Continuando con el tema del post precedente, leo ahora el texto completo del discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana, con motivo de las fiestas de navidad (22 de diciembre). La tradición quiere que sea un discurso particularmente extenso en el que los Papas suelen hacer un balance del año. En esta primera ocasión, hizo referencias a la muerte de Juan Pablo II, al año de la Eucaristía, a la Jornada Mundial de la Juventud y –con más brevedad- a su propia elección (“una tarea que estaba totalmente al margen de lo que nunca podía haber imaginado como mi vocación”). Pero la parte más importante del discurso la dedicó al concilio Vaticano II, del que se acaba de cumplir el cuarenta aniversario de su conclusión.
El Papa comenta que los problemas en las recepción del concilio nacieron de la confrontación de dos hermenéuticas (interpretaciones): la “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”, y la “hermenéutica de la reforma, de la renovación en la continuidad”. La primera sostiene que los textos del concilio fueron fruto del compromiso y que lo importante es el “espíritu” de concilio, no lo que dicen los documentos. Esto plantea, entre otros, el problema de que la definición de ese espíritu deja un amplio margen a la arbitrariedad.
Benedicto XVI sostiene la otra interpretación. Siguiendo a Juan XXIII y Pablo VI, afirma que el concilio debía presentar la verdad permanente de la fe cristiana al mundo actual. Lo que se pedía al Vaticano II era definir de modo nuevo tres esferas de las relaciones entre la fe de la Iglesia y algunos elementos esenciales del pensamiento moderno. Concretamente:
-las relaciones entre ciencia y fe,
-entre la Iglesia y el Estado moderno, y
-entre la fe cristiana y las religiones del mundo.
En esos tres campos, el concilio hizo propuestas nuevas, que es necesario profundizar, pero que están en continuidad con los principio de la fe. El Papa subraya que es esencial distinguir entre elementos contingentes (que dependen de la situación histórica) y elementos permanentes. El concilio “revisó e incluso corrigió algunas decisiones históricas” del pasado, provocadas por situaciones contingentes. Se produjo así una discontinuidad que fue solo aparente, ya que en realidad se presentaron “las exigencias del Evangelio con toda su grandeza y pureza”.
El texto es más interesante que el resumen que acabo de presentar. A la espera de una traducción en español, el discurso se puede leer en su versión original italiana. [Actualización: Aceprensa ofrece una amplia traducción de las referencias al Vaticano II en el discurso del Papa]


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