The Washington Post (29 de marzo) ha investigado algunos de los motivos por los que jóvenes norteamericanos abrazan el sacerdocio o la vida religiosa. La conclusión es que el aspecto que más les atrae es comprobar la alegría con la que esas personas viven su vocación. "Monjas y sacerdotes parecen realmente felices comparados con los adultos que siguen otros caminos en la vida", sintetiza el reportero del diario norteamericano.
El reportaje cita los esfuerzos de la Iglesia católica en Estados Unidos por presentar la vocación sacerdotal o religiosa como una aventura atractiva, enterrando el estereotipo de una vida aburrida. Los frutos de esa labor de promoción tardan a veces décadas en llegar. De hecho, la media de edad con que los sacerdotes en Estados Unidos reciben la ordenación ha crecido: en la actualidad está más cerca de los cuarenta años que de los treinta. Las monjas muestran la misma tendencia: toman el hábito en torno a los treinta años. Se trata, por tanto, de personas que tiene ya experiencia de la vida.
En ocasiones, la decisión de ir al seminario crea problemas ambientales. Un seminarista, por ejemplo, relata al periódico que la gente –tomando pie de los escándalos de los que hablaba la prensa- empezó a llamarle pedófilo, homosexual... "Por fortuna, añade, mi vida de oración era firme, así que acepté esas persecuciones y recé por los responsables". El artículo no se adentra más, pero consigue ofrecer una perspectiva de lo que es la vocación que supera la mera sociología.


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