Benedicto XVI invitó hace unos días a “los políticos y legisladores a salvaguardar los derechos de la familia”. Advirtió que en nuestra “época no faltan quienes buscan una nueva definición del matrimonio para legalizar uniones homosexuales, atribuyéndoles incluso el derecho de adopción de hijos”. Dicho por un Papa no parecen palabras particularmente agresivas ni una muestra de intromisión en cuestiones políticas. Benedicto XVI hablaba de antropología y ética a los participantes en un congreso internacional sobre matrimonio y familia.
Pero todo depende del momento político. Como en Italia (por fin) se está formando gobierno, después de la modesta victoria de la coalición de centro izquierda, unos y otros han usado las palabras del Papa en su propio beneficio. El centro derecha dice que la Iglesia “está preocupada por el gobierno de centro izquierda”, mientras que el centro izquierda sostiene que existe “una ingerencia cada vez más frecuente de la jerarquía eclesiástica” e incluso que “el Papa quiere hacer caer el gobierno”. Aunque esas afirmaciones proceden de figuras de segundo plano de ambos lados, la polémica tuvo cierto eco en la prensa.
Pero lo que llama la atención es que en esos mismos días el cardenal italiano Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, volvió a insistir públicamente en que el gobierno italiano debería conceder una amnistía. A pesar de que se trataba de una ingerencia mucho más clara (una genérica referencia a la "clemencia"), en este caso nadie se rasgó las vestiduras ni se habló de intromisión de la Iglesia en cuestiones políticas. Es más, cuanto más a la izquierda más favor encontraron las palabras “claras y llenas de sabiduría” del purpurado (ver el diario Liberazione, órgano de Refundación Comunista). Resumen: se vuelve a comprobar que, en general, se habla de ingerencia política de la Iglesia cuando la afirmación criticada no coincide con los propios gustos.


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