El diario madrileño El País ha dedicado dos editoriales a la visita a España de Benedicto XVI, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias. No está mal, si se piensa que la estancia duró apenas 26 horas y que en la misa final hubo “muchos, pero no tantos” (según titula una de sus informaciones del evento). Aunque otros diarios han dedicado también una extraordinaria atención a la presencia del Papa en Valencia, limito este comentario al diario madrileño, en cuanto que reconocido portavoz de la posición del gobierno de Rodríguez Zapatero.
En esos dos editoriales (del 8 de julio y 10 de julio) hay algunos elementos interesantes. Destaco estos:
-una abierta alabanza hacia el Papa y un duro ataque a los obispos españoles, que no han entendido todavía que vivimos en una sociedad pluralista y que no pueden imponer a los demás sus propias creencias. Tal vez la alabanza al Papa sea en buena medida instrumental, para contraponerlo a los obispos.
-el afán por circunscribir lo que es el matrimonio entre hombre y mujer (tal como lo ha practicado, lo practica y lo practicará la inmensa mayoría del género humano, al margen de la raza y la religión) a una cuestión católica. A ese matrimonio se le define como “matrimonio tradicional” o como el “modelo católico de matrimonio”. Es decir, sería una opción entre otros muchas: una opción incluso minoritaria, a juzgar por el modo en que se refieren a ella.
-exégesis de la acción del gobierno en “sus leyes de corte social”, que se mencionan de modo aséptico como “las bodas gays y a la agilización de los trámites de divorcio”. (Bodas gays y matrimonio homosexual está siempre escrito sin comillas, para acentuar su carácter de plena aceptación y normalidad. Sí usan comillas, sin embargo, cuando describen que “la visita tuvo como estandarte la defensa sin ambages del matrimonio “indisoluble” entre hombre y mujer”).
Lo que no dicen esos editoriales es que el periódico hace tiempo que no se dedica simplemente a informar, sino que ha tomado partido en lo que considera una importante batalla ideológica. No es que existan simplemente “otros modelos de matrimonio, además del católico”, sino que El País los apoya y abandera con un entusiasmo y una constancia que hacen palidecer al catequista más celante. En esta misma página hemos citado algunos ejemplos recientes (ver aquí y aquí). Desde luego, nadie impide a un periódico que batalle por esas causas. El problema es que juega la baza de aparecer como un observador imparcial cuando en realidad es uno de los sujetos más activos en esa batalla ideológica.


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