Afirmar que The New York Times es un diario abiertamente favorable al aborto no es revelar ningún secreto. Basta con leerlo. La diferencia con otros periódicos europeos que sostienen la misma línea es que, al menos, el diario norteamericano ofrece (moderado) espacio a puntos de vista diferentes. Las razones de este modo de actuar pueden ser, para algunos, más bien farisaicas, pero el hecho es ese.
Esto viene a cuento de un artículo publicado en el Magazine dominical del diario hace ya unas semanas (25 de junio), pero que acabo de descubrir ahora. En “Confesión de elección” [“Confession of Choice”], Kathryn Rhett cuenta su historia personal: cómo descubrió con horror que estaba embarazada de su tercer hijo (no deseado) a la edad de cuarenta años. Relata que estuvo a punto de abortar, como ya hizo cuando se quedó embarazada siendo estudiante universitaria. Si lo hubiera hecho nadie se habría enterado, como tampoco entonces... Pero al final, de acuerdo con su marido, decidió tenerlo. “Y no hay momento más dulce que cuando pelamos una naranja juntos , o cuando me agarra la mano y señala el sofá. ‘¿Quieres abrazar?’, dice, y lo hacemos, sus brazos en torno a mi cuello; los dos tan felices”.
Sin pretender darle más importancia que la que tiene, el artículo me parece significativo porque indica una realidad: que la famosa Elección, el Pro-Choice, supone también elegir no abortar, querer tener el niño. No sé si es que en Estados Unidos ya están un poco de vuelta de la retórica-años-setenta, pero pienso que un artículo de este tipo sería difícil encontrar en nuestros doctrinarios Le Monde, The Guardian, El País e incluso La Repubblica o Corriere della Sera.

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