de sus manifestaciones históricas.


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