Los efectos demoledores de la mentira y las analogías entre el nihilismo (no hay verdad) y el fundamentalismo (te impongo mi verdad), son dos de las ideas centrales del primer mensaje de Benedicto XVI con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1 de enero de cada año.
El mensaje de 2006 se titula En la verdad, la paz y es un texto no muy extenso (ocupa unos veinte mil caracteres, espacios incluidos), que contiene un par de párrafor directamente aplicables a la actividad periodística. Como no son largos, los transcribo a continuación:
-La mentira produce efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones. “Baste pensar en todo lo que ha sucedido en el siglo pasado, cuando sistemas ideológicos y políticos aberrantes han tergiversado de manera programada la verdad y han llevado a la explotación y al exterminio de un número impresionante de hombres y mujeres, e incluso de familias y comunidades enteras. Después de tales experiencias, ¿cómo no preocuparse seriamente ante las mentiras de nuestro tiempo, que son como el telón de fondo de escenarios amenazadores de muerte en diversas regiones del mundo?”. (n. 5)
-“Tanto el nihilismo como el fundamentalismo mantienen una relación errónea con la verdad: los nihilistas niegan la existencia de cualquier verdad, los fundamentalistas tienen la pretensión de imponerla con la fuerza. Aun cuando tienen orígenes diferentes y sus manifestaciones se producen en contextos culturales distintos, el nihilismo y el fundamentalismo coinciden en un peligroso desprecio del hombre y de su vida y, en última instancia, de Dios mismo”. (n. 10)


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