Hoy también hay dosis de “El Código Da Vinci”, pero en vez de volver a las críticas de la película, resulta más interesante ver cómo la firma habitual de temas religiosos del diario italiano il manifesto (que se autoproclama con orgullo “quotidiano comunista”) analiza la estrategia de comunicación adoptada ante este caso por la Iglesia católica (el diario escribe siempre “iglesia”, con minúscola: se supone que eso es lo que tiene que hacer un cotidiano comunista coherente).
En un artículo publicado en il manifesto de hoy (18 de mayo), Mimmo de Cillis alaba (sin decirlo demasiado explicitamente) el modo de actuar de la Iglesia, un planteamiento que hace “descender de Ratzinger en persona, gran inspirador de una estrategia con la que se evitaba el despertar de los ‘cristianismos profundos’, de ánimo integrista”. Teniendo presente la ideología del periódico es comprensible que ante el caso “Da Vinci” se piense que han existido directivas emanadas desde Roma a todo el mundo: “de los vértices del Vaticano ha partido la orden de adoptar reacciones firmes, medidas y, sobre todo, argumentadas”. Es una interpretación de tipo “soviético”, que poco tiene que ver con la realidad compleja de la Iglesia católica. La verdad es que el elevado nivel de unidad en la respuesta no es fruto de consignas sino de compartir una misma visión.
Pero no le falta razón al autor en el fondo de su argumentación: no se han levantado barricadas, sino que se ha respondido con la revisión crítica, con la reflexión. “Desde hace por lo menos dos años la publicística católica se había puesto en marcha para rechazar todas las acusaciones y ambiguedades contenidas en la novela (...). En definitiva, la iglesia [respeto su minúscola] no se había limitado a mirar y se había preparado para defenderse ya en los tiempos de la publicación de la novela; hoy, para el film, el esfuerzo de comunicación se ha potenciado, con resultados que ya se valoran como positivos”.


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