En el hemisferio norte estamos en verano y ya se sabe que en esta época del año proliferan las noticias ligeras. Entre ellas, no faltan las de las vacaciones de los famosos, con su buena dosis de frivolidad. Por eso mismo, me ha llamado más la atención una información que publica La Repubblica (24 de julio), que yo no había visto hasta que me la hizo notar un amigo. Se trata del relato de cómo un sacerdote, don Vito, acompañado por otras personas del movimiento “Pro Sanctitate”, ha montado un “kiosco” en una ciudad playera italiana, Pescara, en el que ofrece adoración a la eucaristía y confesión.
Reproduzco un párrafo del texto: “Ocurren cosas extrañas en la noche de Pescara. Kilómetros de pizzerías, salas de juegos, trattorías y pub con la música a toda mecha y después, de repente, aquellas antorchas y aquel cura vestido de cura. Hay quien se pasa el helado de la mano derecha a la izquierda para santiguarse. Quien se para de golpe y dice ‘mamma mia’ y se vuelve para atrás. Hay quien se acerca poco a poco, mira al sacerdote y a la Eucaristía, y pregunta: ‘Pero, ¿son de verdad?’ Un pequeño altavoz asegura a los que dudan: ‘Padre nuestro. Ave María’. Y entonces hay quien se para y se arrodilla. Otros acuden a don Vito para la confesión. ‘Hay quien sigue adelante –dice el sacerdote- pero después, como roído por remordimiento, vuelve hacia atrás. Me dice que no sabe si quiere confesarse o no, de momento quiere hablar. Después, casi todos piden el perdón de los pecados.’”
No sé hasta qué punto el relato está novelado o no. Tampoco sé si la iniciativa del sacerdote es tan exitosa como aparece en la información. En todo caso, lo que más me llama la atención es cómo un tema tan exquisitamente religioso (aquí no hay política, ni poder, ni polémica, sino confesion y eucaristia) puede aparecer con naturalidad en las páginas de un periódico “laico”. Y además, resultar interesante.









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