Los "vaticanistas", que configuran una categoría periodística superior a la media, por profesionalidad y nivel cultural, están un poco desesperados. Benedicto XVI no ofrece muchas pistas sobre las cuestiones que se están "cociendo" en el Palacio Apostólico Vaticano. A diferencia de Juan Pablo II, no existe aquel flujo de personas que entra y sale, ya sean huéspedes en el desayuno, comida y cena, o bien amigos polacos de antigua memoria ... Con el estilo de Benedicto XVI no hay espacio para los rumores y las filtraciones. Nadie sabe nada sobre posibles nombramientos, ni sobre la reforma de la Curia Romana, que para algunos era inminente. De la futura encíclica se ha sabido algo porque se encuentra en fase de traducción y ha pasado ya por muchas manos.
En ese panorama de poca "trastienda", resulta interesante la primicia que publica La Stampa (13 de enero). Marco Tosatti revela que Benedicto XVI ha realizado en las últimas semanas algunas escapadas a su antiguo apartamento. Vestido de sotana negra y tocado con la boina que usaba antes de ser elegido Papa, Ratzinger ha pasado varias horas en la casa de la plaza de Città Leonina. Las hipótesis son dos: que esté trabajando allí los papeles atrasados que tenía de cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o bien que esté seleccionando con calma los libros que se llevará al apartamento pontificio, una vez que concluyeron las reformas.


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